4 Para destruir las fortalezas del mal, no empleamos armas humanas, sino las armas del poder de Dios. 5 Así podemos destruir la altivez de cualquier argumento y cualquier muralla que pretenda interponerse para que el hombre conozca a Dios. De esa manera, hacemos que todo tipo de pensamiento se someta para que obedezca a Cristo.
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