2 cuando, de pronto, un leproso se le acercó y se puso de rodillas ante él.
—Señor —suplicó el leproso—, si quieres, puedes curarme.
3 Jesús, extendiendo la mano, lo tocó y le dijo:
—Quiero. ¡Ya estás curado!
E instantáneamente la lepra desapareció.
4 —No te detengas a conversar con nadie —le ordenó entonces Jesús—. Ve en seguida a que el sacerdote te examine y presenta la ofrenda que requiere la ley de Moisés, para que les conste que ya estás bien.