Milagres de Jesus
Os Evangelhos registram dezenas de milagres realizados por Jesus — curas, ressurreições, domínio sobre a natureza e libertações. Cada milagre revelava sua divindade e compaixão.
Curas de cegos e surdos
Jesus devolveu a visão aos cegos e a audição aos surdos, manifestando seu poder sobre toda enfermidade e deficiência.
Dos ciegos
Cuando Jesús salió de allí, lo siguieron dos ciegos que gritaban: ¡Hijo de David, ten misericordia de nosotros!
Al llegar a la casa, los ciegos acudieron a Él.
Jesús les preguntó: ¿Creen ustedes que puedo hacer esto?
Le respondieron: Sí, Señor.
Entonces les tocó los ojos y dijo: Que les suceda según su fe.
Se les abrieron los ojos.
Y Jesús les advirtió rigurosamente: Miren, que nadie sepa esto.
Pero cuando ellos salieron divulgaron su fama en toda aquella tierra.
Los ciegos de Jericó
Al salir ellos de Jericó, lo siguió una gran multitud.
Dos ciegos estaban sentados junto al camino. Oyeron que Jesús pasaba y gritaron: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!
La muchedumbre los reprendió para que callaran, pero ellos gritaban más: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!
Entonces Jesús se detuvo, los llamó y preguntó: ¿Qué quieren que les haga?
Le contestaron: Señor, que sean abiertos nuestros ojos.
Entonces Jesús, Quien fue movido a compasión, les tocó los ojos. Al instante vieron y lo siguieron.
Una sanidad fuera de Betsaida
Cuando llegaron a Betsaida, le llevaron un ciego y le rogaban que lo tocara.
Él tomó al ciego de la mano y lo llevó a las afueras de la aldea. Escupió en los ojos de él, le puso las manos y le preguntaba: ¿Ves algo?
Al mirar, dijo: Veo a los hombres como árboles que andan.
Le puso otra vez las manos sobre los ojos.
El ciego miró fijamente y se restableció. Vio todas las cosas con claridad.
Jesús lo envió a su casa y le dijo: No entres en la aldea.
Sanidad a un sordomudo
Al salir otra vez de la región de Tiro, fue por Sidón hacia el mar de Galilea, a través de las regiones de Decápolis.
Le llevaron un sordo y tartamudo, y le rogaban que le impusiera la mano.
Lo tomó a solas, aparte de la multitud, le metió los dedos en las orejas y al escupir, le tocó la lengua. Y al mirar al cielo, suspiró profundamente y le ordenó: Effatha, lo cual traduce, sé abierto. Entonces los oídos del sordo se abrieron, se le desató la lengua y hablaba bien.
Les ordenó que a ninguno se lo dijeran, pero cuanto más les ordenaba, mucho más lo proclamaban. Estaban muy maravillados y decían: ¡Todo lo hizo bien! ¡Hace oír a los sordos y hablar a los mudos!
Salida de Jericó
Llegaron a Jericó. Cuando Él salía de Jericó con sus discípulos y una gran multitud, un mendigo ciego llamado Bartimeo, hijo de Timeo estaba sentado junto al camino. Al oír que era Jesús el nazareno, comenzó a clamar: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!
Muchos lo reprendían para que callara, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!
Jesús se detuvo y dijo: Llámenlo.
Llamaron al ciego y le dijeron: No temas. Levántate. Él te llama. Entonces él tiró su ropa externa, saltó y fue hacia Jesús.
Jesús le preguntó: ¿Qué quieres que te haga?
Y el ciego le contestó: Maestro, que vea.
Jesús le dijo: Ve. Tu fe te sanó.
Y al instante recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.
Un ciego cerca de Jericó
Cuando Él se acercó a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino y mendigaba.
Al oír que pasaba una multitud, preguntaba qué sería aquello, y le informaron: Que viene Jesús el Nazareno.
Entonces gritó: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!
Y los que iban delante lo reprendían para que callara. Pero él gritaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!
Entonces Jesús se detuvo y pidió que se lo trajeran. Cuando se acercó, le preguntó: ¿Qué quieres que te haga?
Y él contestó: Señor, que vea.
Jesús le ordenó: Ve. Tu fe te salvó.
Al instante vio. Lo seguía y glorificaba a Dios.
Cuando todo el pueblo lo vio, alabó a Dios.
Un ciego de nacimiento
Cuando pasaba, Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento.
Sus discípulos le preguntaron: Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?
Jesús respondió: No pecó éste ni sus padres, sino está ciego para que las obras de Dios se manifiesten en él. Mientras es día nos es necesario realizar las obras del que me envió. Viene la noche cuando nadie puede trabajar. Mientras Yo esté en el mundo, soy la Luz del mundo.
Después de decir esto escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, untó el barro sobre los ojos del ciego y le dijo: Vé, lávate en el estanque de Siloé, que significa enviado.
El ciego fue, se lavó y cuando regresó veía.
Curas de paralíticos e enfermos
Paralíticos caminharam, leprosos ficaram limpos e todo tipo de doença foi curada pelo toque e pela palavra de Jesus.
Ocurrió que un leproso se acercó, se postraba ante Él y decía: Señor, si quieres, puedes limpiarme.
Extendió la mano, lo tocó y dijo: Quiero, sé limpiado. Y al instante su lepra fue limpiada.
Entonces Jesús le dijo: Mira, a nadie digas esto. Solo vé y muéstrate al sacerdote. Presenta la ofrenda que Moisés ordenó para testimonio a ellos.
Ahí le llevaron un paralítico acostado en una camilla. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo. Tus pecados te son perdonados.
Pero algunos escribas se dijeron: Éste blasfema.
Jesús vio sus pensamientos y les preguntó: ¿Por qué albergan malos pensamientos? ¿Qué es más fácil? ¿Decir: Tus pecados te son perdonados? ¿O decir: Levántate y anda? Pero para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra de perdonar pecados, dijo al paralítico: ¡Levántate, alza tu camilla y vete a tu casa!
