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Conversão

Por Bíblia Online

A conversão é o ato de se voltar para Deus — arrependendo-se do pecado e abraçando a graça. É o início de uma vida nova, transformada pelo amor de Cristo.

Arrependei-vos

Arrependei-vos e convertei-vos para que os vossos pecados sejam apagados. A conversão começa com a mudança de mente e coração.

Por tanto, para que sean borrados sus pecados, arrepiéntanse y vuélvanse a Dios,

Arrepiéntase y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados les contestó Pedro, y recibirán el don del Espíritu Santo.

Pues bien, Dios pasó por alto aquellos tiempos de tal ignorancia, pero ahora manda a todos, en todas partes, que se arrepientan.

Desde entonces comenzó Jesús a predicar: «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca».

Jesús llama a sus primeros discípulos

4:18-22 Mr 1:16-20; Lc 5:2-11; Jn 1:35-42

Produzcan frutos que demuestren arrepentimiento.

«Se ha cumplido el tiempo decía. El reino de Dios está cerca. ¡Arrepiéntanse y crean las buenas noticias!».

O amor de Deus converte

Céu se alegra por um pecador que se arrepende. Deus não deseja a morte do ímpio, mas que se converta e viva.

Les digo que así es también en el cielo: habrá más alegría por un solo pecador que se arrepienta que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse.

Les digo que así mismo se alegran los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.

No he venido a llamar a justos, sino a pecadores para que se arrepientan.

Preguntan a Jesús sobre el ayuno

5:33-39 Mt 9:14-17; Mr 2:18-22

Yo no quiero la muerte de nadie. ¡Conviértanse y vivirán! Lo afirma el Señor y Dios.

»Pero, si el malvado se arrepiente de todos los pecados que ha cometido, obedece todos mis estatutos y practica el derecho y la justicia, no morirá;

La responsabilidad personal

La palabra del Señor vino a y me dijo: «¿A qué viene tanta repetición de este proverbio tan conocido en Israel:

»"Los padres comieron uvas agrias

y a los hijos les duelen los dientes?".

»Tan cierto como que yo vivo, declara el Señor y Dios, jamás se volverá a repetir este proverbio en Israel. La persona que peque morirá. Sepan que todas las vidas me pertenecen, tanto la del padre como la del hijo.

»Supongamos que hay un hombre justo

que practica el derecho y la justicia.

No come en los santuarios de los montes

ni eleva plegarias a los ídolos de Israel.

No deshonra a la mujer de su prójimo

ni se une a la mujer en los días de su menstruación.

No oprime a nadie ni roba;

más bien, devuelve la prenda al deudor,

da de comer al hambriento y viste al desnudo.

No presta dinero con usura

ni exige intereses.

Se abstiene de hacer el mal

y juzga imparcialmente entre los rivales.

Obedece mis estatutos

y cumple fielmente mis leyes.

Tal persona es justa y,

ciertamente, vivirá,

afirma el Señor y Dios.

»Supongamos que esa persona tiene un hijo violento y homicida (aunque su padre no hizo ninguna de esas cosas).

»Él participa de los banquetes idolátricos en los cerros

y deshonra a la mujer de su prójimo.

Oprime al pobre y al indigente;

roba y no devuelve la prenda al deudor.

Eleva plegarias a los ídolos

e incurre en actos abominables;

presta dinero con usura y exige intereses.

¿Tal hijo merece vivir? ¡Claro que no! Por haber cometido todas esas abominaciones, será condenado a muerte y, de su muerte, solo él será responsable.

»Supongamos que ese hijo podría a su vez tener un hijo que ve todos los pecados de su padre, pero no los imita.

»No participa de los banquetes idolátricos en los cerros

ni eleva plegarias a los ídolos de Israel.

Tampoco deshonra a la mujer de su prójimo.

No oprime a nadie

y devuelve la prenda al deudor.

No roba, da de comer al hambriento

y viste al desnudo.

No maltrata al pobre

ni presta dinero con usura ni exige intereses.

Cumple mis leyes y obedece mis estatutos.

Un hijo así no merece morir por la maldad de su padre; ¡merece vivir! En cuanto a su padre, merece morir por su propio pecado, porque fue un opresor, robó a su prójimo e hizo lo malo en medio de su pueblo.

