Pular para o conteúdo
Publicidade

Conversão

Por Bíblia Online

A conversão é o ato de se voltar para Deus — arrependendo-se do pecado e abraçando a graça. É o início de uma vida nova, transformada pelo amor de Cristo.

Arrependei-vos

Arrependei-vos e convertei-vos para que os vossos pecados sejam apagados. A conversão começa com a mudança de mente e coração.

Por lo tanto, arrepiéntanse y vuélvanse a Dios, para que sus pecados les sean perdonados

Y Pedro les dijo: «Arrepiéntanse, y bautícense todos ustedes en el nombre de Jesucristo, para que sus pecados les sean perdonados. Entonces recibirán el don del Espíritu Santo.

Dios, que ha pasado por alto esos tiempos de ignorancia, ahora quiere que todos, en todas partes, se arrepientan.

Desde entonces Jesús comenzó a predicar, y decía: «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha acercado.»

Produzcan frutos dignos de arrepentimiento,

Decía: «El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado. ¡Arrepiéntanse, y crean en el evangelio!»

O amor de Deus converte

Céu se alegra por um pecador que se arrepende. Deus não deseja a morte do ímpio, mas que se converta e viva.

Les digo que así también será en el cielo: habrá más gozo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse.

Yo les digo a ustedes que el mismo gozo hay delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.»

Yo no he venido a llamar al arrepentimiento a los justos, sino a los pecadores.»

porque yo no quiero que ninguno de ustedes muera. Así que vuélvanse a , y vivirán.

Palabra de Dios el Señor.

Dios es justo

»Pero si el malvado da la espalda a todos los pecados que cometió, y cumple todos mis estatutos y actúa con apego al derecho y la justicia, no morirá, sino que vivirá.

El que peque morirá

La palabra del Señor vino a , y me dijo:

«Ustedes en la tierra de Israel acostumbran repetir aquel refrán que dice: "Los padres se comieron las uvas agrias, y a los hijos les dio la dentera." ¿En verdad lo creen?

Vivo yo, que ese refrán nunca más volverá a repetirse en Israel.

Palabra de Dios el Señor.

»Todos ustedes son míos. Lo mismo el padre que el hijo. Solo morirá quien peque. Nadie más.

El hombre justo es aquel que actúa con apego al derecho y la justicia,

que no come sobre los montes ni dirige la mirada a los ídolos del pueblo de Israel; que no viola a la mujer de su prójimo, ni tiene relaciones sexuales durante la menstruación de la mujer;

que no oprime a nadie, ni retiene la garantía del deudor, ni comete robo alguno; que comparte su pan con el hambriento, y cubre y viste al desnudo;

que no presta dinero por interés o por usura, y que se aleja de la maldad y es imparcial al juzgar entre hombre y hombre;

que sigue mis ordenanzas, cumple mis decretos y actúa con rectitud. Ese es un hombre justo, y ese hombre vivirá.

Palabra de Dios el Señor.

»Pero si ese hombre engendra un hijo ladrón, o asesino, o que incurre en alguna de estas cosas

pero no en otras, sino que come sobre los montes, o viola a la mujer de su prójimo,

u oprime al pobre y necesitado, o comete robos, o no devuelve la garantía, o dirige la mirada hacia los ídolos e incurre en actos repugnantes,

o presta dinero por interés y usura, ese hijo no merece vivir, y no vivirá. Por incurrir en todos estos actos repugnantes, tendrá que morir, y su muerte será culpa suya.

»Pero si este malvado engendra un hijo que, al ver todos los pecados que su padre cometió, no los imita

sino, por el contrario, no come sobre los montes, ni dirige la mirada a los ídolos del pueblo de Israel, ni viola a la mujer de su prójimo,

ni oprime a nadie, ni retiene la garantía, ni comete ningún robo, sino que comparte su pan con el hambriento, y cubre y viste al desnudo,

y se aparta del mal, y no cobra interés por sus préstamos, y cumple mis decretos y sigue mis ordenanzas, ese hijo no morirá por la maldad de su padre, sino que merece vivir.

Su padre, en cambio, morirá por causa de su maldad, por las ofensas cometidas, por robar con violencia a su prójimo y por hacer lo malo entre la gente de su propio pueblo.

»Tal vez dirán ustedes: "¿Por qué no paga el hijo por el pecado de su padre?" Pues porque el hijo actuó en apego al derecho y la justicia, cumplió y practicó todos mis estatutos. Por eso merece vivir.