Cuando se levantó, salió a su casa.
Ahí estaba un hombre que tenía una mano paralizada, y para acusarlo, le preguntaron: ¿Es lícito sanar en sábado?
Él les contestó: ¿Quién de ustedes tiene una oveja, y si ésta cae en un hoyo en sábado, no le echa mano y la saca? ¡Cuánto más vale un hombre que una oveja! De manera que es lícito hacer bien los sábados.
Y dijo al hombre: Extiende tu mano. Y la extendió y quedó sana como la otra.
La suegra de Simón estaba tendida con fiebre, y de inmediato le hablaron de ella.
Jesús se acercó, la tomó de la mano y la levantó. Se le quitó la fiebre, y les servía.
Un leproso
Un leproso se acercó a Él y le rogaba: Si quieres, puedes limpiarme.
Conmovido, Jesús extendió la mano, lo tocó y le dijo: Quiero. ¡Sé limpio! Al instante la lepra salió de él y quedó limpio.
Entonces cuatro hombres llegaron con un paralítico. Al no poder llevarlo ante Él por causa de la multitud, quitaron el techo del lugar donde Jesús estaba y bajaron al paralítico sobre la camilla en la cual estaba acostado.
Cuando Jesús vio la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.
Unos escribas estaban sentados allí quienes pensaban: ¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios?
Al instante, Jesús conoció en su espíritu que razonaban esto y les preguntó: ¿Por qué piensan esas cosas? ¿Qué es más fácil? ¿Decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o levántate, toma tu camilla y anda? Pues para que ustedes sepan que el Hijo del Hombre tiene potestad para perdonar pecados en la tierra, dijo al paralítico: ¡Levántate, alza tu camilla y vete a tu casa!
Se levantó, alzó la camilla y salió delante de los reunidos. Todos se asombraban, glorificaban a Dios y decían: ¡Jamás vimos algo semejante!
¿Es lícito hacer bien o mal?
Entró otra vez en la congregación, y estaba allí un hombre que tenía una mano paralizada. Lo observaban para ver si lo sanaría en sábado a fin de acusarlo.
Entonces dijo al hombre que tenía la mano paralizada: Levántate, ponte en pie en medio.
Les preguntó: ¿Es lícito en sábado hacer bien o hacer mal, salvar la vida o matar? Pero ellos callaban.
Al mirarlos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, le dijo al hombre: Extiende tu mano.
El hombre la extendió y le fue restaurada.
Sanidad de un leproso
Cuando Él estaba en una ciudad vio a un leproso. Éste miró a Jesús, se postró y le rogó: Señor, si quieres, puedes limpiarme.
Extendió la mano, lo tocó y le dijo: ¡Quiero, sé limpiado! Al instante la lepra desapareció.
Unos hombres llevaban a un paralítico, y trataron de introducirlo y colocarlo ante Él. Pero al no hallar como llevarlo adentro a causa del gentío, subieron a la azotea y lo descolgaron en la camilla a través de las losas para ubicarlo en el medio delante de Jesús.
Al ver la fe de ellos dijo: ¡Hombre, tus pecados te fueron perdonados!
Los escribas y los fariseos razonaron: ¿Quién es Éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino Dios?
Pero Jesús entendió lo que pensaban y les preguntó: ¿Qué razonan ustedes en secreto? ¿Qué es más fácil? ¿Decir: Tus pecados te son perdonados? ¿O decir: Levántate y anda? Pues para que sepan que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): Te digo: ¡Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa!
Al instante se levantó delante de ellos, tomó la camilla en la cual estaba acostado, se fue a su casa y glorificaba a Dios.
Restauración de una mano paralizada
Otro sábado Él entró en la congregación a enseñar. Estaba allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada.
Los escribas y los fariseos lo observaban atentamente para ver si sanaba en sábado, a fin de hallar de qué acusarlo.
Pero Él sabía lo que pensaban y mandó al hombre que tenía la mano paralizada: Levántate. Ponte en medio.
Y se puso en pie.
Entonces Jesús les preguntó: ¿Es lícito en sábado hacer el bien o el mal? ¿Salvar una vida o quitarla? Al mirar a todos alrededor, dijo: Extiende tu mano.
El hombre lo hizo, y su mano fue restaurada.
El esclavo de un centurión
Cuando terminó sus palabras para el pueblo que lo escuchaba, entró en Cafarnaúm.
El esclavo de un centurión, a quien éste estimaba mucho, estaba enfermo cerca de la muerte. Al oír con respecto a Jesús, le envió unos ancianos de los judíos para rogarle que fuera y sanara a su esclavo. Cuando ellos se presentaron ante Jesús, le rogaban con insistencia: Es digno de que se le conceda esto, porque ama a nuestra nación, y él mismo nos edificó la congregación judía.
Jesús iba con ellos.
Pero al llegar cerca de la casa, el centurión envió unos amigos para decirle: Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo. Por lo cual, ni siquiera me consideré digno de ir a Ti, pero da la orden, y mi esclavo sanará. Porque aun yo soy hombre que está bajo autoridad. Tengo soldados bajo mi mando y digo a uno: Ve, y va. Y a otro: Ven, y viene. Y a mi esclavo: Haz esto, y lo hace.
Al oír esto, Jesús lo admiró, y al dar la vuelta, dijo a la gente que lo seguía: ¡Ni aun en Israel hallé una fe tan grande!
Cuando los enviados regresaron a la casa, hallaron al esclavo sano.
Una mujer que había estado enferma 18 años estaba allí encorvada y no podía levantarse.
Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: ¡Mujer, quedas libre de tu enfermedad! Le impuso las manos. Al instante se enderezó y glorificaba a Dios.
Sanidad en sábado
Él entró en la casa de uno de los principales fariseos a comer pan un sábado. Ellos lo observaban detenidamente.
Entonces un hombre que era hidrópico estaba delante de Él.
Y Jesús preguntó a los doctores de la Ley y a los fariseos: ¿Es lícito sanar en sábado o no?
