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Milagres de Jesus

Por Bíblia Online

Os Evangelhos registram dezenas de milagres realizados por Jesus — curas, ressurreições, domínio sobre a natureza e libertações. Cada milagre revelava sua divindade e compaixão.

Curas de cegos e surdos

Jesus devolveu a visão aos cegos e a audição aos surdos, manifestando seu poder sobre toda enfermidade e deficiência.

Jesús sana a los ciegos y a los mudos

Al irse Jesús de allí, dos ciegos lo siguieron, gritándole:

¡Ten compasión de nosotros, Hijo de David!

Cuando entró en la casa, se le acercaron los ciegos, y él les preguntó:

¿Creen que puedo sanarlos?

, Señor le respondieron.

Entonces tocó sus ojos y les dijo:

Que se haga con ustedes conforme a su fe.

Y recobraron la vista. Jesús les advirtió con firmeza:

Asegúrense de que nadie se entere de esto.

Pero ellos salieron para divulgar por toda aquella región la noticia acerca de Jesús.

Una gran multitud seguía a Jesús cuando él salía de Jericó con sus discípulos. Dos ciegos que estaban sentados junto al camino, al oír que pasaba Jesús, gritaron:

¡Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros!

La multitud los reprendía para que se callaran, pero ellos gritaban con más fuerza:

¡Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros!

Jesús se detuvo y los llamó.

¿Qué quieren que haga por ustedes?

Señor, queremos recibir la vista.

Jesús se compadeció de ellos y tocó sus ojos. Al instante recobraron la vista y lo siguieron.

Jesús sana a un ciego en Betsaida

Cuando llegaron a Betsaida, algunas personas le llevaron un ciego a Jesús y le rogaron que lo tocara. Él tomó de la mano al ciego y lo sacó fuera del pueblo. Después de escupir en sus ojos y de poner las manos sobre él, le preguntó:

¿Puedes ver algo?

El hombre alzó los ojos y dijo:

Veo gente; parecen árboles que caminan.

Entonces le puso de nuevo las manos sobre los ojos, y el ciego fue curado; recobró la vista y comenzó a ver todo con claridad. Jesús lo mandó a su casa con esta advertencia:

No vayas a entrar en el pueblo.

La confesión de Pedro

8:27-29 Mt 16:13-16; Lc 9:18-20

Luego regresó Jesús de la región de Tiro y se dirigió por Sidón al lago de Galilea, internándose en la región de Decápolis. Allí le llevaron un sordo tartamudo y suplicaron que pusiera la mano sobre él.

Jesús lo apartó de la multitud para estar a solas con él, puso los dedos en sus oídos y tocó su lengua con saliva.Luego, mirando al cielo, suspiró profundamente y dijo: «¡Efatá!», que significa «¡Ábrete!». Con esto, se le abrieron los oídos al hombre, se destrabó su lengua y comenzó a hablar normalmente.

Jesús les ordenó que no se lo dijeran a nadie, pero, cuanto más se lo prohibía, tanto más lo seguían propagando. La gente estaba sumamente asombrada y decía: «Todo lo hace bien. Hasta hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

Después llegaron a Jericó. Más tarde, salió Jesús de la ciudad acompañado de sus discípulos y de una gran multitud. Un mendigo ciego llamado Bartimeo (el hijo de Timeo) estaba sentado junto al camino. Al oír que el que venía era Jesús de Nazaret, se puso a gritar:

¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de !

Muchos lo reprendían para que se callara, pero él se puso a gritar aún más fuerte:

¡Hijo de David, ten compasión de !

Jesús se detuvo y dijo:

Llámenlo.

Así que llamaron al ciego.

¡Ánimo! le dijeron. ¡Levántate! Te llama.

Él, arrojando la capa, dio un salto y se acercó a Jesús.

¿Qué quieres que haga por ti? le preguntó.

Raboni, quiero ver respondió el ciego.

Puedes irte le dijo Jesús, tu fe te ha sanado.

