Roupas
A Bíblia fala sobre roupas em sentido literal e espiritual. Deus vestiu Adão e Eva, nos veste de salvação e nos chama a revestir-nos de Cristo e de virtudes santas.
Deus provê as vestes
Desde o Éden, Deus cuidou das necessidades dos seus filhos. Ele nos veste de salvação e de justiça, cobrindo nossa vergonha com sua graça.
Tan pronto lo comieron, se dieron cuenta de que estaban desnudos y sintieron vergüenza. Entonces cosieron hojas de higuera para cubrir su desnudez.
Dios el Señor hizo túnicas de pieles de animales, y con ellas vistió al hombre y a su mujer.
Dice el profeta: ¡Dejen que les cuente la felicidad que Dios me ha dado! Me ha cubierto con vestiduras de salvación y me ha puesto un manto de justicia. Soy como novio vestido para celebrar la boda o como una novia enjoyada para el desposorio.
Revestidos de Cristo
Pelo batismo, somos revestidos de Cristo. A Bíblia nos exorta a vestir compaixão, bondade, humildade, mansidão e paciência.
Ahora todos ustedes son hijos de Dios por medio de la fe en Cristo Jesús. Porque todos los que han sido bautizados en Cristo, se han revestido de él.
Por cuanto Dios los escogió y son santos y amados, practiquen con sinceridad la compasión y la bondad. Sean humildes, amables y buenos.
El que salga vencedor recibirá ropa blanca; no borraré su nombre del libro de la vida sino que reconoceré su nombre ante mi Padre y ante sus ángeles.
Modéstia e confiança
A beleza verdadeira não está no exterior. A Escritura valoriza o caráter interior acima de adornos e nos ensina a não nos preocupar excessivamente com roupas.
que las mujeres, igualmente, se vistan y se comporten decente, modesta y recatadamente. La mujer ha de resaltar no por la manera ostentosa en que se arregle el cabello, ni por el lujo de sus joyas o vestidos; más bien debe adornarse con buenas acciones, tal como debe ser con las mujeres que dicen servir a Dios.
No busquen ustedes la belleza externa que producen adornos tales como peinados exagerados, joyas de oro y vestidos lujosos. Procuren más bien la belleza pura, la que viene de lo íntimo del corazón y que consiste en un espíritu afectuoso y tranquilo. Esta es la que tiene valor delante de Dios.
»Por ello les aconsejo que no se preocupen por la comida, la bebida o la ropa. ¡Es mucho más importante tener vida y un cuerpo, que tener qué comer y qué vestir!
Después de todo, nada trajimos a este mundo y nada podremos llevarnos. Así que, mientras tengamos ropa y comida, debemos estar contentos.
»Cuídense de los falsos maestros que se les acercan disfrazados de ovejas, pero en realidad son lobos capaces de destrozarlos.
Mientras, se habían juntado miles de personas, tantas que se atropellaban unas a otras. Jesús comenzó a hablar y les dijo primero a sus discípulos: «Cuídense de la levadura de los fariseos, o sea, de su hipocresía. Porque no hay nada encubierto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a conocerse. Lo que ustedes hayan dicho en la oscuridad se conocerá a plena luz, y lo que hayan dicho en secreto, a puerta cerrada, se publicará desde las azoteas.
»A ustedes, mis amigos, les digo que no tengan miedo de los que matan el cuerpo, porque eso es todo lo que les pueden hacer. Les diré a quién deben de temer: teman al que, después de quitar la vida, tiene poder para echarlos al infierno. A él sí que le deben temer. ¿No se venden cinco pajarillos por dos moneditas? Sin embargo, Dios no se olvida de ninguno de ellos. Así pasa con ustedes: hasta los cabellos de su cabeza están contados. No tengan miedo, pues ustedes valen más que muchos pajarillos.
»Les aseguro que al que me reconozca públicamente, lo reconoceré en la presencia de los ángeles de Dios. Pero negaré delante de los ángeles a aquellos que me nieguen delante de la gente. Cualquiera que diga algo contra el Hijo del hombre será perdonado, pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no será perdonado.
»Cuando los lleven a las sinagogas y ante los gobernantes y las autoridades, no se preocupen por lo que tengan que decir o de cómo vayan a defenderse, porque el Espíritu Santo les enseñará en ese momento lo que deben decir».
Uno de entre la gente le dijo:
—Maestro, dile a mi hermano que comparta la herencia conmigo.
Jesús le respondió:
—Hombre, ¿quién me ha puesto a mí de juez o árbitro entre ustedes?
Y le dijo a la gente:
—Tengan cuidado y dejen toda avaricia. La vida de una persona no depende de las muchas cosas que posea.
Entonces les contó esta parábola:
—Un hombre rico tenía un terreno que le había producido muy buena cosecha. Y se puso a pensar: "¿Qué haré? No tengo dónde guardar mi cosecha". Después de pensarlo dijo: "Ya sé lo que haré. Derribaré mis graneros y construiré unos más grandes, donde pueda guardar toda mi cosecha y mis bienes. Entonces diré: Alma mía, ya tienes muchas cosas buenas guardadas para muchos años. Descansa, come, bebe y disfruta de la vida". Pero Dios le dijo: "¡Necio! Esta misma noche perderás la vida. ¿Y quién disfrutará de todo lo que has guardado?".