Pero ellos callaron. Lo tomó, lo sanó y lo despidió.
Diez leprosos
Cuando iba hacia Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea.
Cuando Él entró en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, quienes se pararon a una distancia. Gritaron: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!
Al verlos dijo: ¡Vayan, muéstrense a los sacerdotes! Sucedió que cuando iban fueron limpiados.
Uno de ellos, al ver que fue sanado, regresó y glorificaba a Dios a gran voz. Se postró a sus pies y le daba gracias. Era un samaritano.
Jesús le preguntó: ¿No fueron limpiados los diez? ¿Dónde están los nueve? ¿No regresaron a dar gloria a Dios, excepto este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete. Tu fe te salvó.
Sanidad de un paralítico en Betzata
Después de esto Jesús subió a Jerusalén a una fiesta de los judíos.
Junto a la puerta de La Oveja en Jerusalén, había un estanque llamado en hebreo Betzata que tenía cinco patios cubiertos donde muchos enfermos, ciegos, cojos y paralíticos estaban tendidos. [[]]
Allí estaba un hombre que tenía 38 años enfermo.
Cuando Jesús lo vio tendido y supo cuánto tiempo tenía enfermo, le preguntó: ¿Quieres ser sano?
El enfermo le respondió: Señor, no tengo alguien que me baje al estanque cuando se agita el agua. Mientras voy, otro baja antes de mí.
Jesús le dijo: ¡Levántate, alza tu camilla y anda!
De inmediato el hombre fue sanado, alzó su camilla y andaba. Ese día era sábado.
Volvió a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino.
Y un funcionario real, quien tenía un hijo enfermo, estaba en Cafarnaúm. Cuando el funcionario oyó que Jesús llegó de Judea a Galilea, fue a Él y le rogaba que bajara y sanara a su hijo, quien ya iba a morir.
Jesús le dijo: Ustedes, si no ven señales y prodigios, de ningún modo creerán.
El funcionario real le dijo: Señor, baja antes que muera mi hijito.
Jesús le contestó: ¡Vé, tu hijo vive!
El hombre creyó la Palabra que Jesús le dijo, y se fue.
Mientras bajaba, sus esclavos salieron a encontrarlo y dijeron: ¡Tu niño vive!
Les preguntó a qué hora comenzó a mejorar, y le contestaron: Ayer a la una de la tarde se le quitó la fiebre.
Entonces el padre recordó que a esa hora Jesús le dijo: ¡Tu hijo vive! Como resultado él y toda su casa creyeron en Jesús.
Ésta fue la segunda señal que Jesús hizo después de ir de Judea a Galilea.
A mulher com fluxo de sangue
Uma mulher que sofria há doze anos tocou a orla do manto de Jesus e foi curada instantaneamente pela sua fé.
Una mujer con flujo de sangre
Una mujer que sufría de flujo de sangre por 12 años se acercó por detrás y tocó el borde de su ropa, porque decía dentro de ella: Si solo toco su ropa, seré sanada.
Pero Jesús se volteó, la vio y le dijo: ¡Ten ánimo, hija! ¡Tu fe te sanó! Y la mujer fue sanada desde aquel momento.
Una mujer con flujo de sangre
Una mujer había estado con flujo de sangre por 12 años. Había sufrido mucho en manos de los médicos y gastado cuanto tenía y de nada le había servido. Al contrario, había empeorado. Cuando escuchó con respecto a Jesús, llegó por detrás entre la multitud y tocó su ropa. Porque decía: si toco su ropa, seré sanada. Al instante el flujo de sangre se secó y notó que fue sanada.
Una mujer con flujo de sangre
Una mujer que había tenido flujo de sangre por 12 años, quien no pudo ser sanada por alguno, se acercó por detrás y tocó el borde de la ropa de Jesús. De inmediato cesó su flujo de sangre.
Y Jesús preguntó: ¿Quién me tocó?
Y al negar todos, Pedro dijo: Maestro, la multitud te apretuja y te oprime.
Pero Jesús contestó: Alguien me tocó, porque Yo comprendí que salió poder de Mí.
Entonces la mujer, cuando entendió que la había descubierto, fue temblorosa y se postró ante Él. Confesó delante de todo el pueblo por qué lo tocó, y que fue sanada al instante.
Entonces Él le dijo: Hija, tu fe te sanó. Vé en paz.
Ressurreições
Jesus ressuscitou mortos — a filha de Jairo, o filho da viúva de Naim e Lázaro. Ele é Senhor sobre a morte.
La hija de Jairo
Mientras les hablaba estas cosas llegó un jefe de la congregación judía, se postró ante Él y le dijo: Mi hija acaba de morir, pero vé, pon tu mano sobre ella y vivirá.
Jesús se levantó y con sus discípulos lo siguió.
Levantamiento de la hija de Jairo
Al llegar Jesús a la casa del magistrado y ver a los flautistas y a la muchedumbre atribulada, Él les dijo: Retírense, porque la muchacha no murió, sino duerme.
Pero se burlaban de Él.
Cuando sacaron a la multitud, Él entró, tomó la mano de la niña y la levantó.
Se acercó Jairo, uno de los oficiales de la congregación de los judíos. Cuando lo vio se postró a sus pies y le suplicaba: Mi hijita está cerca de la muerte. Vé, pon las manos sobre ella para que sane. Fue con él, y lo seguía una gran multitud que lo apretujaban.
Al llegar a la casa de Jairo, el jefe de la congregación, observó un alboroto: unos lloraban y daban grandes alaridos. Cuando Jesús entró, les preguntó: ¿Por qué están atribulados y lloran? La niña no murió, sino duerme.
Y se burlaban de Él.
Entonces Jesús sacó a todos de la casa. Tomó con Él a los padres de la niña y a los discípulos que lo acompañaban, y entró donde estaba la niña. Jesús tomó la mano de la niña y dijo: Talita cum, que significa: Niña, levántate.
