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Graça

Por Bíblia Online

A graça de Deus é favor imerecido. Pela graça somos salvos, pela graça vivemos, pela graça somos sustentados. É o dom mais precioso de Deus — dado a quem não merece.

Salvos pela graça

Pela graça sois salvos, mediante a fé, e isto não vem de vós — é dom de Deus. Não por obras, para que ninguém se glorie.

Por gracia son salvos por medio de la fe. Esto no es de ustedes. Es el regalo de Dios. No es por obras, para que nadie se enaltezca.

Pero Dios, Quien es rico en misericordia, por su gran amor con el cual nos amó cuando nosotros aún estábamos muertos en las transgresiones, nos dio vida juntamente con Cristo. Por gracia son salvos.

Porque todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios. Son justificados gratuitamente por la gracia de Él, por medio de la redención en Cristo Jesús,

Pero el Regalo no es como la transgresión. Porque si por la transgresión de uno, Adán, muchos murieron, mucho más abundó la gracia de Dios para muchos y el Regalo que vino por la gracia de un Hombre: Jesucristo.

a fin de que como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por medio de la justicia para vida eterna por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Graça que capacita

A graça me basta, pois o poder se aperfeiçoa na fraqueza. Na graça, não estamos mais sob a lei, mas sob o favor de Deus.

Porque el pecado no tendrá dominio sobre ustedes, pues no están bajo la Ley, sino bajo la gracia.

De quién somos esclavos

¿Entonces, qué diremos? ¿Pecaremos porque no estamos bajo la Ley, sino bajo la gracia? ¡Claro que no!

Quien nos salvó y llamó con vocación santa, no según nuestras obras, sino según su propio propósito y gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos eternos.

Porque la gracia salvadora de Dios se manifestó a todos los hombres, y nos enseñó que, después de apartarnos de la impiedad y de las pasiones mundanas, vivamos sobria, justa y piadosamente en el mundo presente,

El precio del rescate

Por tanto átense el cinturón de su entendimiento. Sean sobrios. Esperen por completo la gracia que se les traerá cuando se manifieste Jesucristo.

El Dios de toda gracia, Quien los llamó a su gloria eterna en Cristo, después que padezcan un poco, Él mismo los perfeccionará, confirmará, fortalecerá y establecerá.

A graça de Deus

O Senhor é compassivo e gracioso, tardio em irar-se e grande em amor. Sua graça é nova a cada manhã.

Compasivo y bondadoso es Yavé,

Lento para la ira y grande en misericordia.

Ciertamente el bien y la misericordia me escoltarán todos los días de mi vida,

Y en la Casa de Yavé moraré por largos días.

Sea la gracia de ʼAdonay nuestro ʼElohim sobre nosotros,

Y nos confirme la obra de nuestras manos.

¡, confirma la obra de nuestras manos!

Canto de ascenso gradual

Oh Yavé, de lo profundo de mi ser clamo a Ti.

¡Oh ʼAdonay, escucha mi voz!

Estén atentos tus oídos

A la voz de mis súplicas.

Yavé te bendiga y te guarde.

Yavé haga resplandecer su rostro sobre ti,

Y tenga de ti misericordia.

Yavé alce sobre ti su rostro,

Y te paz.

Por tanto, Yavé espera para otorgarles gracia. Por eso se levanta para compadecerse de ustedes, porque Yavé es ʼElohim justo. ¡Inmensamente felices todos los que esperan en Él!

Viver pela graça

A graça de nosso Senhor Jesus Cristo esteja convosco. Perdoando e confessando, experimentamos a graça restauradora.

La gracia del Señor Jesús sea con todos.

La gracia del Señor Jesucristo sea con tu espíritu.

Acerquémonos, pues, con confianza al trono de la gracia para que obtengamos misericordia y hallemos gracia para la ayuda oportuna.

Pero por ningún motivo considero mi vida valiosa, con tal que termine mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesús para proclamar solemnemente las Buenas Noticias de la gracia de Dios.

El amor de Dios

Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo Unigénito, para que todo el que cree en Él no perezca, sino tenga vida eterna.

Porque si perdonan a los hombres sus ofensas, también su Padre celestial los perdonará.

El que encubre sus pecados no prosperará,

Pero el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.

Celebración extraordinaria de la Pascua

Ezequías envió aviso por todo Israel y Judá, y también escribió cartas a Efraín y a Manasés para que fueran a Jerusalén, a la Casa de Yavé a celebrar la Pascua de Yavé ʼElohim de Israel. El rey tomó consejo con sus jefes y toda la congregación en Jerusalén para celebrar la Pascua el mes segundo, porque no la pudieron celebrar a su debido tiempo, pues no había suficientes sacerdotes santificados, ni el pueblo pudo reunirse en Jerusalén. Esto les pareció bien al rey y a la congregación.