Solo el que peque merece la muerte. Ningún hijo pagará por el pecado de su padre, ni tampoco ningún padre pagará por el pecado de su hijo. El hombre justo será juzgado por su justicia, y el malvado será juzgado por su maldad.

Dios es justo

»Pero si el malvado da la espalda a todos los pecados que cometió, y cumple todos mis estatutos y actúa con apego al derecho y la justicia, no morirá, sino que vivirá.

No le será tomada en cuenta ninguna de las infracciones que haya cometido, sino que vivirá por actuar con justicia.

¿Acaso me es placentero que el malvado muera? Más bien, quiero que se aparte de su maldad y que viva.

Palabra de Dios el Señor.

»Pero si el justo deja de actuar con justicia y realiza todos los hechos malvados y repugnantes que el malvado suele cometer, ¿cómo podrá vivir? Ya no se le tomará en cuenta su justicia, sino su rebeldía y su maldad. Así que morirá por el pecado cometido.

»Escúchenme ahora, pueblo de Israel. Tal vez digan: "Los caminos del Señor no son rectos." ¿Pero en verdad no son rectos? ¿No es, más bien, que los caminos de ustedes son torcidos?

Si el justo deja de ser justo, e incurre en actos malvados, merece la muerte, ¡y morirá por la maldad que cometió!

Pero si el malvado se aparta de su maldad y se apega al derecho y a la justicia, habrá salvado su vida

por fijarse en todas las infracciones que había cometido y apartarse de ellas. Así que no morirá, sino que vivirá.

»Pero si aun así el pueblo de Israel sigue diciendo: "Los caminos del Señor no son rectos", ¿en verdad no son rectos mis caminos, pueblo de Israel? ¡Lo cierto es que son los caminos de ustedes los que no son rectos!

Así que, pueblo de Israel, voy a juzgar a cada uno de ustedes según sus caminos. Por lo tanto, vuélvanse a y apártense de todas sus infracciones, para que su maldad no sea la causa de su ruina.

Palabra de Dios el Señor.

»Pueblo de Israel, ¿por qué tienen que morir? Apártense de todas las infracciones que han cometido, y forjen en ustedes un corazón y un espíritu nuevos,

porque yo no quiero que ninguno de ustedes muera. Así que vuélvanse a , y vivirán.

Palabra de Dios el Señor.

El Señor no se tarda para cumplir su promesa, como algunos piensan, sino que nos tiene paciencia y no quiere que ninguno se pierda, sino que todos se vuelvan a él.

Transformação

Voltai-vos para mim e sereis salvos! Rasgai o coração e não as vestes. A verdadeira conversão transforma o interior.

¡Que dejen los perversos su camino, y los malvados sus malos pensamientos! ¡Que se vuelvan al Señor, nuestro Dios, y él tendrá misericordia de ellos, pues él sabe perdonar con generosidad!

Yo deshice tus rebeliones y pecados como si deshiciera una nube, como si evaporara la niebla. Vuélvete a , porque yo te rescaté.»

La misericordia del Señor

Por eso, vuélvanse ya al Señor de todo corazón, y con ayuno, lágrimas y lamentos.

Palabra del Señor.

Desgárrense el corazón, no los vestidos, y vuélvanse al Señor su Dios, porque él es misericordioso y bondadoso, lento para la ira y grande en misericordia, y le pesa castigar.

si mi pueblo, sobre el cual se invoca mi nombre, se humilla y ora, y busca mi rostro, y se aparta de sus malos caminos, yo lo escucharé desde los cielos, perdonaré sus pecados y sanaré su tierra.

Ezequías celebra la pascua

Después Ezequías envió mensajeros por todo Israel y Judá, y escribió cartas a Efraín y a Manasés, para que vinieran a Jerusalén y celebraran la pascua del Señor y Dios de Israel en el templo del Señor.

El rey había acordado con sus príncipes y con toda la comunidad de Jerusalén el celebrar la pascua en el mes segundo,

ya que entonces no la podían celebrar por no haber suficientes sacerdotes santificados, ni tampoco el pueblo se había reunido en Jerusalén.

Este acuerdo fue del agrado del rey y de toda la multitud,

así que decidieron hacer correr la voz por todo Israel, desde Berseba hasta Dan, para que vinieran a celebrar la pascua del Señor Dios de Israel en Jerusalén, pues hacía mucho tiempo que no la habían celebrado tal y como está escrito.