Al instante la niña se levantó y andaba, pues tenía 12 años. Y los que observaban quedaron grandemente asombrados.
¿A quién, pues, compararé los hombres de esta generación, y a quién son semejantes? Son semejantes a los muchachos que se sientan en una plaza y gritan unos a otros: ¡Les tocamos la flauta y ustedes no bailaron, entonamos una lamentación y no lloraron!
Porque vino Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y ustedes dijeron: ¡Tiene demonio! Viene el Hijo del Hombre, Quien come y bebe, y dicen: ¡Ahí está un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores!
Pero la sabiduría es defendida por todos sus hijos.
Un fariseo y una pecadora
Uno de los fariseos le rogaba que comiera con él. Al entrar en la casa del fariseo, se reclinó.
Ocurrió que una mujer que era pecadora en la ciudad, al saber que estaba reclinado en la casa del fariseo, llevó un alabastro lleno de perfume.
Llegó un hombre llamado Jairo quien era un oficial de la congregación. Se postró a los pies de Jesús y le rogaba que fuera a su casa, porque su única hija, como de 12 años, estaba a punto de morir.
Cuando Él iba, la multitud lo apretujaba.
Mientras Él aún hablaba, apareció uno de parte del oficial de la congregación quien dijo: Tu hija murió. Ya no molestes al Maestro.
Pero al oírlo, Jesús le dijo: No temas. Solo cree y será sanada.
Al entrar en la casa, a ninguno permitió entrar con Él, sino a Pedro, Juan, Jacobo y los padres de la joven.
Todos lloraban y se lamentaban por ella.
Pero Él dijo: No lloren, porque no murió, sino duerme.
Como estaban convencidos de que murió, se burlaban de Él.
Pero Él tomó la mano de la niña y clamó: ¡Niña, levántate!
El espíritu volvió a ella, y en seguida se levantó.
Jesús ordenó que se le diera de comer.
Los padres de la niña quedaron asombrados, pero Él les ordenó que a nadie dijeran lo sucedido.
Estaba enfermo Lázaro de Betania, la aldea de las hermanas María y Marta.
Muerte de Lázaro
María, hermana de Lázaro, fue la que ungió al Señor con perfume y le secó los pies con sus cabellos. Las hermanas mandaron a decirle a Jesús: Señor, mira, el que amas está enfermo.
Cuando Jesús lo oyó, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios a fin de que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Pero cuando oyó que Lázaro estaba enfermo, a propósito permaneció dos días más donde estaba. Después dijo a sus discípulos: Regresemos a Judea.
Sus discípulos le contestaron: Maestro, hace poco los judíos intentaban apedrearte, ¿y otra vez volverás allá?
Jesús respondió: ¿No hay 12 horas en el día? Si alguno anda de día, no tropieza porque ve la luz de este mundo. Pero si alguno anda de noche, tropieza porque la luz no está en él.
Después les dijo: Nuestro amigo Lázaro durmió, pero voy a despertarlo.
Entonces sus discípulos le dijeron: Señor, si duerme sanará. Pero Jesús hablaba de la muerte de él, y ellos supusieron que hablaba del reposo del sueño.
Entonces Jesús les aclaró: Lázaro murió.
Domínio sobre a natureza
Jesus acalmou a tempestade, andou sobre as águas e multiplicou pães. A natureza obedece à voz do seu Criador.
Una tempestad
Cuando entró en la barca, sus discípulos lo siguieron. Surgió una gran tormenta en el mar, tan fuerte que las olas cubrían la barca. Él dormía.
Lo despertaron y le clamaron: ¡Señor, sálvanos porque perecemos!
Les respondió: ¡Hombres de poca fe! ¿Por qué temen? Se levantó, reprendió a los vientos y al mar, y se produjo una gran calma.
Los hombres asombrados decían: ¿Quién es Éste, a Quien aun los vientos y el mar le obedecen?
Al atardecer los discípulos se acercaron a Él y le dijeron: El lugar es solitario y la hora avanzada. Por tanto despide a la multitud para que vayan a las aldeas y compren su comida.
Jesús les dijo: No tienen necesidad de ir. Denles ustedes de comer.
Ellos le respondieron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces.
Entonces Él ordenó: Tráiganmelos acá. Mandó que la multitud se recostara sobre la hierba. Tomó los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo y los bendijo. Los partió y los dio a los discípulos, y los discípulos a la multitud.
Comieron todos y se saciaron. Recogieron lo que sobró: 12 cestos llenos. Eran como 5.000 varones, sin contar las mujeres y los niños.
En la cuarta vigilia de la noche Jesús fue hacia ellos y andaba sobre el mar.
Segunda multiplicación de panes y peces
Entonces Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: Tengo compasión de la muchedumbre, porque hace tres días están conmigo y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino.
Entonces los discípulos le preguntaron: ¿Dónde conseguiremos tantos panes en un lugar despoblado para saciar a una multitud tan grande?
Jesús les preguntó: ¿Cuántos panes tienen?
Y ellos contestaron: Siete, y unos pocos pececillos.
Mandó a la muchedumbre que se recostara sobre la tierra. Tomó los siete panes y los peces, dio gracias, partió y daba a los discípulos, y los discípulos a la multitud. Comieron todos y se saciaron, y recogieron siete canastas llenas de los trozos sobrantes. Los que comieron fueron 4.000 hombres, sin contar mujeres y niños.
El impuesto del Templo
Al llegar ellos a Cafarnaúm, los que cobraban las dos dracmas se acercaron a Pedro y dijeron: ¿Su Maestro no paga didracma?
Contestó: Sí.
Y al llegar a la casa, Jesús se le adelantó y preguntó: ¿Qué opinas, Simón? ¿De quiénes cobran impuestos o tributo los reyes de la tierra? ¿De sus hijos o de los extraños?
Y respondió: De los extraños.
Jesús le dijo: Entonces los hijos están exentos. Sin embargo, para que no los ofendamos, vé al mar, lanza un anzuelo y toma el primer pez que salga. Al abrir su boca, hallarás un didracma. Tómalo, vé, dáselo por Mí y por ti.