Al instante recobró la vista y comenzó a seguir a Jesús por el camino.

Sucedió que, al acercarse Jesús a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna. Cuando oyó a la multitud que pasaba, preguntó qué acontecía.

Jesús de Nazaret está pasando por aquí le respondieron.

¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de ! gritó el ciego.

Los que iban delante lo reprendían para que se callara, pero él se puso a gritar aún más fuerte:

¡Hijo de David, ten compasión de !

Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando el ciego se acercó, le preguntó Jesús:

¿Qué quieres que haga por ti?

Y él dijo:

Señor, quiero ver.

¡Recibe la vista! le dijo Jesús, tu fe te ha sanado.

Al instante recobró la vista. Entonces, glorificando a Dios, comenzó a seguir a Jesús, y todos los que lo vieron daban alabanza a Dios.

Jesús sana a un ciego de nacimiento

A su paso, Jesús vio a un hombre que era ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron:

Rabí, para que este hombre haya nacido ciego, ¿quién pecó, él o sus padres?

No está así debido a sus pecados ni a los de sus padres respondió Jesús, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida.Mientras sea de día, tenemos que llevar a cabo la obra del que me envió. Viene la noche cuando nadie puede trabajar.Mientras esté yo en el mundo, luz soy del mundo.

Dicho esto, escupió en el suelo, hizo barro con la saliva y se lo untó en los ojos al ciego, diciéndole:

Ve y lávate en el estanque de Siloé.

(Esto significa «Enviado»).

El ciego fue y se lavó, y al volver ya veía.

Curas de paralíticos e enfermos

Paralíticos caminharam, leprosos ficaram limpos e todo tipo de doença foi curada pelo toque e pela palavra de Jesus.

Un hombre que tenía una enfermedad en la piel se acercó, se arrodilló delante de él y suplicó:

Señor, si quieres, puedes limpiarme.

Jesús extendió la mano y tocó al hombre.

, quiero le dijo. ¡Queda limpio!

Y al instante quedó sano de la enfermedad en la piel.

Mira, no se lo digas a nadie le dijo Jesús; solo ve, preséntate al sacerdote y lleva la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio.

La fe del centurión

8:5-13 Lc 7:1-10

Unos hombres le llevaron un paralítico acostado en una camilla. Al ver la fe de ellos, Jesús le dijo al paralítico:

¡Ánimo, hijo, tus pecados quedan perdonados!

Algunos de los maestros de la Ley murmuraron entre ellos: «¡Este hombre blasfema!».

Como Jesús conocía sus pensamientos, les dijo:

¿Por qué dan lugar a tan malos pensamientos?¿Qué es más fácil, decirle: "Tus pecados quedan perdonados" o decirle: "Levántate y anda"?Pues, para que sepan que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados se dirigió entonces al paralítico: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.

Y el hombre se levantó y se fue a su casa.

donde había un hombre que tenía una mano paralizada. Como buscaban un motivo para acusar a Jesús, le preguntaron:

¿Está permitido sanar en sábado?

Él les contestó:

Si alguno de ustedes tiene una oveja y un día sábado se le cae en un hoyo, ¿no la agarra y la saca?¡Cuánto más vale un hombre que una oveja! Por lo tanto, está permitido hacer el bien en sábado.

Entonces le dijo al hombre:

Extiende la mano.

Así que la extendió, y la mano quedó restablecida, tan sana como la otra.

La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y enseguida se lo dijeron a Jesús. Él se acercó, la tomó de la mano y la ayudó a levantarse. Entonces se le quitó la fiebre y comenzó a servirles.

Un hombre que tenía una enfermedad en la piel se le acercó y, de rodillas, le suplicó:

Si quieres, puedes limpiarme.

Movido a compasión, Jesús extendió la mano y tocó al hombre, diciéndole:

, quiero. ¡Queda limpio!

Al instante, se le quitó la enfermedad y quedó sano.

