18Inclina tu oído, Dios mío, y escucha. Abre tus ojos y mira nuestras desolaciones y la ciudad sobre la cual se invoca tu nombre; pues no es por nuestros propios méritos9:18 Lit., nuestras justicias que presentamos9:18 Lit., hacemos caer nuestras súplicas delante de ti, sino por tu gran compasión.
19¡Oh Señor, escucha! ¡Señor, perdona! ¡Señor, atiende y actúa! ¡No tardes, por amor de ti mismo, Dios mío! Porque tu nombre se invoca sobre tu ciudad y sobre tu pueblo.
21todavía estaba yo hablando en oración, cuando Gabriel, el hombre a quien había visto en la visión al principio, se me acercó, estando yo muy cansado9:21 Lit., cansado con cansancio; otra posible lectura es: se me acercó volando velozmente, como a la hora de la ofrenda de la tarde.