Partieron mensajeros por todo Israel y Judá con cartas personales del rey y de sus príncipes, tal y como el rey lo había mandado, y las cartas decían:

«Israelitas, vuélvanse al Señor, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Israel, y él se volverá al remanente que se libró del poder de los reyes de Asiria.

No sean como sus padres ni como sus hermanos, que se rebelaron contra el Señor y Dios de sus padres. Por eso él los entregó al desconsuelo, como pueden verlo.

No sean testarudos como sus padres, sino sométanse al Señor y vengan a su santuario, que él ha santificado para siempre. Sirvan al Señor su Dios, y el ardor de su ira se apartará de ustedes.

Si ustedes se vuelven al Señor, sus hermanos y sus hijos serán tratados con misericordia por quienes ahora los tienen prisioneros, y volverán a esta tierra, porque el Señor su Dios es bondadoso y misericordioso, y no les volverá la espalda si ustedes se vuelven a él.»

Los mensajeros fueron de ciudad en ciudad por la tierra de Efraín y Manasés, hasta Zabulón; pero la gente se reía y se burlaba de ellos.

Sin embargo, hubo algunos de Aser, de Manasés y de Zabulón que se humillaron y acudieron a Jerusalén.

En Judá también estuvo la mano de Dios para hacer que se pusieran de acuerdo y cumplieran el mensaje del rey y de los príncipes, conforme a la palabra del Señor.

Y así, en el mes segundo mucha gente se reunió en Jerusalén para celebrar la fiesta solemne de los panes sin levadura. Hubo una extensa reunión

que se levantó y quitó los altares que había en Jerusalén, y que además quitó todos los altares de incienso y los echó al torrente de Cedrón.

El día catorce del mes segundo se ofreció el sacrificio de la pascua. Los sacerdotes y los levitas, llenos de vergüenza, se santificaron y llevaron los holocaustos al templo del Señor,

tomaron sus turnos acostumbrados, conforme a la ley de Moisés, hombre de Dios, mientras los sacerdotes esparcían la sangre que recibían de manos de los levitas.

Y es que en la comunidad había muchos que no estaban santificados, y por eso los levitas sacrificaban la pascua por todos los que no se habían purificado, para consagrarlos al Señor.

Una gran multitud del pueblo de Efraín y Manasés, y de Isacar y Zabulón, no se había purificado, así que comieron la pascua sin cumplir con lo que está escrito; pero Ezequías oró por ellos, y dijo al Señor:

«, Dios nuestro, que eres bueno, favorable a todos los que de corazón se han preparado para buscarte,

aunque no estén purificados según los ritos de purificación del santuario. eres el Señor, el Dios de sus padres.»

Y el Señor escuchó la oración de Ezequías, y sanó al pueblo.

Así, durante siete días, los israelitas que estaban en Jerusalén celebraron con gran gozo la fiesta solemne de los panes sin levadura; y todos los días los levitas y los sacerdotes glorificaban al Señor, mientras cantaban con sonoros instrumentos.

Ezequías, por su parte, habló con mucho cariño a todos los levitas hábiles en el servicio del Señor, y durante siete días comieron de lo sacrificado en la fiesta solemne, y ofrecieron sacrificios de paz y dieron gracias al Señor y Dios de sus padres.

Todos los allí reunidos acordaron celebrar la fiesta durante siete días más, y con mucha alegría lo hicieron así.

El rey Ezequías de Judá había donado a la asamblea mil novillos y siete mil ovejas; también los príncipes dieron al pueblo mil novillos y diez mil ovejas, y muchos sacerdotes ya se habían santificado.

Y así, toda la comunidad de Judá se alegró, lo mismo que los sacerdotes y levitas, y toda la multitud que había venido de Israel, y también los extranjeros que habían llegado de la tierra de Israel y los que habitaban en Judá.

Hubo gran alegría en Jerusalén porque, desde los días de Salomón, el hijo del rey David de Israel, no había habido en Jerusalén una celebración semejante.

Después los sacerdotes y levitas se pusieron de pie y bendijeron al pueblo, y su voz fue escuchada, y su oración llegó hasta el cielo, hasta la mansión de Dios.

Llamamiento a volverse al Señor

En el mes octavo del segundo año de Darío la palabra del Señor vino al profeta Zacarías hijo de Berequías, hijo de Iddo, y dijo:

«El Señor está muy enojado contra los padres de ustedes.