La higuera estéril
Muy de mañana, mientras subía a la ciudad, tuvo hambre. Al ver una higuera junto al camino, fue hacia ella, pero solo halló hojas. Entonces le dijo: Nunca jamás salga fruto de ti. Y al instante la higuera se secó.
Al ver esto, los discípulos se maravillaron y se preguntaban: ¿Cómo se secó al instante la higuera?
Jesús les respondió: En verdad les digo, si tienen fe y no dudan, no solo harán lo de la higuera, sino aun si a esta montaña dicen: Quítate y échate al mar, sucederá. Todo cuanto pidan en conversación con Dios, si lo creen, lo recibirán.
Pero se desató una gran tormenta de viento y las olas entraban en la barca, de tal modo que la barca se anegaba. Jesús dormía en la popa sobre una almohada.
Lo despertaron y le dijeron: ¡Maestro! ¿No te preocupa que perecemos?
Cuando lo despertaron, reprendió al viento y dijo al mar: ¡Calla! ¡Enmudece! Y el viento cesó y hubo una gran calma.
Entonces les preguntó: ¿Por qué tienen miedo? ¿Aún no tienen fe?
Tuvieron gran temor y se decían unos a otros: ¿Quién es Éste, que aun el viento y el mar le obedecen?
Cuando llegó una hora avanzada, sus discípulos acudieron a Él y le dijeron: El lugar es solitario, y la hora ha avanzado. Despídelos para que vayan a las villas y aldeas de alrededor, y compren qué comer.
Pero Él les respondió: Denles ustedes de comer.
Le preguntaron: ¿Quieres que vayamos y compremos 200 denarios de panes y les demos de comer?
Entonces Él les preguntó: ¿Cuántos panes tienen? Vayan, vean.
Y al averiguar, dijeron: Cinco, y dos peces.
Entonces mandó que todos se recostaran en grupos sobre la hierba. Se recostaron grupo por grupo de 100 y de 50. Tomó los cinco panes y los dos peces, miró hacia el cielo y dio gracias. Partió los panes y los peces, y los daba a los discípulos para que los sirvieran a ellos.
Todos comieron y quedaron satisfechos. Recogieron 12 cestos llenos de pedazos de pan y peces. Los que comieron fueron 5.000 hombres.
Alrededor de las cuatro de la madrugada, al verlos fatigados de tanto remar porque el viento les era contrario, Jesús llegó a ellos andando sobre el mar, y quería pasarlos.
Pero ellos, cuando lo vieron caminar sobre el mar, pensaron: ¡Es un fantasma! Y gritaron, porque todos lo vieron y se aterraron.
Pero inmediatamente Él les habló: Tengan ánimo. Soy Yo. ¡No tengan miedo! Subió a la barca y calmó el viento.
Se asombraron muchísimo,
Segunda multiplicación de panes y peces
En aquellos días, cuando de nuevo estaba presente una gran multitud que no tenían qué comer, Jesús dijo a sus discípulos: Tengo compasión de la multitud. Hace tres días están conmigo y no tienen qué comer. Si los envío en ayunas a su casa, se desmayarán en el camino, y algunos vinieron desde lejos.
Sus discípulos le preguntaron: ¿De dónde podrá alguno satisfacer de pan a éstos aquí en una región despoblada?
Y les preguntó: ¿Cuántos panes tienen?
Ellos dijeron: Siete.
Mandó a la multitud que se recostara en la tierra. Tomó los siete panes, dio gracias, los partió y daba a sus discípulos para que los sirvieran a la multitud. También tenían unos pececillos. Después de dar gracias, mandó que también los sirvieran.
Comieron y se saciaron. Recogieron siete canastas de la abundancia de trozos que sobraron. Comieron como 4.000 hombres.
Los despidió.
Una higuera estéril
Al día siguiente, cuando salieron de Betania, Jesús tuvo hambre. Al ver de lejos una higuera que tenía hojas, se acercó a ver si hallaba algún fruto, pero solo halló hojas porque no era tiempo de higos. Entonces Jesús dijo a la higuera: ¡De ahora en adelante para siempre, nadie coma fruto de ti!
Y sus discípulos escuchaban.
La higuera seca
Cuando pasaron por la mañana, vieron que la higuera se secó desde las raíces.
Pedro recordó y le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se secó.
Jesús respondió: Tengan fe en Dios. En verdad les digo: Cualquiera que diga a esta montaña: Quítate de ahí y pásate al mar, y no dude en su corazón, sino crea que lo que habla sucede, se le hará. Por tanto les digo: Hablen con Dios todas las cosas y pidan. Crean que las recibieron, y se les harán.
Cuando perseveren en la conversación con Dios, si tienen algo contra alguien, perdonen, para que también su Padre celestial les perdone sus transgresiones. [[
La pesca milagrosa
Jesús estaba en pie junto al lago Genesaret. La multitud se agolpó alrededor de Él para oír la Palabra de Dios. Entonces Él vio dos barcas a la orilla del lago y a los pescadores que lavaban las redes. Jesús entró en la barca de Simón y le pidió que la alejara un poco de la tierra. Luego se sentó y enseñaba a la multitud desde la barca.
Cuando terminó de hablar, le dijo a Simón: Lleva la barca a la parte honda y echen abajo sus redes para pescar.
Simón respondió: Maestro, hemos trabajado toda la noche y nada pescamos, pero en tu Palabra echaré las redes.
Cuando hizo esto, capturaron tantos peces que las redes se desgarraban. Llamaron a los compañeros de la otra barca para que los ayudaran. Llegaron y llenaron ambas barcas de tal modo que comenzaban a hundirse.
Al ver esto Simón se postró ante Jesús y exclamó: ¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador! Pues a causa de la gran pesca, un asombro lo dominó a él y a sus compañeros, así como a Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, socios de Simón.
Pero Jesús le dijo a Simón: No temas. Desde ahora serás pescador de hombres.