Entonces llegaron cuatro hombres que le llevaban un paralítico. Como no podían acercarlo a Jesús por causa de la multitud, quitaron parte del techo encima de donde estaba Jesús y, luego de hacer una abertura, bajaron la camilla en la que estaba acostado el paralítico. Al ver la fe de ellos, Jesús le dijo al paralítico:

¡Hijo, tus pecados quedan perdonados!

Algunos maestros de la Ley estaban sentados allí y pensaban: «¿Por qué habla este así? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios?».

En ese mismo instante supo Jesús en su espíritu que esto era lo que estaban pensando.

¿Por qué razonan así? les dijo. ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico: "Tus pecados quedan perdonados" o decirle: "Levántate, toma tu camilla y anda"?Pues, para que sepan que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados se dirigió entonces al paralítico: a ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.

Y el hombre se levantó, tomó su camilla enseguida y salió caminando a la vista de todos. Ellos se quedaron asombrados y comenzaron a alabar a Dios.

Jamás habíamos visto cosa igual decían.

El llamamiento de Leví

2:14-17 Mt 9:9-13; Lc 5:27-32

En otra ocasión entró en la sinagoga y había allí un hombre que tenía la mano paralizada. Algunos que buscaban un motivo para acusar a Jesús no le quitaban la vista de encima para ver si sanaba al enfermo en día sábado. Entonces Jesús le dijo al hombre de la mano paralizada:

Ponte de pie frente a todos.

Luego dijo a los otros:

¿Qué está permitido en sábado: hacer el bien o hacer el mal, salvar una vida o matar?

Pero ellos permanecieron callados. Jesús se les quedó mirando, enojado y entristecido por lo obstinados que eran, y le dijo al hombre:

Extiende la mano.

Así que la extendió, y la mano quedó restablecida.

En otra ocasión, cuando Jesús estaba en un pueblo, se presentó un hombre con su piel toda enferma. Al ver a Jesús, cayó rostro en tierra y le suplicó:

Señor, si quieres, puedes limpiarme.

Jesús extendió la mano y tocó al hombre.

, quiero le dijo. ¡Queda limpio!

Y al instante desapareció la enfermedad.

Entonces llegaron unos hombres que llevaban en una camilla a un paralítico. Procuraron entrar para ponerlo delante de Jesús, pero no pudieron a causa de la multitud. Así que subieron a la azotea y, separando las tejas, lo bajaron en la camilla hasta ponerlo en medio de la gente, frente a Jesús.

Al ver la fe de ellos Jesús dijo:

¡Amigo, tus pecados quedan perdonados!

Los maestros de la Ley y los fariseos comenzaron a pensar: «¿Quién es este que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios?».

Pero Jesús supo lo que estaban pensando y les dijo:

¿Por qué razonan así?¿Qué es más fácil, decirle: "Tus pecados quedan perdonados" o decirle: "Levántate y anda"?Pues, para que sepan que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados se dirigió entonces al paralítico: a ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.

Al instante se levantó a la vista de todos, tomó la camilla en que había estado acostado y se fue a su casa alabando a Dios.

Otro sábado entró en la sinagoga y comenzó a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada. Así que los maestros de la Ley y los fariseos, buscando un motivo para acusar a Jesús, no le quitaban la vista de encima para ver si sanaba en día sábado. Pero Jesús, que sabía lo que estaban pensando, le dijo al hombre de la mano paralizada:

Levántate y ponte frente a todos.

Así que el hombre se puso de pie. Entonces Jesús dijo a los otros:

Les pregunto: ¿qué está permitido hacer en sábado: hacer el bien o el mal, salvar una vida o destruirla?

Jesús se quedó mirando a todos los que lo rodeaban y le dijo al hombre:

Extiende la mano.

Así lo hizo, y la mano quedó restablecida.

