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Arrependimento

Por Bíblia Online

O arrependimento é a porta da graça. A Bíblia declara que Deus não deseja a morte do ímpio, mas que se converta e viva. Arrependei-vos, pois o Reino dos Céus está próximo.

Chamado ao arrependimento

Arrependei-vos, porque o Reino dos Céus está próximo. Quem se arrepende e confessa encontra restauração e perdão.

Desde entonces comenzó Jesús a predicar: «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca».

Jesús llama a sus primeros discípulos

4:18-22 Mr 1:16-20; Lc 5:2-11; Jn 1:35-42

Produzcan frutos que demuestren arrepentimiento.

Pero vayan y aprendan qué significa esto: "Lo que pido de ustedes es misericordia y no sacrificios".Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.

Preguntan a Jesús sobre el ayuno

9:14-17 Mr 2:18-22; Lc 5:33-39

«Se ha cumplido el tiempo decía. El reino de Dios está cerca. ¡Arrepiéntanse y crean las buenas noticias!».

¡Les digo que no! De la misma manera, todos ustedes perecerán a menos que se arrepientan.

No he venido a llamar a justos, sino a pecadores para que se arrepientan.

Preguntan a Jesús sobre el ayuno

5:33-39 Mt 9:14-17; Mr 2:18-22

Arrepiéntase y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados les contestó Pedro, y recibirán el don del Espíritu Santo.

Por tanto, para que sean borrados sus pecados, arrepiéntanse y vuélvanse a Dios,

Pues bien, Dios pasó por alto aquellos tiempos de tal ignorancia, pero ahora manda a todos, en todas partes, que se arrepientan.

A graça do arrependimento

Os que eu amo, eu repreendo e disciplino. Arrepende-te! Deus não quer que nenhum se perca — mas que todos cheguem ao arrependimento.

»Yo reprendo y disciplino a todos los que amo. Por lo tanto, fervoroso y arrepiéntete.

El Señor no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan.

Yo no quiero la muerte de nadie. ¡Conviértanse y vivirán! Lo afirma el Señor y Dios.

si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra.

La celebración de la Pascua

Ezequías escribió cartas a todo Israel y Judá, incluyendo a las tribus de Efraín y Manasés, y se las envió, para que acudieran al templo del Señor en Jerusalén a celebrar la Pascua del Señor, Dios de Israel. El rey, los oficiales y toda la asamblea habían decidido celebrar la Pascua en el mes segundo. No pudieron hacerlo en la fecha correspondiente porque muchos de los sacerdotes aún no se habían consagrado y el pueblo no se había reunido en Jerusalén. Como la propuesta les agradó al rey y a la asamblea, acordaron pregonar por todo Israel, desde Dan hasta Berseba, que todos debían acudir a Jerusalén para celebrar la Pascua del Señor, Dios de Israel, pues muchos no la celebraban como está ordenado.

Los mensajeros salieron por todo Israel y Judá con las cartas del rey y de sus oficiales, y de acuerdo con la orden del rey iban proclamando:

«Israelitas, vuélvanse al Señor, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, para que él se vuelva al remanente de ustedes, que escapó del poder de los reyes de Asiria. No sean como sus antepasados ni como sus hermanos, que se rebelaron contra el Señor, Dios de sus antepasados. Por eso él los entregó a la ruina, como ahora lo pueden ver. No sean tercos como sus antepasados. Sométanse al Señor y entren en su santuario, que él consagró para siempre. Sirvan al Señor su Dios para que él retire su ardiente ira. Si se vuelven al Señor, sus hermanos y sus hijos serán tratados con benevolencia por aquellos que los tienen cautivos, y podrán regresar a esta tierra. El Señor su Dios es misericordioso y compasivo. Si ustedes se vuelven a él, jamás los abandonará».

Los mensajeros recorrieron toda la región de Efraín y Manasés de ciudad en ciudad, hasta llegar a la región de Zabulón; pero la gente se reía y se burlaba de ellos. No obstante, algunos de las tribus de Aser, Manasés y Zabulón se humillaron y fueron a Jerusalén. También los habitantes de Judá, movidos por Dios, cumplieron unánimes la orden del rey y de los oficiales, conforme a la palabra del Señor.

En el mes segundo, una inmensa muchedumbre se reunió en Jerusalén para celebrar la fiesta de los Panes sin levadura. Quitaron los altares que había en Jerusalén y los altares donde se quemaba incienso y los arrojaron al arroyo de Cedrón.

El día catorce del mes segundo celebraron la Pascua. Los sacerdotes y los levitas, compungidos, se consagraron y llevaron holocaustos al templo del Señor, después de lo cual ocuparon sus respectivos puestos, conforme a lo ordenado en la Ley de Moisés, hombre de Dios. Los levitas entregaban la sangre a los sacerdotes y estos la rociaban. Como muchos de la asamblea no se habían consagrado al Señor, para llevarlo a cabo los levitas tuvieron que matar por ellos los corderos de la Pascua. En efecto, mucha gente de Efraín, de Manasés, de Isacar y de Zabulón participó de la comida pascual sin haberse purificado, con lo que transgredieron la Ley. Pero Ezequías oró así a favor de ellos: «Perdona, buen Señor, a todo el que se ha empeñado de todo corazón en buscarte a ti, Señor, Dios de sus antepasados, aunque no se haya purificado según las normas del santuario». Y el Señor escuchó a Ezequías y perdonó al pueblo.

Los israelitas que se encontraban en Jerusalén celebraron, con mucho gozo y durante siete días, la fiesta de los Panes sin levadura. Los levitas y los sacerdotes alababan al Señor todos los días y le entonaban cantos al son de sus instrumentos musicales.