Después de llevar las barcas a la tierra, dejaron todo y lo siguieron.
Una tempestad
Un día Él entró en una barca con sus discípulos y les dijo: Pasemos al otro lado del lago. Y salieron al mar.
Pero mientras navegaban, se quedó dormido. Una tempestad de viento descendió sobre el lago. Eran anegados y tenían peligro.
Entonces lo despertaron y le dijeron: ¡Maestro, Maestro! ¡Perecemos!
Y Él reprendió el viento y las olas. Cesaron y hubo calma.
Les preguntó: ¿Dónde está su fe?
Atemorizados y asombrados, se preguntaban unos a otros: ¿Quién es Éste que aun manda a los vientos y al agua, y le obedecen?
Una tempestad
Un día Él entró en una barca con sus discípulos y les dijo: Pasemos al otro lado del lago. Y salieron al mar.
Pero mientras navegaban, se quedó dormido. Una tempestad de viento descendió sobre el lago. Eran anegados y tenían peligro.
Entonces lo despertaron y le dijeron: ¡Maestro, Maestro! ¡Perecemos!
Y Él reprendió el viento y las olas. Cesaron y hubo calma.
Les preguntó: ¿Dónde está su fe?
Atemorizados y asombrados, se preguntaban unos a otros: ¿Quién es Éste que aun manda a los vientos y al agua, y le obedecen?
Un endemoniado geraseno
Navegaron hacia la región de los gerasenos, en la ribera opuesta a Galilea.
El día comenzó a declinar. Los 12 se acercaron y le dijeron: Despide a la multitud para que vayan a las aldeas y granjas de alrededor y busquen alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar despoblado.
Pero les dijo: Denles ustedes de comer.
Ellos respondieron: No tenemos sino cinco panes y dos peces, a menos que nosotros vayamos y compremos comida para todo este pueblo. Porque eran como 5.000 hombres.
Entonces mandó a sus discípulos: Que se reclinen en grupos de 50.
Así lo hicieron y reclinaron a todos.
Él tomó los cinco panes y los dos peces, miró al cielo y los bendijo. Partió en pedazos y daba a los discípulos para que los sirvieran a la multitud.
Todos comieron y se saciaron.
Recogieron lo que les sobró: 12 cestos de pedazos.
Una boda en Caná de Galilea
Tres días después se celebró una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos también fueron invitados a la boda.
Cuando se acabó el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino.
Jesús le respondió: Mujer, ¿qué nos toca a Mí y a ti? Aún no llega mi hora.
Su madre dijo a los que servían: Hagan lo que Él les diga.
Estaban allí colocadas seis tinajas de piedra con agua que usaban para purificarse. Cada una tenía capacidad como para cien litros.
Jesús les mandó: Llenen las tinajas de agua.
Y las llenaron hasta el borde.
También les dijo: Ahora saquen agua y lleven al director de la fiesta.
Y se la llevaron.
Cuando el director de la fiesta probó el agua convertida en vino sin saber de donde salió, aunque los servidores lo sabían, llamó al esposo y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando estén embriagados, el inferior. Pero tú guardaste el buen vino hasta ahora.
Jesús realizó este primer milagro en Caná de Galilea, donde manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en Él.
Esto decía para probarlo, porque Él sabía lo que iba a hacer.
Felipe le respondió: 200 denarios de pan no son suficientes para que cada uno reciba un poco.
Andrés, uno de sus discípulos, hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí está un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces. Pero, ¿qué es esto para tantos?
Jesús dijo: Manden que todos se recuesten. Había mucha hierba en el lugar.
Entonces se reclinaron como 5.000 hombres.
Luego Jesús tomó los panes y los peces, dio gracias y los repartió a los reclinados. Les dio cuanto querían.
Cuando se saciaron dijo a sus discípulos: Recojan los pedazos que sobraron para que nada se pierda.
Recogieron y llenaron 12 cestos con los pedazos que les sobraron de los cinco panes de cebada.
Después de remar como cuatro o cinco kilómetros, vieron a Jesús Quien andaba sobre el mar y se acercaba a la barca. Se aterrorizaron.
Pero Él les dijo: ¡Yo soy, no teman!
Entonces quisieron recibirlo en la barca, y enseguida la barca atracó en la tierra a donde iban.
Una gran pesca
Después de esto, Jesús apareció otra vez a los discípulos junto al mar de Tiberias.
Apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás el Dídimo, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos de sus discípulos.
Simón Pedro les dijo: Voy a pescar.
Le respondieron: Vamos también contigo.
Entraron en la barca, pero aquella noche nada pescaron.
Al amanecer, Jesús apareció en la playa. Sin embargo, los discípulos no sabían que era Jesús.
Entonces Jesús les preguntó: Hijitos, ¿tienen algo para comer?
Le respondieron: No.
Él les dijo: Echen la red a la derecha de la barca y hallarán.
La echaron y ya no podían arrastrarla por la gran cantidad de peces que contenía.
Entonces el discípulo a quien Jesús amaba, dijo a Pedro: ¡Es el Señor!
Cuando Simón Pedro oyó: Es el Señor, se ató el manto externo, pues se había despojado de él, y se lanzó al mar.
Los otros discípulos llegaron en la barquilla y arrastraban la red de los peces, pues estaban como a 90 metros de la tierra. Al desembarcar, vieron brasas con un pescado encima, y pan.
Jesús les ordenó: Traigan unos peces de los que acaban de pescar.
Simón Pedro subió y arrastró la red llena de grandes peces a tierra. Eran 153. Aunque eran tantos, la red no se rompió.
Libertações
Jesus expulsou demônios com autoridade. Os espíritos impuros não resistiam à sua palavra e saíam imediatamente.
El esclavo de un centurión
Cuando Él entró en Cafarnaúm se le acercó un centurión. Le rogó: Señor, mi esclavo está paralítico tendido en la casa, gravemente atormentado.
Le respondió: Yo iré y lo sanaré.