La fe del centurión

Cuando terminó de hablar al pueblo, Jesús entró en Capernaúm. Había allí un centurión cuyo siervo, a quien él estimaba mucho, estaba enfermo, a punto de morir. Como oyó hablar de Jesús, el centurión mandó a unos líderes religiosos de los judíos a pedirle que fuera a sanar a su siervo. Cuando llegaron ante Jesús, le rogaron con insistencia:

Este hombre merece que le concedas lo que te pide: aprecia tanto a nuestra nación que nos ha construido una sinagoga.

Así que Jesús fue con ellos. No estaba lejos de la casa cuando el centurión mandó unos amigos a decirle:

Señor, no te tomes tanta molestia, pues no merezco que entres bajo mi techo. Por eso ni siquiera me atreví a presentarme ante ti. Pero, con una sola palabra que digas, quedará sano mi siervo. Porque yo mismo soy un hombre sujeto a órdenes superiores y, además, tengo soldados bajo mi autoridad. Le digo a uno: "Ve", y va; y al otro: "Ven", y viene. Le digo a mi siervo: "Haz esto", y lo hace.

Al oírlo, Jesús se asombró de él y, volviéndose a la multitud que lo seguía, comentó:

Les digo que ni siquiera en Israel he encontrado una fe tan grande.

Al regresar a casa, los enviados encontraron sano al siervo.

y estaba allí una mujer que por causa de un espíritu llevaba dieciocho años enferma. Andaba encorvada y de ningún modo podía enderezarse. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo:

¡Mujer, quedas libre de tu enfermedad!

Al mismo tiempo, puso las manos sobre ella; al instante la mujer se enderezó y empezó a alabar a Dios.

Jesús en casa de un fariseo

Un día Jesús fue a comer a casa de un fariseo prominente. Era sábado, así que estos estaban acechando a Jesús. Allí, delante de él, estaba un hombre enfermo de hidropesía. Jesús les preguntó a los expertos en la Ley y a los fariseos:

¿Está permitido o no sanar en sábado?

Pero ellos se quedaron callados. Entonces tomó al hombre, lo sanó y lo despidió.

Jesús sana a diez enfermos de la piel

Un día, siguiendo su viaje a Jerusalén, Jesús pasaba por Samaria y Galilea. Cuando estaba por entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres que tenían una enfermedad en la piel. Como se habían quedado a cierta distancia, gritaron:

¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!

Al verlos, les dijo:

Vayan a presentarse a los sacerdotes.

Resultó que, mientras iban de camino, quedaron limpios.

Uno de ellos, al verse ya sano, regresó alabando a Dios a grandes voces. Cayó rostro en tierra a los pies de Jesús y le dio las gracias, no obstante que era samaritano.

¿Acaso no quedaron limpios los diez? preguntó Jesús. ¿Dónde están los otros nueve?¿No hubo ninguno que regresara a dar gloria a Dios, excepto este extranjero?Levántate y vete le dijo al hombre; tu fe te ha sanado.

La venida del reino de Dios

17:26-27 Mt 24:37-39

Jesús sana a un paralítico

Algún tiempo después, Jesús subió a Jerusalén, pues se celebraba una fiesta de los judíos. Había allí, junto a la puerta de las Ovejas, un estanque rodeado de cinco entradas, cuyo nombre en hebreo es Betzatá.En esas entradas se hallaban tendidos muchos enfermos, ciegos, cojos y paralíticos. Entre ellos se encontraba un hombre que llevaba enfermo treinta y ocho años. Cuando Jesús lo vio tirado en el suelo y se enteró de que ya tenía mucho tiempo de estar así, le preguntó:

¿Quieres quedar sano?

Señor respondió, no tengo a nadie que me meta en el estanque mientras se agita el agua y, cuando trato de hacerlo, otro se mete antes.

Levántate, recoge tu camilla y anda le dijo Jesús.

Al instante aquel hombre quedó sano, así que tomó su camilla y echó a andar. Pero ese día era sábado.

Y volvió otra vez Jesús a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Capernaúm. Cuando este hombre se enteró de que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a su encuentro y le suplicó que bajara a sanar a su hijo, pues estaba a punto de morir.

