8 Pero después de comenzado el viaje de regreso, Noemí dijo a sus dos nueras:
—¿Por qué no regresan mejor a casa de sus padres? Quizás Dios las recompense por la fidelidad que han mostrado a sus maridos y a mí. 9 Tal vez él las bendiga y les conceda que tengan otro matrimonio feliz.
Y las besó. Pero ellas se pusieron a llorar.
10 —No —dijeron—. Queremos ir contigo y vivir en tu pueblo.
11 Pero Noemí replicó:
—Es mejor que regresen a su pueblo. Yo no voy a tener más hijos que puedan casarse con ustedes.1.11 Los padres solían retener a la nuera viuda en la familia casándola con un hermano menor de su exmarido. Véase Deuteronomio 25.5-10. 12 No, hijas mías, regresen a casa de sus padres, porque yo soy demasiado vieja para tener marido. Y aun si ello fuera posible, y yo pudiera concebir esta noche y dar a luz hijos, 13 ¿esperarían ustedes a que ellos crecieran? No, por supuesto que no, queridas hijas mías. ¡No saben cuánto siento que el Señor me haya castigado de esta manera y que esto les cause dolor!
14 Nuevamente se pusieron a llorar, y Orfa besó a su suegra para despedirse, y regresó a su pueblo natal. Sin embargo, Rut siguió junto a Noemí.