Pero el centurión le contestó: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Pero solo dí la palabra, y mi esclavo sanará. Porque yo también estoy bajo autoridad. Tengo soldados sometidos a mí. Digo a éste: Vé, y va; y a otro: Ven, y viene; y a mi esclavo: Haz esto, y lo hace.
Cuando Jesús lo oyó, se maravilló y dijo a sus seguidores: En verdad les digo: Ni en Israel hallé tanta fe.
Les digo que muchos vendrán del oriente y del occidente, y se reclinarán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino celestial, pero los hijos del reino serán lanzados a la oscuridad de afuera. Allí será el llanto y el crujido de los dientes.
Entonces Jesús dijo al centurión: Vé, que te sea hecho como creíste.
Y el esclavo fue sanado en aquella hora.
Dos endemoniados de Gadara
Al llegar a la otra orilla, a la región de los gadarenos, dos endemoniados tan furiosos que nadie podía pasar por allí, salieron de los sepulcros y fueron a encontrarse con Él.
De repente gritaron: ¿Qué tienes con nosotros, Hijo de Dios? ¿Llegaste aquí para atormentarnos antes de tiempo?
Lejos de ellos había una piara de muchos cerdos. Los demonios le rogaban: Si nos echas, envíanos a la piara de los cerdos.
Les contestó: Vayan.
Y cuando ellos salieron, fueron a los cerdos. Toda la piara se despeñó por el acantilado al mar y murieron en las aguas.
Los que los apacentaban huyeron, fueron a la ciudad y contaron todo lo que pasó con los endemoniados. Toda la ciudad salió a encontrar a Jesús. Al verlo le rogaron que saliera de sus alrededores.
Un mudo endemoniado
Al salir ellos, le llevaron un hombre mudo endemoniado. Cuando echó fuera el demonio, el mudo habló, y la multitud, asombrada, exclamó: ¡Nunca se vio algo semejante en Israel!
Beelzebul
Entonces le llevaron un endemoniado ciego y mudo. Lo sanó de manera que el mudo hablaba y veía.
La fe de una extranjera
Al salir de allí Jesús fue a la región de Tiro y Sidón. Vio a una mujer cananea que salía de aquellos lugares y clamaba: ¡Hijo de David, ten compasión de mí, Señor! Mi hija está horriblemente endemoniada.
Pero Él no le respondió.
Entonces sus discípulos se le acercaron y le rogaban: Despídela, porque grita detrás de nosotros.
Entonces Él respondió: No fui enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
Pero ella se acercó, se postró ante Él y le rogó: ¡Señor, ayúdame!
Él respondió: No está bien tomar el pan de los hijos y echar lo a los perrillos.
Entonces ella dijo: Sí, Señor, pero aun los perrillos comen las migajas que caen de la mesa de sus amos.
Jesús le respondió: ¡Oh mujer, grande es tu fe! Que se haga contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquel momento.
Liberación de un lunático
Cuando llegó al gentío, un hombre se le acercó, se arrodilló ante Él y le dijo: Señor, ten compasión de mi hijo, pues es lunático y padece severamente. Porque muchas veces cae en el fuego y en el agua. Lo traje a tus discípulos, pero no fueron capaces de sanarlo.
Jesús respondió: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo los soportaré? ¡Tráiganlo acá! Jesús lo reprendió y el demonio salió de él. El muchacho fue sanado desde aquel momento.
Un hombre que tenía un espíritu impuro estaba en la congregación y gritaba: ¿Qué nos pasa a Ti y a mí, Jesús nazareno? ¿Vienes a destruirnos? ¡Sé Quién eres: El Santo de Dios!
Pero Jesús lo reprendió: ¡Enmudece y sal de él!
El espíritu impuro lo convulsionó, gritó a gran voz y salió de él.
Un endemoniado geraseno
Fueron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos. Cuando Jesús salió de la barca, un hombre que tenía un espíritu impuro fue a Él desde los sepulcros. Éste vivía en las tumbas. Nadie podía atarlo, ni siquiera con cadena, porque muchas veces lo ataban con grillos y cadenas, y los rompía. Nadie podía someterlo. Continuamente, de noche y de día, estaba en los sepulcros y las montañas. Daba alaridos y se hería con piedras.
Cuando vio de lejos a Jesús, corrió, cayó delante de Él y clamó a gran voz: ¿Qué nos pasa a mí y a Ti, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? ¡Te imploro por Dios que no me atormentes!
Pues Jesús le decía: ¡Sal del hombre, espíritu impuro! Y le preguntó: ¿Cómo te llamas?
Le respondió: Me llamo Legión, porque somos muchos. Le rogaba mucho que no lo enviara fuera de la región.
Cerca de la montaña había una gran piara de cerdos. Le rogaron: Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos. Jesús les permitió. Al salir los espíritus impuros, entraron en los cerdos. La piara, que era como 2.000, corrió por el acantilado al mar y se ahogaron.
Los que apacentaban los cerdos huyeron e informaron en la ciudad y en los campos. Y la gente fue a ver lo sucedido.
Pero ustedes dicen: Si un hombre dice al padre o a la madre: Cualquier cosa mía que te fuera beneficiosa es corbán, es decir, una ofrenda, ya nada le dejan hacer para ayudar a su padre o a su madre. Así invalidan la Palabra de Dios con su tradición que transmitieron, y hacen muchas cosas semejantes a éstas.
Lo que contamina
Al llamar otra vez a la multitud, les dijo: Escúchenme y entiendan todos: Nada de lo que viene de afuera puede contaminar al hombre, pero las cosas que salen del hombre lo contaminan. [[
Fe de una extranjera
De allí Él fue a la región de Tiro y entró en una casa. Quería que nadie lo supiera, pero no pudo quedar oculto.
Una mujer cuya hijita tenía un espíritu impuro supo con respecto a Él. De inmediato llegó y se postró a sus pies. La mujer era griega, de nacimiento sirofenicio. Le rogó que echara fuera el demonio de su hijita.
