2 Un hombre que tenía una enfermedad en la piel se acercó, se arrodilló delante de él y suplicó:
—Señor, si quieres, puedes limpiarme.
3 Jesús extendió la mano y tocó al hombre.
—Sí, quiero —le dijo—. ¡Queda limpio!
Y al instante quedó sano8:3 sano. Lit. limpio. de la enfermedad en la piel.
4 —Mira, no se lo digas a nadie —le dijo Jesús—; solo ve, preséntate al sacerdote y lleva la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio.
La fe del centurión
8:5-13 – Lc 7:1-10