Ustedes nunca van a creer si no ven señales y prodigios le dijo Jesús.

Señor rogó el funcionario, baja antes de que se muera mi hijo.

Vuelve a casa, que tu hijo vive le dijo Jesús.

El hombre creyó lo que Jesús le dijo y se fue. Cuando se dirigía a su casa, sus siervos salieron a su encuentro y le dieron la noticia de que su hijo estaba vivo. Cuando les preguntó a qué hora había comenzado su hijo a sentirse mejor, le contestaron:

Ayer a la una de la tarde se le quitó la fiebre.

Entonces el padre se dio cuenta de que precisamente a esa hora Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Así que él y toda su familia creyeron.

Esta fue la segunda señal milagrosa que Jesús hizo después de que volvió de Judea a Galilea.

A mulher com fluxo de sangue

Uma mulher que sofria há doze anos tocou a orla do manto de Jesus e foi curada instantaneamente pela sua fé.

En esto, una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto. Pensaba: «Si al menos logro tocar su manto, quedaré sana». Jesús se dio la vuelta, la vio y le dijo:

¡Ánimo, hija! Tu fe te ha sanado.

Y la mujer quedó sana en aquel momento.

Había entre la gente una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho a manos de varios médicos, y se había gastado todo lo que tenía sin que le hubiera servido de nada, pues, en vez de mejorar, iba de mal en peor. Cuando oyó hablar de Jesús, se acercó a él por detrás entre la gente y tocó su manto. Pensaba: «Si logro tocar siquiera su manto, quedaré sana». Al instante, cesó su hemorragia y se dio cuenta de que su cuerpo había quedado libre de esa aflicción.

Había entre la gente una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias, sin que nadie pudiera sanarla. Ella se le acercó por detrás, tocó el borde de su manto y al instante cesó su hemorragia.

¿Quién me ha tocado? preguntó Jesús.

Como todos negaban haberlo tocado, Pedro le dijo:

Maestro, son multitudes las que te aprietan y te oprimen.

No, alguien me ha tocado respondió Jesús; yo que de ha salido poder.

La mujer, al ver que no podía pasar inadvertida, se acercó temblando y se arrojó a sus pies. En presencia de toda la gente, contó por qué lo había tocado y cómo había sido sanada al instante.

¡Hija, tu fe te ha sanado! le dijo Jesús. Vete en paz.

Ressurreições

Jesus ressuscitou mortos — a filha de Jairo, o filho da viúva de Naim e Lázaro. Ele é Senhor sobre a morte.

Mientras les decía esto, un dirigente judío llegó, se arrodilló delante de él y le dijo:

Mi hija acaba de morir. Pero ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá.

Jesús se levantó y fue con él, acompañado de sus discípulos.

Cuando Jesús entró en la casa del dirigente y vio a los flautistas y el alboroto de la gente, les dijo:

Váyanse. La niña no está muerta, sino dormida.

Entonces empezaron a burlarse de él. Cuando se les hizo salir, entró él y tomó de la mano a la niña, y esta se levantó.

Llegó entonces uno de los jefes de la sinagoga llamado Jairo. Al ver a Jesús, se arrojó a sus pies y le suplicó con insistencia:

Mi hijita se está muriendo. Ven, pon tus manos sobre ella para que se sane y viva.

Jesús se fue con él, y lo seguía una gran multitud, la cual se agolpaba sobre él.

Cuando llegaron a la casa del jefe de la sinagoga, Jesús notó el alboroto, y que la gente lloraba y daba grandes alaridos. Entró y les dijo:

¿Por qué tanto alboroto y llanto? La niña no está muerta, sino dormida.

Entonces empezaron a burlarse de él, pero él los sacó a todos, tomó consigo al padre y a la madre de la niña y a los discípulos que estaban con él, y entró adonde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo: «Talita cum», que significa «Niña, a ti te digo, ¡levántate!».