Pero Jesús le dijo: Deja que los hijos se sacien primero, porque no es bueno tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos.
Pero ella contestó: Señor, también los perrillos comen las migajas que caen debajo de la mesa de los hijos.
Él le respondió: Por lo que dijiste, vé. El demonio salió de tu hija.
Al llegar a su casa, halló a la niña acostada en la cama y el demonio había salido.
Uno de la multitud le respondió: Maestro, te traje a mi hijo que tiene un espíritu mudo. Lo derriba dondequiera que lo ataca, echa espumarajos, cruje los dientes y se pone rígido. Rogué a tus discípulos que lo echaran, pero no pudieron.
Él respondió: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo.
Lo llevaron ante Él. Cuando el espíritu lo vio, en seguida lo convulsionó. Al caer en la tierra, se revolcaba y echaba espumarajos.
Preguntó a su padre: ¿Desde cuándo le sucede esto? Y él respondió: Desde niño. Muchas veces también lo echaba al fuego y al agua para destruirlo. Pero, si algo puedes hacer, ayúdanos. Ten compasión de nosotros.
Jesús le preguntó: ¿Si puedes? ¡Todas las cosas son posibles para el que cree!
De inmediato el padre del muchacho clamó: ¡Creo! ¡Ayuda mi falta de fe!
Entonces Jesús, cuando vio que una multitud se reunía de golpe, reprendió al espíritu impuro y dijo: Espíritu mudo y sordo. Yo te mando: ¡Sal de él y no entres más en él!
Después de gritar y convulsionar mucho, salió. Y éste quedó como muerto, de manera que decían: ¡Está muerto!
Pero Jesús, lo tomó de la mano, lo enderezó y lo levantó.
La suegra de Pedro
Cuando salió de la congregación, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba atormentada por una gran fiebre y le rogaron por ella. Se inclinó hacia ella, reprendió la fiebre y la sanó. De inmediato, se levantó y les servía.
Llegaron a la tierra.
De la ciudad les salió al encuentro un varón que tenía demonios, y por mucho tiempo no llevaba ropa ni vivía en una casa, sino entre las tumbas.
Cuando vio a Jesús, se postró ante Él y clamó con gran voz: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te ruego que no me atormentes.
Porque mandaba al espíritu impuro que saliera del hombre, pues por mucho tiempo se había apoderado de él violentamente. Lo ataban con cadenas y grillos, y lo mantenían bajo guardia. Al romper las cadenas era impulsado por el demonio hacia los lugares desolados.
Jesús le preguntó: ¿Cómo te llamas?
Y él respondió: Legión, porque muchos demonios entraron en él. Le rogaban que no los mandara al abismo.
Había allí una piara de muchos cerdos que eran atendidos en la colina. Y le rogaron que les permitiera entrar en ellos, y les permitió.
Entonces, al salir los demonios del hombre, entraron en los cerdos. La piara salió precipitada por el despeñadero al lago y se ahogó.
Al ver lo sucedido, los que cuidaban los cerdos huyeron e informaron en la ciudad y por las granjas.
Salieron a ver lo sucedido y fueron a Jesús. Hallaron al hombre de quien salieron los demonios vestido y en su juicio cabal, sentado a los pies de Jesús. Y se llenaron de temor.
Transfiguración
En verdad les digo que algunos de los que están aquí, que de ningún modo sufran muerte hasta que vean el reino de Dios.
Unos ocho días después de estas palabras, Jesús tomó a Pedro, Juan y Jacobo y subió a la montaña a hablar con Dios.
Mientras Él hablaba con Dios, su rostro cambió y su ropa se volvió blanca y resplandeciente. Súbitamente aparecieron Moisés y Elías, dos varones quienes le hablaban. Aparecieron en esplendor y hablaban de la partida de Él que iba a cumplir en Jerusalén.
Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero al permanecer despiertos, vieron su gloria y a los dos varones que estaban con Él. Cuando ellos se iban, Pedro, sin saber lo que expresaba, dijo a Jesús: Maestro, bueno es que nos quedemos aquí, y que hagamos tres enramadas: una para Ti, una para Moisés y una para Elías.
y un hombre clamó: Maestro, te suplico que veas a mi hijo unigénito. Porque un espíritu lo toma, de repente da alaridos, lo convulsiona, le hace daño y no se aparta de él. Rogué a tus discípulos que lo echaran fuera, pero no pudieron.
Jesús respondió: ¡Oh generación incrédula y depravada! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Trae acá a tu hijo.
Cuando él llegaba, el demonio lo tiró al suelo y lo convulsionó.
Pero Jesús reprendió al espíritu impuro, sanó al muchacho y lo devolvió a su padre.
Todos estaban asombrados de la grandeza de Dios.
Otro anuncio de su muerte
Mientras admiraban las cosas que hacía, Jesús dijo a sus discípulos:
La casa dividida
Jesús echó fuera un demonio mudo.
Al salir el demonio, el mudo habló, y la multitud quedó asombrada.
Uno de ellos atacó al esclavo del sumo sacerdote y le amputó la oreja derecha.
Entonces Jesús dijo: ¡Permitan aun esto! Y al agarrar la oreja, lo sanó.
El profeta más grande
Cuando salieron los mensajeros de Juan, preguntó a la multitud con respecto a él: ¿Qué salieron a ver en el lugar despoblado? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿Pero qué salieron a ver? ¿A un hombre vestido con ropas finas? Saben que los que tienen ropa espléndida y viven en deleites están en los palacios reales.
¿Pero qué salieron a ver? ¿A un profeta? Sí, les digo, y mucho más que un profeta. Éste es aquél de quien está escrito:
Envío mi mensajero delante de Ti Quien aparejará tu camino.
Les digo que entre los nacidos de mujeres, ninguno es mayor que Juan, pero el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él.
Todo el pueblo y los publicanos que oyeron y fueron bautizados por Juan reconocieron la justicia de Dios. Pero los fariseos y los doctores de la Ley rechazaron el plan de Dios para ellos al no ser bautizados por él.