Así que dile al pueblo: "Así ha dicho el Señor de los ejércitos: Vuélvanse a , y yo me volveré a ustedes."

Palabra del Señor de los ejércitos.

»No sean como sus padres, a quienes los profetas del pasado clamaron y dijeron: "Así ha dicho el Señor de los ejércitos: Apártense ya de sus malos caminos y de sus malas obras", pero ellos no me hicieron caso ni me escucharon.

Palabra del Señor.

»¿Y dónde están ahora sus padres? ¿Y acaso los profetas viven todavía?

¿Y acaso las palabras y ordenanzas que di a mis siervos los profetas no alcanzaron a los padres de ustedes? Por eso ellos se volvieron a , y dijeron: "El Señor de los ejércitos nos ha tratado en conformidad con lo que merecen nuestros caminos y nuestras acciones."»

La visión de los caballos

El día veinticuatro del mes undécimo, que es el mes de Sebat, del año segundo de Darío, la palabra del Señor vino al profeta Zacarías hijo de Berequías, hijo de Iddo, y dijo:

«Una noche vi a un hombre cabalgando un caballo alazán. Estaba entre los mirtos que había en la hondonada, y detrás de él había caballos alazanes, overos y blancos.

Yo pregunté: "Mi señor, ¿quiénes son estos?" Y el ángel que hablaba conmigo me dijo: "Voy a mostrarte quiénes son."

»El hombre que estaba entre los mirtos respondió y dijo: "Estos son los que el Señor ha enviado a recorrer la tierra."

Ellos, por su parte, hablaron con el ángel del Señor que estaba entre los mirtos y dijeron: "Hemos andado por toda la tierra, y esta se halla reposada y tranquila."

»Entonces el ángel del Señor respondió: "Señor de los ejércitos, ¿hasta cuándo vas a negarles tu compasión a Jerusalén y a las ciudades de Judá? ¡Ya has estado furioso con ellas durante setenta años!"

»El Señor respondió al ángel que hablaba conmigo, con palabras amables y reconfortantes.

Y el ángel que hablaba conmigo me dijo: "Levanta la voz y di: Así ha dicho el Señor de los ejércitos: Muy grande es mi amor por Jerusalén y por Sión.

Estoy muy furioso contra las naciones que viven tranquilas porque, cuando mi enojo no era tanto, ellos lo agravaron más."

»Por lo tanto, así ha dicho el Señor: "Volveré a compadecerme de Jerusalén. La plomada volverá a tenderse sobre Jerusalén, y en ella será edificada mi casa."

Palabra del Señor de los ejércitos.

»Levanta la voz una vez más, y di: "Así dice el Señor de los ejércitos: Mis ciudades volverán a desbordar con abundancia de bienes, y yo, el Señor, volveré a consolar a Sión y a escoger a Jerusalén."»

Visión de los carpinteros y los cuernos

Después levanté la vista y vi allí cuatro cuernos.

Le pregunté al ángel que hablaba conmigo:

«¿Y estos qué son?»

Y el ángel me respondió:

«Estos son los cuernos que dispersaron a Judá, Israel y Jerusalén.»

Luego el Señor me mostró cuatro carpinteros,

y yo pregunté:

«¿Y estos qué vienen a hacer?»

Y el ángel me respondió:

«Aquellos cuernos son los que dispersaron a Judá, al grado de que ninguno de ellos volvió a levantar la cabeza; pero estos han venido para hacerlos temblar y derribar los cuernos de las naciones que se levantaron contra la tierra de Judá y dispersaron a sus habitantes.»

A todos los que amo, yo los corrijo y los castigo; así que muestra tu fervor y arrepiéntete.

La vida antigua y la nueva

Por lo tanto, hagan morir en ustedes todo lo que sea terrenal: inmoralidad sexual, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia. Eso es idolatría.

Tampoco presenten sus cuerpos al pecado como instrumentos de maldad, sino preséntense ustedes mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y presenten sus cuerpos a Dios como instrumentos de justicia.

Hermanos, si alguno es sorprendido en alguna falta, ustedes, que son espirituales, restáurenlo con espíritu de mansedumbre. Piensa en ti mismo, no sea que también seas tentado.

Así que despójense de toda impureza y de tanta maldad, y reciban con mansedumbre la palabra sembrada, que tiene el poder de salvarlos.

Seja o primeiro