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Hebreos 8

6 Pero el trabajo que Dios le dio a Jesucristo, nuestro Jefe de sacerdotes, es mucho mejor, y por medio de él tenemos también un pacto mejor, porque en él Dios nos hace mejores promesas.

El antiguo pacto

7 Si el pacto que Dios hizo antes con el pueblo de Israel hubiera sido perfecto, no habría sido necesario un nuevo pacto. 8 Pero al ver Dios que el pueblo no le obedecía como él esperaba, dijo:

«Viene el día

en que haré un nuevo pacto

con el pueblo de Israel

y con el pueblo de Judá.

9 »En el pasado,

tomé de la mano a sus antepasados

y los saqué de Egipto,

y luego hice un pacto con ellos.

Pero no lo cumplieron,

y por eso no me preocupé más por ellos.

10 »Por eso, este será mi nuevo pacto

con el pueblo de Israel:

haré que mis enseñanzas

las aprendan de memoria,

y que sean la guía de su vida.

Yo seré su Dios,

y ellos serán mi pueblo.

Les juro que así será.

11 »Ya no hará falta

que unos sean maestros de otros,

y que les enseñen a conocerme,

porque todos me conocerán,

desde el más joven hasta el más viejo.

12 »Yo les perdonaré

todas sus maldades,

y nunca más me acordaré

de sus pecados.»

13 Cuando Dios habla de hacer con nosotros un nuevo pacto, es porque considera viejo el pacto anterior. Y lo que se considera viejo e inútil, ya está a punto de desaparecer.

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