La niña, que tenía doce años, se levantó enseguida y comenzó a andar. Ante este hecho todos se llenaron de asombro.

«Entonces, ¿con qué puedo comparar a la gente de esta generación? ¿A quién se parecen ellos?Se parecen a niños sentados en la plaza que se gritan unos a otros:

»"Tocamos la flauta

y ustedes no bailaron;

cantamos por los muertos

y ustedes no lloraron".

Porque vino Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y ustedes dicen: "Tiene un demonio".Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y ustedes dicen: "Este es un glotón y un borracho, amigo de recaudadores de impuestos y de pecadores".Pero la sabiduría queda demostrada por los que la siguen».

Una mujer pecadora unge a Jesús

Uno de los fariseos invitó a Jesús a comer, así que fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa.Ahora bien, vivía en aquel pueblo una mujer que tenía fama de pecadora. Cuando ella se enteró de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de alabastro lleno de perfume.

En esto llegó un hombre llamado Jairo, que era jefe de la sinagoga. Se arrojó a los pies de Jesús y le suplicó que fuera a su casa porque su única hija, de unos doce años, estaba muriendo.

Jesús se puso en camino y las multitudes se agolpaban sobre él.

Todavía estaba hablando Jesús cuando alguien llegó de la casa de Jairo, jefe de la sinagoga, para decirle:

Tu hija ha muerto. No molestes más al Maestro.

Al oír esto, Jesús le dijo a Jairo:

No tengas miedo; nada más cree, y ella será sanada.

Cuando llegó a la casa de Jairo, no dejó que nadie entrara con él, excepto Pedro, Juan y Santiago, y también el padre y la madre de la niña. Todos estaban llorando muy afligidos por ella.

Dejen de llorar les dijo Jesús. No está muerta, sino dormida.

Entonces ellos empezaron a burlarse de él porque sabían que estaba muerta. Pero él la tomó de la mano y le dijo:

¡Niña, levántate!

Ella recobró la vida y al instante se levantó. Jesús mandó darle de comer. Los padres se quedaron atónitos, pero él les advirtió que no contaran a nadie lo que había sucedido.

La muerte de Lázaro

Había un hombre enfermo llamado Lázaro, que era de Betania, el pueblo de María y su hermana Marta. María era la misma que ungió con perfume al Señor y le secó los pies con sus cabellos. Las dos hermanas mandaron decirle a Jesús: «Señor, tu amigo querido está enfermo».

Cuando Jesús oyó esto, dijo: «Esta enfermedad no terminará en muerte, sino que es para la gloria de Dios, para que por ella el Hijo de Dios sea glorificado».

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. A pesar de eso, cuando oyó que Lázaro estaba enfermo, se quedó dos días más donde se encontraba. Después dijo a sus discípulos:

Volvamos a Judea.

Rabí objetaron ellos, hace muy poco los judíos intentaron apedrearte, ¿y todavía quieres volver allá?

¿Acaso el día no tiene doce horas? respondió Jesús. El que anda de día no tropieza, porque tiene la luz de este mundo.Pero el que anda de noche tropieza, porque no tiene luz.

Dicho esto, añadió:

Nuestro amigo Lázaro duerme, pero voy a despertarlo.

Señor respondieron sus discípulos, si duerme, es que va a recuperarse.

Jesús les hablaba de la muerte de Lázaro, pero sus discípulos pensaron que se refería al sueño natural. Por eso les dijo claramente:

Lázaro ha muerto,

Domínio sobre a natureza

Jesus acalmou a tempestade, andou sobre as águas e multiplicou pães. A natureza obedece à voz do seu Criador.

Luego subió a la barca, y sus discípulos lo siguieron. De repente, se levantó en el lago una tormenta tan fuerte que las olas inundaban la barca. Pero Jesús estaba dormido. Los discípulos fueron a despertarlo.

¡Señor gritaron, sálvanos, que nos vamos a ahogar!

Hombres de poca fe les contestó, ¿por qué tienen tanto miedo?

