Graça
A graça de Deus é favor imerecido. Pela graça somos salvos, pela graça vivemos, pela graça somos sustentados. É o dom mais precioso de Deus — dado a quem não merece.
Salvos pela graça
Pela graça sois salvos, mediante a fé, e isto não vem de vós — é dom de Deus. Não por obras, para que ninguém se glorie.
Ciertamente la gracia de Dios los ha salvado por medio de la fe. Esta no nació de ustedes, sino que es un don de Dios;
ni es resultado de las obras, para que nadie se enorgullezca.
Pero Dios, cuya misericordia es abundante, por el gran amor con que nos amó,
nos dio vida junto con Cristo, aun cuando estábamos muertos en nuestros pecados (la gracia de Dios los ha salvado),
por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios;
pero son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la liberación que proveyó Cristo Jesús,
Pero el pecado de Adán no puede compararse con el don de Dios. Pues si por el pecado de un solo hombre muchos murieron, la gracia y el don que Dios nos dio por medio de un solo hombre, Jesucristo, abundaron para el bien de muchos.
para que así como el pecado reinó para traer muerte, también la gracia reine por la justicia para darnos vida eterna mediante Jesucristo, nuestro Señor.
Graça que capacita
A graça me basta, pois o poder se aperfeiçoa na fraqueza. Na graça, não estamos mais sob a lei, mas sob o favor de Deus.
El pecado ya no tendrá poder sobre ustedes, pues ya no están bajo la ley sino bajo la gracia.
Siervos de la justicia
¿Entonces, qué? ¿Pecaremos porque no estamos bajo la ley sino bajo la gracia? ¡De ninguna manera!
quien nos salvó y nos llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos,
Porque la gracia de Dios se ha manifestado para la salvación de todos los hombres,
y nos enseña que debemos renunciar a la maldad y a los deseos mundanos, y vivir en esta época de manera sobria, justa y piadosa,
Llamamiento a una vida santa
Por lo tanto, preparen su mente para la acción, estén atentos y pongan toda su esperanza en la gracia que recibirán cuando Jesucristo sea manifestado.
pero el Dios de toda gracia, que en Cristo nos llamó a su gloria eterna, los perfeccionará, afirmará, fortalecerá y establecerá después de un breve sufrimiento.
A graça de Deus
O Senhor é compassivo e gracioso, tardio em irar-se e grande em amor. Sua graça é nova a cada manhã.
El Señor es misericordioso y bondadoso;
es lento para la ira, y grande en misericordia.
Sé que tu bondad y tu misericordia
me acompañarán todos los días de mi vida,
y que en tu casa, Señor, viviré por largos días.
Señor y Dios nuestro, ¡muéstranos tu bondad
y confirma la obra de nuestras manos!
¡Sí, confirma la obra de nuestras manos!
Esperanza en la salvación del Señor
A ti clamo, Señor,
desde el fondo de mi angustia.
¡Escucha, Señor, mi voz!
¡Que no se cierren tus oídos
al clamor de mi súplica!
»"¡Que el Señor te bendiga, y te cuide!
»"¡Que el Señor haga resplandecer su rostro sobre ti,
»"y tenga de ti misericordia!
»"¡Que el Señor alce su rostro sobre ti,
»"y ponga en ti paz!"
Dios se compadecerá de Israel
Por lo tanto, el Señor esperará un poco y tendrá piedad de ustedes, y por eso será alabado por la misericordia que tendrá de ustedes. Ciertamente el Señor es un Dios justo; ¡dichosos todos los que confían en él!
Viver pela graça
A graça de nosso Senhor Jesus Cristo esteja convosco. Perdoando e confessando, experimentamos a graça restauradora.
Que la gracia del Señor Jesucristo sea con todos. Amén.
Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con su espíritu. Amén.
Por tanto, acerquémonos confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para cuando necesitemos ayuda.
Pero eso a mí no me preocupa, pues no considero mi vida de mucho valor, con tal de que pueda terminar con gozo mi carrera y el ministerio que el Señor Jesús me encomendó, de hablar del evangelio y de la gracia de Dios.
De tal manera amó Dios al mundo
»Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna.
»Si ustedes perdonan a los otros sus ofensas, también su Padre celestial los perdonará a ustedes.
El que encubre sus pecados no prospera;
el que los confiesa y se aparta de ellos
alcanza la misericordia divina.
Ezequías celebra la pascua
Después Ezequías envió mensajeros por todo Israel y Judá, y escribió cartas a Efraín y a Manasés, para que vinieran a Jerusalén y celebraran la pascua del Señor y Dios de Israel en el templo del Señor.