»Pero ustedes preguntan: "¿Por qué no carga el hijo con las culpas de su padre?". ¡Porque el hijo era justo y recto, pues obedeció mis estatutos y los puso en práctica! ¡Tal hijo merece vivir! La persona que peque morirá. Ningún hijo cargará con la culpa de su padre ni el padre con la del hijo. Al justo se le pagará con justicia y al malvado se le pagará con maldad.

»Pero, si el malvado se arrepiente de todos los pecados que ha cometido, obedece todos mis estatutos y practica el derecho y la justicia, no morirá; vivirá por haber actuado con justicia, y Dios no tomará en cuenta todos los pecados que ese malvado haya cometido. ¿Acaso creen que me complace la muerte del malvado? ¿No quiero más bien que abandone su mala conducta y que viva? Yo, el Señor y Dios, lo afirmo.

»Si el justo se aparta de la justicia y hace lo malo y comete todas las abominaciones del malvado, ¿merece vivir? No, sino que morirá por causa de su infidelidad y de sus pecados, y no se tomará en cuenta ninguna de sus obras justas.

»Ustedes dicen: "No es justo el proceder del Señor". Pero escucha, pueblo de Israel: ¿en qué no soy justo? ¿No son ustedes los que actúan injustamente? Si el justo se aparta de su justicia, cae en la maldad y muere, pero muere a causa de su maldad. Por otra parte, si el malvado deja de hacer lo malo y actúa con justicia y rectitud, salvará su vida. Si recapacita y se aparta de todas sus maldades, no morirá, sino que vivirá. Sin embargo, el pueblo de Israel anda diciendo: "No es justo el proceder del Señor". Pueblo de Israel, ¿en qué soy injusto? ¿No son más bien ustedes los injustos?

»Por tanto, a cada uno de ustedes, los israelitas, los juzgaré según su conducta, afirma el Señor y Dios. Arrepiéntanse y apártense de todas sus maldades y el pecado no será piedra de tropiezo. Arrojen de una vez por todas las maldades que cometieron contra y adquieran un corazón y un espíritu nuevos. ¿Por qué habrás de morir, pueblo de Israel? Yo no quiero la muerte de nadie. ¡Conviértanse y vivirán! Lo afirma el Señor y Dios.

El Señor no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan.

Transformação

Voltai-vos para mim e sereis salvos! Rasgai o coração e não as vestes. A verdadeira conversão transforma o interior.

Que abandone el malvado su camino

y el perverso sus pensamientos.

Que se vuelva al Señor, a nuestro Dios,

que es generoso para perdonar

y de él recibirá compasión.

Como si fuera una nube he borrado tus transgresiones

y tus pecados, como la bruma de la mañana.

Vuelve a ,

que te he redimido».

Exhortación al arrepentimiento

«Ahora bien», afirma el Señor,

«vuélvanse a de todo corazón,

con ayuno, llantos y lamentos».

Rásguense el corazón

y no las vestiduras.

Vuélvanse al Señor su Dios,

porque él es misericordioso y compasivo,

lento para la ira y lleno de amor;

cambia de parecer y no castiga.

si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra.

La celebración de la Pascua

Ezequías escribió cartas a todo Israel y Judá, incluyendo a las tribus de Efraín y Manasés, y se las envió, para que acudieran al templo del Señor en Jerusalén a celebrar la Pascua del Señor, Dios de Israel. El rey, los oficiales y toda la asamblea habían decidido celebrar la Pascua en el mes segundo. No pudieron hacerlo en la fecha correspondiente porque muchos de los sacerdotes aún no se habían consagrado y el pueblo no se había reunido en Jerusalén. Como la propuesta les agradó al rey y a la asamblea, acordaron pregonar por todo Israel, desde Dan hasta Berseba, que todos debían acudir a Jerusalén para celebrar la Pascua del Señor, Dios de Israel, pues muchos no la celebraban como está ordenado.

