Admiração
O temor do Senhor é o princípio da sabedoria. A admiração reverente por Deus é a postura que produz conhecimento, obediência e bênção na vida do crente.
La sabiduría comienza por honrar al Señor;
los necios desprecian la sabiduría y la instrucción.
(1.8—9.18)
La sabiduría comienza por honrar al Señor;
conocer al Santísimo es tener inteligencia.
El honrar al Señor instruye en la sabiduría;
para recibir honores, primero hay que ser humilde.
Más vale ser pobre y honrar al Señor,
que ser rico y vivir angustiado.
Honrar al Señor es odiar el mal.
Yo odio el orgullo y la altanería,
el mal camino y la mentira.
La humildad y la reverencia al Señor
traen como premio riquezas, honores y vida.
No te creas demasiado sabio;
honra al Señor y apártate del mal:
¡esa es la mejor medicina
para fortalecer tu cuerpo!
Los encantos son una mentira,
la belleza no es más que ilusión,
pero la mujer que honra al Señor
es digna de alabanza.
El discurso ha terminado. Ya todo ha sido dicho. Honra a Dios y cumple sus mandamientos, porque eso es el todo del hombre.
La mayor sabiduría consiste en honrar al Señor;
los que lo honran, tienen buen juicio.
¡Dios será siempre alabado!
¡Aleluya!
Feliz el hombre que honra al Señor
y se complace en sus mandatos.
1 (1b) Feliz tú, que honras al Señor
y le eres obediente.
Pero el Señor cuida siempre
de quienes lo honran y confían en su amor,
7 (8) ¡Que Dios nos bendiga!
¡Que le rinda honor el mundo entero!
2 (3.20) Pero para ustedes que me honran, mi justicia brillará como la luz del sol, que en sus rayos trae salud. Y ustedes saltarán de alegría como becerros que salen del establo.
»Y ahora, israelitas, ¿qué pide de ustedes el Señor su Dios? Solamente que lo honren y sigan todos sus caminos; que lo amen y lo adoren con todo su corazón y con toda su alma,y que cumplan sus mandamientos y sus leyes, para que les vaya bien.
4 (5) Sigan y honren solo al Señor su Dios; cumplan sus mandamientos, escuchen su voz y ríndanle culto; vivan unidos a él.
De esta manera el pueblo israelita seguía creciendo en número, y cada vez se hacía más poderoso. Además, como las parteras tuvieron temor de Dios, él las favoreció y les concedió una familia numerosa.
Así pues, queridos hermanos, estas son las promesas que tenemos. Por eso debemos mantenernos limpios de todo lo que pueda mancharnos, tanto en el cuerpo como en el espíritu; y en el temor de Dios procuremos alcanzar una completa santidad.
Denle a cada uno lo que le corresponde. Al que deban pagar contribuciones, páguenle las contribuciones; al que deban pagar impuestos, páguenle los impuestos; al que deban respeto, respétenlo; al que deban estimación, estímenlo.
Al amigo que sufre se le ama,
aun cuando no haya sido fiel al Todopoderoso.