Y Ezequías felicitó a los levitas que habían tenido una buena disposición para servir al Señor. Durante siete días celebraron la fiesta y participaron de la comida pascual, ofreciendo sacrificios de comunión y alabando al Señor, Dios de sus antepasados.

Pero toda la asamblea acordó prolongar la fiesta siete días más, y llenos de gozo celebraron esos siete días. Ezequías, rey de Judá, le obsequió a la asamblea mil novillos y siete mil ovejas y cabras; también los oficiales regalaron mil terneros y diez mil ovejas y cabras. Y muchos más sacerdotes se consagraron. Toda la asamblea de Judá estaba alegre, lo mismo que todos los sacerdotes, levitas y extranjeros que habían llegado de Israel, así como los que vivían en Judá. Desde la época de Salomón, hijo de David, rey de Israel, no se había celebrado en Jerusalén una fiesta como esa. Después los sacerdotes y los levitas se pusieron de pie y bendijeron al pueblo, y Dios los escuchó. Su oración llegó hasta el cielo, el santo lugar donde Dios habita.

Rásguense el corazón

y no las vestiduras.

Vuélvanse al Señor su Dios,

porque él es misericordioso y compasivo,

lento para la ira y lleno de amor;

cambia de parecer y no castiga.

Llamado a volver al Señor

En el mes octavo del segundo año del reinado de Darío, la palabra del Señor vino al profeta Zacarías, hijo de Berequías y nieto de Idó:

«El Señor está ardiendo en ira contra los antepasados de ustedes. Por lo tanto, advierte al pueblo que así dice el Señor de los Ejércitos:

»"Vuélvanse a ,

y yo me volveré a ustedes",

afirma el Señor de los Ejércitos.

»"No sean como sus antepasados,

a quienes les proclamaron

los antiguos profetas

que así dice el Señor de los Ejércitos:

Vuélvanse de sus malos caminos

y de sus malas prácticas.

Porque ellos no me obedecieron

ni me prestaron atención",

afirma el Señor.

»"¿Dónde están los antepasados de ustedes?

¿Acaso los profetas vivirán para siempre?

¿No se cumplieron en sus antepasados

las palabras y los estatutos

que a mis siervos los profetas

ordené comunicarles?

»"Entonces ellos se volvieron al Señor y dijeron: El Señor de los Ejércitos nos ha tratado tal y como había decidido hacerlo: conforme a lo que merecen nuestros caminos y nuestras acciones’ "».

El hombre entre los arrayanes

En el segundo año del reinado de Darío, en el día veinticuatro del mes de sebat, que es el mes undécimo, la palabra del Señor vino al profeta Zacarías, hijo de Berequías y nieto de Idó: una noche tuve una visión, en la que vi a un hombre montado en un caballo rojo. Ese hombre se detuvo entre los arrayanes que había en una hondonada. Detrás de él había jinetes en caballos rojos, marrones y blancos. Yo le pregunté: «¿Qué significan estos jinetes, mi señor?». El ángel que hablaba conmigo me respondió: «Voy a explicarte lo que significan». Y el hombre que estaba entre los arrayanes me dijo: «El Señor ha enviado estos jinetes a recorrer la tierra».

Los jinetes informaron al ángel del Señor que estaba entre los arrayanes: «Hemos recorrido toda la tierra. Por cierto, la encontramos tranquila y en paz». Ante esto, el ángel del Señor respondió: «Señor de los Ejércitos, ¿hasta cuándo te negarás a compadecerte de Jerusalén y de las ciudades de Judá con las que has estado enojado estos setenta años?».

El Señor le respondió con palabras buenas y consoladoras al ángel que hablaba conmigo. Luego el ángel me dijo: «Proclama este mensaje de parte del Señor de los Ejércitos:

»"Mi amor por Jerusalén y por Sion

me hace sentir celos por ellas.

En cambio, estoy lleno de ira

con las naciones engreídas.

Mi enojo era poco,

pero ellas lo agravaron".

»Por lo tanto, así dice el Señor:

"Volveré a compadecerme de Jerusalén.

Allí se reconstruirá mi templo

y se extenderá el cordel de medir sobre Jerusalén",

afirma el Señor de los Ejércitos.

»Proclama además lo siguiente de parte del Señor de los Ejércitos:

»"Otra vez mis ciudades rebosarán de bienes,

otra vez el Señor consolará a Sion,

otra vez escogerá a Jerusalén"».

Los cuatro cuernos y cuatro herreros

Alcé la vista y vi ante cuatro cuernos. Le pregunté entonces al ángel que hablaba conmigo: «¿Qué significan estos cuernos?». Y el ángel me respondió: «Estos cuernos son los poderes que dispersaron a Judá, a Israel y a Jerusalén».

Luego el Señor me mostró cuatro herreros. Le pregunté: «¿Y estos qué han venido a hacer?». Me respondió: «Los cuernos son los poderes que dispersaron a Judá, a tal punto que nadie pudo volver a levantar la cabeza. Los herreros han venido para aterrorizarlos y deshacer el poder de las naciones que levantaron su cuerno contra la tierra de Judá y dispersaron a sus habitantes».

Quien encubre su pecado jamás prospera;

quien lo confiesa y lo deja, alcanza la misericordia.

¡Respondan a mis reprensiones!

Yo les compartiré mis pensamientos

y les daré a conocer mis enseñanzas.

Confissão e restauração

Se confessarmos, Ele é fiel e justo. Há alegria no céu por um pecador que se arrepende — o arrependimento abre o caminho da vida.

Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad.

Les digo que así es también en el cielo: habrá más alegría por un solo pecador que se arrepienta que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse.

Les digo que así mismo se alegran los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.

Acérquense a Dios y él se acercará a ustedes. ¡Pecadores, límpiense las manos! ¡Ustedes, los indecisos, purifiquen su corazón!

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