2 Allí le trajeron a un hombre paralítico acostado en una estera. Cuando Jesús vio cuánto confiaban en él, le dijo al paralítico: "¡Anímate, amigo mío!9:2 Literalmente, "hijo". Tus pecados están perdonados".
3 En respuesta a esto, algunos de los maestros religiosos decían para sí mismos: "¡Está blasfemando!"
4 Pero Jesús sabía lo que ellos estaban pensando. Entonces les preguntó: "¿Por qué tienen pensamientos malvados en sus corazones? 5 ¿Qué es más fácil decir, ‘tus pecados están perdonados’, o ‘levántate y camina’? 6 Pero ahora, para convencerlos de que el Hijo del hombre tiene autoridad para perdonar pecados…" Dirigiéndose al hombre paralítico, le dijo: "¡Levántate, toma tu estera y vete a casa!" 7 El hombre se levantó y se fue a su casa.