Los mensajeros salieron por todo Israel y Judá con las cartas del rey y de sus oficiales, y de acuerdo con la orden del rey iban proclamando:

«Israelitas, vuélvanse al Señor, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, para que él se vuelva al remanente de ustedes, que escapó del poder de los reyes de Asiria. No sean como sus antepasados ni como sus hermanos, que se rebelaron contra el Señor, Dios de sus antepasados. Por eso él los entregó a la ruina, como ahora lo pueden ver. No sean tercos como sus antepasados. Sométanse al Señor y entren en su santuario, que él consagró para siempre. Sirvan al Señor su Dios para que él retire su ardiente ira. Si se vuelven al Señor, sus hermanos y sus hijos serán tratados con benevolencia por aquellos que los tienen cautivos, y podrán regresar a esta tierra. El Señor su Dios es misericordioso y compasivo. Si ustedes se vuelven a él, jamás los abandonará».

Los mensajeros recorrieron toda la región de Efraín y Manasés de ciudad en ciudad, hasta llegar a la región de Zabulón; pero la gente se reía y se burlaba de ellos. No obstante, algunos de las tribus de Aser, Manasés y Zabulón se humillaron y fueron a Jerusalén. También los habitantes de Judá, movidos por Dios, cumplieron unánimes la orden del rey y de los oficiales, conforme a la palabra del Señor.

En el mes segundo, una inmensa muchedumbre se reunió en Jerusalén para celebrar la fiesta de los Panes sin levadura. Quitaron los altares que había en Jerusalén y los altares donde se quemaba incienso y los arrojaron al arroyo de Cedrón.

El día catorce del mes segundo celebraron la Pascua. Los sacerdotes y los levitas, compungidos, se consagraron y llevaron holocaustos al templo del Señor, después de lo cual ocuparon sus respectivos puestos, conforme a lo ordenado en la Ley de Moisés, hombre de Dios. Los levitas entregaban la sangre a los sacerdotes y estos la rociaban. Como muchos de la asamblea no se habían consagrado al Señor, para llevarlo a cabo los levitas tuvieron que matar por ellos los corderos de la Pascua. En efecto, mucha gente de Efraín, de Manasés, de Isacar y de Zabulón participó de la comida pascual sin haberse purificado, con lo que transgredieron la Ley. Pero Ezequías oró así a favor de ellos: «Perdona, buen Señor, a todo el que se ha empeñado de todo corazón en buscarte a ti, Señor, Dios de sus antepasados, aunque no se haya purificado según las normas del santuario». Y el Señor escuchó a Ezequías y perdonó al pueblo.

Los israelitas que se encontraban en Jerusalén celebraron, con mucho gozo y durante siete días, la fiesta de los Panes sin levadura. Los levitas y los sacerdotes alababan al Señor todos los días y le entonaban cantos al son de sus instrumentos musicales.

Y Ezequías felicitó a los levitas que habían tenido una buena disposición para servir al Señor. Durante siete días celebraron la fiesta y participaron de la comida pascual, ofreciendo sacrificios de comunión y alabando al Señor, Dios de sus antepasados.

Pero toda la asamblea acordó prolongar la fiesta siete días más, y llenos de gozo celebraron esos siete días. Ezequías, rey de Judá, le obsequió a la asamblea mil novillos y siete mil ovejas y cabras; también los oficiales regalaron mil terneros y diez mil ovejas y cabras. Y muchos más sacerdotes se consagraron. Toda la asamblea de Judá estaba alegre, lo mismo que todos los sacerdotes, levitas y extranjeros que habían llegado de Israel, así como los que vivían en Judá. Desde la época de Salomón, hijo de David, rey de Israel, no se había celebrado en Jerusalén una fiesta como esa. Después los sacerdotes y los levitas se pusieron de pie y bendijeron al pueblo, y Dios los escuchó. Su oración llegó hasta el cielo, el santo lugar donde Dios habita.

Llamado a volver al Señor

En el mes octavo del segundo año del reinado de Darío, la palabra del Señor vino al profeta Zacarías, hijo de Berequías y nieto de Idó:

«El Señor está ardiendo en ira contra los antepasados de ustedes. Por lo tanto, advierte al pueblo que así dice el Señor de los Ejércitos:

»"Vuélvanse a ,

y yo me volveré a ustedes",

afirma el Señor de los Ejércitos.

»"No sean como sus antepasados,

a quienes les proclamaron

los antiguos profetas

que así dice el Señor de los Ejércitos:

Vuélvanse de sus malos caminos

y de sus malas prácticas.