»Así le sucede al que acumula riquezas para sí mismo, pero no es rico delante de Dios».
Después Jesús les aconsejó a sus discípulos:
—Por eso les digo: No se preocupen por su vida, qué van a comer; ni por su cuerpo, con qué se van a vestir. La vida tiene más valor que la comida y el cuerpo más que la ropa. Miren a los cuervos, que no siembran ni cosechan ni tienen almacén ni granero y sin embargo, Dios los alimenta. ¡Ustedes valen mucho más que las aves! ¿Quién de ustedes, por mucho que se afane, puede alargar su vida una hora más? Si no pueden hacer esto tan sencillo, ¿por qué se preocupan por lo demás?
»Fíjense cómo crecen los lirios, que no trabajan ni hilan. Y yo les digo que ni siquiera Salomón con toda su riqueza se vistió como uno de ellos. Si Dios viste así a las flores que hoy están aquí y mañana las queman en el horno, ¡cómo no hará más por ustedes, gente de poca fe! Y no se preocupen por qué van a comer o a beber; no se angustien. La gente que no conoce a Dios se preocupa por estas cosas, pero el Padre sabe que ustedes las necesitan. Ustedes busquen, antes que nada, el reino de Dios, y recibirán también estas cosas.
»No tengan miedo, mi pequeño rebaño, porque el Padre de ustedes, en su bondad, quiere darles el reino. Vendan lo que tienen, y den a los pobres. Hagan para ustedes bolsas que no se desgasten; guarden en el cielo un tesoro que no se acabe. Allí no hay ladrón que robe ni polilla que destruya. Donde ustedes tengan su tesoro, allí tendrán también su corazón.
»Estén siempre listos, con la ropa bien ajustada y la lámpara encendida, como los sirvientes que esperan a que su señor regrese de un banquete de bodas, para abrirle la puerta en el momento en que él llegue y toque. Dichosos los sirvientes a los que su señor encuentre atentos a su llegada. Les aseguro que se ajustará la ropa, hará que los sirvientes se sienten a la mesa y él mismo se pondrá a servirles. Dichosos los sirvientes a los que su señor encuentre preparados sin importar si llega a la media noche o de madrugada. Dense cuenta de esto: Si el dueño de una casa supiera la hora a la que va a llegar el ladrón, estaría atento para no dejarlo entrar. Así ustedes estén siempre preparados, porque el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperen».
Pedro le preguntó:
—Señor, ¿a quién le cuentas esta parábola?, ¿sólo a nosotros o también a todos los demás?
El Señor le respondió:
—¿Quién es el mayordomo fiel y atento al que su señor deja encargado de los otros sirvientes para darles la comida a tiempo? Dichoso el sirviente al que su señor, al regresar, encuentra cumpliendo con su deber. Les aseguro que lo pondrá a cargo de todos sus bienes. Pero si el sirviente piensa: "Mi señor va a tardar en volver", y comienza a golpear a los criados y a las criadas, y a comer y a beber y a emborracharse, se verá en serios problemas. Cuando vuelva su señor, el día y a la hora que el sirviente menos se lo espera, lo castigará con un castigo tan grande como el que se les da a los incrédulos.
»El sirviente que sabe lo que quiere su señor y no se prepara para hacerlo, recibirá muchos golpes. Pero el que no lo sabe y hace algo que merezca castigo, recibirá pocos golpes. A todo el que se le da mucho, también mucho se le exigirá; y al que mucho se le confía mucho más se le pedirá.
»He venido a traer fuego a la tierra, y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! Pero todavía tengo que pasar por la prueba de un bautismo, y ¡cuánto sufro hasta que se cumpla! ¿Creen ustedes que vine a traer paz a la tierra? ¡No! Vine a traer división. De ahora en adelante estarán divididos cinco en una familia, tres contra dos, y dos contra tres. Estarán divididos el padre contra su hijo y el hijo contra su padre, la madre contra su hija y la hija contra su madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra su suegra».
Luego Jesús le dijo a la gente:
—Cuando ustedes ven una nube que se forma en el occidente, dicen: "Va a llover"; y así sucede. Y cuando sopla el viento del sur, dicen: "Va a hacer calor"; y así sucede. ¡Hipócritas! Saben interpretar el aspecto del cielo y de la tierra, pero no saben interpretar este tiempo presente.
»¿Por qué no juzgan por ustedes mismos lo que es correcto? Si tienes que ir ante la autoridad con alguien que te ha acusado, trata de reconciliarte con él mientras van en camino. Hazlo antes que te lleve por la fuerza ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y el guardia te meta en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que pagues el último centavo».
Juan usaba ropa hecha de pelo de camello y se la sujetaba con un cinto de cuero. Su alimentación consistía en langostas del desierto y miel silvestre.