3 Que la belleza de ustedes no dependa de lo externo, es decir, de peinados elegantes, adornos de oro o vestidos lujosos,1 Ti 2.9.
4 sino de lo interno, del corazón, de la belleza incorruptible de un espíritu cariñoso y sereno, pues este tipo de belleza es muy valorada por Dios.