15 Realmente no entiendo lo que hago. ¡Hago las cosas que no quiero hacer, y lo que odio hacer es precisamente lo que hago! 16 Pero si digo que hago lo que no quiero hacer, esto demuestra que yo admito que la ley es buena. 17 De modo que ya no soy yo quien hace esto, sino el pecado que vive en mí 18 porque yo sé que no hay nada bueno en mí en lo que tiene que ver con mi naturaleza humana pecaminosa. Aunque quiero hacer el bien, simplemente no puedo hacerlo. 19 ¡El bien que quiero hacer no lo hago; mientras que el mal que no quiero hacer es lo que termino haciendo! 20 Sin embargo, si hago lo que no quiero, entonces ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que vive en mí.
21 Este es el principio que he descubierto: si quiero hacer lo bueno, el mal también está siempre ahí. 22 Mi ser interior se deleita en la ley de Dios, 23 pero veo que hay una ley distinta que obra dentro de mí y que está en guerra con la ley que mi mente ha decidido seguir, convirtiéndome en un prisionero de la ley de pecado que está dentro de mí. 24 ¡Cuán miserable soy! ¿Quién me rescatará de este cuerpo que causa mi muerte?7:24 Literalmente, "cuerpo de muerte". ¡Gracias a Dios, porque él me salva a través de Jesucristo, nuestro Señor! 25 La situación es esta: Aunque yo mismo elijo en mi mente obedecer la ley de Dios, mi naturaleza humana obedece la ley del pecado.