6 ancianos irreprensibles, maridos de una sola mujer y con hijos creyentes, que no estén acusados de libertinaje ni de rebeldía.
7 Porque es necesario que el obispo, como administrador de Dios, sea irreprensible, no soberbio ni enojoso, ni dado al vino, ni peleador, ni codicioso de ganancias deshonestas,
8 sino hospitalario, amante de lo bueno, sobrio, justo, santo, dueño de sí mismo,
9 apegado a la palabra fiel, tal y como ha sido enseñada, para que también pueda animar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen.1 Ti 3.2-7.