4 —Bien, ¿qué podemos hacer? —preguntó el rey.
Elevé una oración al Dios del cielo pidiendo su ayuda, y le contesté al rey:
—Si agrada a Su Majestad, y si en verdad usted quiere ayudarme, envíeme a Judá, para reconstruir la ciudad de mis padres.
8 Y otra carta para Asaf, administrador de los bosques del rey, para que me dé madera para reparar las puertas de la fortaleza que está junto al templo, para las murallas de la ciudad, y para mi propia casa.
El rey me concedió todas estas peticiones, porque Dios me estaba prestando su benigna ayuda.