Testificando de Cristo
3 Doy gracias a Dios, a quien, como mis antepasados, sirvo con limpia conciencia, de que siempre, día y noche, me acuerdo de ti en mis oraciones.
4 Al acordarme de tus lágrimas siento deseos de verte, para llenarme de gozo;
5 pues me viene a la memoria la fe sincera que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madreHch 16.1. Eunice, y estoy seguro de que habita en ti también.