Órfãos
Perder a referência de um pai deixa uma marca profunda de desamparo na vida de qualquer pessoa. Na Bíblia, o Criador se revela de maneira muito firme como Aquele que toma a responsabilidade de ser a família de quem ficou sozinho. Ele olha para a fragilidade humana com um amor prático, que se importa com a justiça e com a proteção dos vulneráveis.
Essa postura divina não fica apenas no sentimento, pois ela transborda para o comportamento de quem decide seguir os caminhos do Senhor. A Escritura mostra repetidas vezes que o cuidado com os desamparados é um reflexo direto da fé genuína. Quando você lê o que Deus diz sobre os que não têm amparo, descobre um convite claro para refletir essa mesma compaixão no dia a dia.
Deus tem um cuidado especial pelos órfãos. Ele se apresenta como pai dos que não têm pai e defensor dos desamparados, e ordena a seu povo que faça o mesmo.
Deus, pai dos órfãos
O Senhor é pai dos órfãos e protetor das viúvas. Ele sustenta os que perderam amparo humano e cuida deles com ternura.
Cantad á Dios, cantad salmos á su nombre: Ensalzad al que sube sobre los cielos En JAH su nombre, y alegraos delante de él. Padre de huérfanos y defensor de viudas, Es Dios en la morada de su santuario:
Jehová guarda á los extranjeros; Al huérfano y á la viuda levanta; Y el camino de los impíos trastorna.
Defended al pobre y al huérfano: Haced justicia al afligido y al menesteroso.
No os dejaré huérfanos: vendré á vosotros.
O chamado da justiça
A religião pura é visitar órfãos e viúvas em suas aflições. Deus ordena a defesa do necessitado e o cuidado com os mais frágeis.
La religión pura y sin mácula delante de Dios y Padre es esta: Visitar los huérfanos y las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha de este mundo.
Aprended á hacer bien: buscad juicio, restituid al agraviado, oid en derecho al huérfano, amparad á la viuda.
Así habló Jehová de los ejércitos, diciendo: Juzgad juicio verdadero, y haced misericordia y piedad cada cual con su hermano:
No agraviéis á la viuda, ni al huérfano, ni al extranjero, ni al pobre; ni ninguno piense mal en su corazón contra su hermano.
A ninguna viuda ni huérfano afligiréis.
Que si tú llegas á afligirle, y él á mí clamare, ciertamente oiré yo su clamor;
Y mi furor se encenderá, y os mataré á cuchillo, y vuestras mujeres serán viudas, y huérfanos vuestros hijos.
Porque libraba al pobre que gritaba, Y al huérfano que carecía de ayudador.
La bendición del que se iba á perder venía sobre mí; Y al corazón de la viuda daba alegría.
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