El rey había acordado con sus príncipes y con toda la comunidad de Jerusalén el celebrar la pascua en el mes segundo,
ya que entonces no la podían celebrar por no haber suficientes sacerdotes santificados, ni tampoco el pueblo se había reunido en Jerusalén.
Este acuerdo fue del agrado del rey y de toda la multitud,
así que decidieron hacer correr la voz por todo Israel, desde Berseba hasta Dan, para que vinieran a celebrar la pascua del Señor Dios de Israel en Jerusalén, pues hacía mucho tiempo que no la habían celebrado tal y como está escrito.
Partieron mensajeros por todo Israel y Judá con cartas personales del rey y de sus príncipes, tal y como el rey lo había mandado, y las cartas decían:
«Israelitas, vuélvanse al Señor, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Israel, y él se volverá al remanente que se libró del poder de los reyes de Asiria.
No sean como sus padres ni como sus hermanos, que se rebelaron contra el Señor y Dios de sus padres. Por eso él los entregó al desconsuelo, como pueden verlo.
No sean testarudos como sus padres, sino sométanse al Señor y vengan a su santuario, que él ha santificado para siempre. Sirvan al Señor su Dios, y el ardor de su ira se apartará de ustedes.
Si ustedes se vuelven al Señor, sus hermanos y sus hijos serán tratados con misericordia por quienes ahora los tienen prisioneros, y volverán a esta tierra, porque el Señor su Dios es bondadoso y misericordioso, y no les volverá la espalda si ustedes se vuelven a él.»
Los mensajeros fueron de ciudad en ciudad por la tierra de Efraín y Manasés, hasta Zabulón; pero la gente se reía y se burlaba de ellos.
Sin embargo, hubo algunos de Aser, de Manasés y de Zabulón que se humillaron y acudieron a Jerusalén.
En Judá también estuvo la mano de Dios para hacer que se pusieran de acuerdo y cumplieran el mensaje del rey y de los príncipes, conforme a la palabra del Señor.
Y así, en el mes segundo mucha gente se reunió en Jerusalén para celebrar la fiesta solemne de los panes sin levadura. Hubo una extensa reunión
que se levantó y quitó los altares que había en Jerusalén, y que además quitó todos los altares de incienso y los echó al torrente de Cedrón.
El día catorce del mes segundo se ofreció el sacrificio de la pascua. Los sacerdotes y los levitas, llenos de vergüenza, se santificaron y llevaron los holocaustos al templo del Señor,
tomaron sus turnos acostumbrados, conforme a la ley de Moisés, hombre de Dios, mientras los sacerdotes esparcían la sangre que recibían de manos de los levitas.
Y es que en la comunidad había muchos que no estaban santificados, y por eso los levitas sacrificaban la pascua por todos los que no se habían purificado, para consagrarlos al Señor.
Una gran multitud del pueblo de Efraín y Manasés, y de Isacar y Zabulón, no se había purificado, así que comieron la pascua sin cumplir con lo que está escrito; pero Ezequías oró por ellos, y dijo al Señor:
«Tú, Dios nuestro, que eres bueno, sé favorable a todos los que de corazón se han preparado para buscarte,
aunque no estén purificados según los ritos de purificación del santuario. Tú eres el Señor, el Dios de sus padres.»
Y el Señor escuchó la oración de Ezequías, y sanó al pueblo.
Así, durante siete días, los israelitas que estaban en Jerusalén celebraron con gran gozo la fiesta solemne de los panes sin levadura; y todos los días los levitas y los sacerdotes glorificaban al Señor, mientras cantaban con sonoros instrumentos.
Ezequías, por su parte, habló con mucho cariño a todos los levitas hábiles en el servicio del Señor, y durante siete días comieron de lo sacrificado en la fiesta solemne, y ofrecieron sacrificios de paz y dieron gracias al Señor y Dios de sus padres.
Todos los allí reunidos acordaron celebrar la fiesta durante siete días más, y con mucha alegría lo hicieron así.
El rey Ezequías de Judá había donado a la asamblea mil novillos y siete mil ovejas; también los príncipes dieron al pueblo mil novillos y diez mil ovejas, y muchos sacerdotes ya se habían santificado.
Y así, toda la comunidad de Judá se alegró, lo mismo que los sacerdotes y levitas, y toda la multitud que había venido de Israel, y también los extranjeros que habían llegado de la tierra de Israel y los que habitaban en Judá.
Hubo gran alegría en Jerusalén porque, desde los días de Salomón, el hijo del rey David de Israel, no había habido en Jerusalén una celebración semejante.
Después los sacerdotes y levitas se pusieron de pie y bendijeron al pueblo, y su voz fue escuchada, y su oración llegó hasta el cielo, hasta la mansión de Dios.