Porque ellos no me obedecieron

ni me prestaron atención",

afirma el Señor.

»"¿Dónde están los antepasados de ustedes?

¿Acaso los profetas vivirán para siempre?

¿No se cumplieron en sus antepasados

las palabras y los estatutos

que a mis siervos los profetas

ordené comunicarles?

»"Entonces ellos se volvieron al Señor y dijeron: El Señor de los Ejércitos nos ha tratado tal y como había decidido hacerlo: conforme a lo que merecen nuestros caminos y nuestras acciones’ "».

El hombre entre los arrayanes

En el segundo año del reinado de Darío, en el día veinticuatro del mes de sebat, que es el mes undécimo, la palabra del Señor vino al profeta Zacarías, hijo de Berequías y nieto de Idó: una noche tuve una visión, en la que vi a un hombre montado en un caballo rojo. Ese hombre se detuvo entre los arrayanes que había en una hondonada. Detrás de él había jinetes en caballos rojos, marrones y blancos. Yo le pregunté: «¿Qué significan estos jinetes, mi señor?». El ángel que hablaba conmigo me respondió: «Voy a explicarte lo que significan». Y el hombre que estaba entre los arrayanes me dijo: «El Señor ha enviado estos jinetes a recorrer la tierra».

Los jinetes informaron al ángel del Señor que estaba entre los arrayanes: «Hemos recorrido toda la tierra. Por cierto, la encontramos tranquila y en paz». Ante esto, el ángel del Señor respondió: «Señor de los Ejércitos, ¿hasta cuándo te negarás a compadecerte de Jerusalén y de las ciudades de Judá con las que has estado enojado estos setenta años?».

El Señor le respondió con palabras buenas y consoladoras al ángel que hablaba conmigo. Luego el ángel me dijo: «Proclama este mensaje de parte del Señor de los Ejércitos:

»"Mi amor por Jerusalén y por Sion

me hace sentir celos por ellas.

En cambio, estoy lleno de ira

con las naciones engreídas.

Mi enojo era poco,

pero ellas lo agravaron".

»Por lo tanto, así dice el Señor:

"Volveré a compadecerme de Jerusalén.

Allí se reconstruirá mi templo

y se extenderá el cordel de medir sobre Jerusalén",

afirma el Señor de los Ejércitos.

»Proclama además lo siguiente de parte del Señor de los Ejércitos:

»"Otra vez mis ciudades rebosarán de bienes,

otra vez el Señor consolará a Sion,

otra vez escogerá a Jerusalén"».

Los cuatro cuernos y cuatro herreros

Alcé la vista y vi ante cuatro cuernos. Le pregunté entonces al ángel que hablaba conmigo: «¿Qué significan estos cuernos?». Y el ángel me respondió: «Estos cuernos son los poderes que dispersaron a Judá, a Israel y a Jerusalén».

Luego el Señor me mostró cuatro herreros. Le pregunté: «¿Y estos qué han venido a hacer?». Me respondió: «Los cuernos son los poderes que dispersaron a Judá, a tal punto que nadie pudo volver a levantar la cabeza. Los herreros han venido para aterrorizarlos y deshacer el poder de las naciones que levantaron su cuerno contra la tierra de Judá y dispersaron a sus habitantes».

»Yo reprendo y disciplino a todos los que amo. Por lo tanto, fervoroso y arrepiéntete.

Por tanto, hagan morir todo lo que es propio de la naturaleza terrenal: inmoralidad sexual, impureza, bajas pasiones, malos deseos y avaricia, la cual es idolatría.

No ofrezcan los miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de injusticia; al contrario, ofrézcanse más bien a Dios como quienes han vuelto de la muerte a la vida, presentando los miembros de su cuerpo como instrumentos de justicia.

La ayuda mutua

Hermanos, si alguien es sorprendido en pecado, ustedes que son espirituales deben restaurarlo con una actitud humilde. Pero cuídese cada uno, porque también puede ser tentado.

Por esto, despójense de toda inmoralidad y de la maldad que tanto abunda, para que puedan recibir con humildad la palabra sembrada en ustedes, la cual tiene poder para salvarles.

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