Resolvieron hacer una proclama por todo Israel, desde Beerseba hasta Dan, para que fueran a celebrar en Jerusalén la Pascua de Yavé el ʼElohim de Israel, porque en mucho tiempo no la habían celebrado como estaba escrito.

Los mensajeros recorrieron todo Israel y Judá. Llevaban las cartas del rey y sus magistrados. Proclamaron como mandó el rey: Hijos de Israel, regresen a Yavé, al ʼElohim de Abraham, Isaac e Israel. Y Él se volverá al remanente que quedó de la mano de los reyes de Asiria.

No sean como sus antepasados y como sus hermanos que fueron infieles a Yavé ʼElohim de sus antepasados, Quien los entregó a desolación, como ustedes ven.

Ahora pues, no sean indómitos como sus antepasados. Sométanse a Yavé y vengan a su Santuario que Él santificó para siempre. Sirvan a Yavé su ʼElohim, y el ardor de su ira se apartará de ustedes.

Porque si regresan a Yavé, sus hermanos e hijos hallarán misericordia ante sus captores y regresarán a esta tierra. Yavé su ʼElohim es clemente y misericordioso. Si regresan a Él, no apartará de ustedes su Presencia.

Los mensajeros pasaron de ciudad en ciudad por la tierra de Efraín y Manasés, hasta la región de Zabulón, pero se reían y se burlaban de ellos. Sin embargo, algunos hombres de Aser, Manasés y Zabulón se humillaron y fueron a Jerusalén. La mano de ʼElohim también estuvo en Judá para darles un corazón dispuesto a cumplir el mensaje del rey y los magistrados, según la Palabra de Yavé.

Una congregación muy grande se reunió en Jerusalén para celebrar la fiesta solemne de los Panes sin Levadura el mes segundo. Se levantaron y quitaron los altares que había en Jerusalén. Quitaron también todos los altares donde se quemaba incienso y los echaron al torrente Cedrón.

Sacrificaron la pascua el 14 del mes segundo. Los sacerdotes y los levitas que aún estaban impuros, se avergonzaron y se santificaron. Llevaron holocaustos a la Casa de Yavé. Ocuparon su lugar en los turnos de costumbre, según la Ley de Moisés, esclavo de ʼElohim.

Los sacerdotes rociaban la sangre que recibían de manos de los levitas, porque había muchos no santificados en la congregación. Por eso los levitas degollaban el cordero pascual por los que estaban impuros, a fin de santificarlos para Yavé.

Sin embargo había en la congregación muchos de Efraín, Manasés, Isacar y Zabulón que no se purificaron. No obstante comieron la pascua sin guardar lo prescrito.

Pero Ezequías oró por ellos: Yavé, Quien es bueno, haga sacrificio que apacigua por todo aquel que dispuso su corazón para buscar a Yavé el ʼElohim de sus antepasados, aunque no lo haga según la norma de purificación del Santuario. Yavé escuchó a Ezequías y sanó al pueblo.

Los hijos de Israel que estaban presentes en Jerusalén celebraron la solemnidad de los Panes sin Levadura con gran alegría durante siete días. Los levitas y los sacerdotes alababan a Yavé día tras día y cantaban a Yavé con instrumentos resonantes.

Ezequías habló al corazón de todos los levitas que mostraron tener buen entendimiento en el servicio de Yavé. Comieron de lo sacrificado en la fiesta solemne durante siete días, ofrecieron sacrificios de paz y dieron gracias a Yavé el ʼElohim de sus antepasados.

Toda la congregación decidió que se celebrara otros siete días. La celebraron otros siete días con gran júbilo porque Ezequías, rey de Judá, ofreció a la congregación 1.000 becerros y 7.000 ovejas. Los jefes ofrecieron a la congregación 1.000 becerros y 10.000 ovejas. Gran número de sacerdotes ya se habían santificado.

Toda la congregación de Judá se regocijó, y también los sacerdotes, los levitas, y toda la gente que llegó de Israel, tanto los peregrinos procedentes de la tierra de Israel como los residentes de Judá. Hubo gran alegría en Jerusalén, pues desde los días de Salomón, hijo de David, rey de Israel, no hubo algo semejante en Jerusalén.

Después los sacerdotes y los levitas se levantaron y bendijeron al pueblo. Fue escuchada su voz. Su oración llegó hasta la morada de su Santuario en el cielo.

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