Entonces se levantó y reprendió a los vientos y a las olas, y todo quedó completamente tranquilo.

Los discípulos no salían de su asombro y decían: «¿Qué clase de hombre es este que hasta los vientos y el mar le obedecen?».

Liberación de dos endemoniados

8:28-34 Mr 5:1-17; Lc 8:26-37

Al atardecer se le acercaron sus discípulos y le dijeron:

Este es un lugar apartado y ya se hace tarde. Despide a la gente, para que vayan a los pueblos y se compren algo de comer.

No tienen que irse contestó Jesús. Denles ustedes mismos de comer.

Ellos objetaron:

No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados.

Tráiganmelos acá les dijo Jesús.

Y mandó a la gente que se sentara sobre la hierba. Tomó los cinco panes y los dos pescados y, mirando al cielo, los bendijo. Luego partió los panes y se los dio a los discípulos, quienes los repartieron a la gente. Todos comieron hasta quedar satisfechos, y los discípulos recogieron doce canastas llenas de pedazos que sobraron. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.

Jesús camina sobre el agua

14:22-33 Mr 6:45-51; Jn 6:15-21

14:34-36 Mr 6:53-56

En la madrugada, Jesús se acercó a ellos caminando sobre el lago.

Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:

Siento compasión de esta gente porque ya llevan tres días conmigo y no tienen nada que comer. No quiero despedirlos sin comer, no sea que se desmayen por el camino.

Los discípulos objetaron:

¿Dónde podríamos conseguir en este lugar despoblado suficiente pan para dar de comer a toda esta multitud?

¿Cuántos panes tienen? les preguntó Jesús.

Siete y unos pocos pescaditos respondieron ellos.

Luego Jesús mandó que la gente se sentara en el suelo. Tomando los siete panes y los pescados, dio gracias, los partió y se los fue dando a los discípulos. Estos, a su vez, los distribuyeron a la gente. Todos comieron hasta quedar satisfechos. Después los discípulos recogieron siete cestas llenas de pedazos que sobraron. Los que comieron eran cuatro mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.

El impuesto del templo

Cuando Jesús y sus discípulos llegaron a Capernaúm, los que cobraban el impuesto del templo se acercaron a Pedro y le preguntaron:

¿Su maestro no paga el impuesto del templo?

, lo paga respondió Pedro.

Al entrar Pedro en la casa, se adelantó Jesús a preguntarle:

¿qué opinas, Simón? Los reyes de la tierra, ¿a quiénes cobran tributos e impuestos: a los suyos o a los demás?

A los demás contestó Pedro.

Entonces los suyos están exentos le dijo Jesús. Pero, para no escandalizar a esta gente, vete al lago y echa el anzuelo. Saca el primer pez que pique; ábrele la boca y encontrarás una moneda.Tómala y dásela a ellos por mi impuesto y por el tuyo.

Muy de mañana, cuando volvía a la ciudad, tuvo hambre. Al ver una higuera junto al camino, se acercó a ella, pero no encontró nada más que hojas.

¡Nunca más vuelvas a dar fruto! le dijo.

Y al instante se secó la higuera.

Los discípulos se asombraron al ver esto.

¿Cómo es que se secó la higuera tan pronto? preguntaron ellos.

Les aseguro que, si tienen fe y no dudan les respondió Jesús, no solo harán lo que he hecho con la higuera, sino que podrán decirle a este monte: "Quítate de ahí y tírate al mar", y así se hará.Si ustedes creen, recibirán todo lo que pidan en oración.

La autoridad de Jesús puesta en duda

21:23-27 Mr 11:27-33; Lc 20:1-8

Se desató entonces una fuerte tormenta y las olas azotaban tanto la barca que ya comenzaba a inundarse. Mientras tanto, Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal, así que los discípulos lo despertaron.

¡Maestro! gritaron. ¿No te importa que nos ahoguemos?

Él se levantó, reprendió al viento y ordenó al mar:

¡Silencio! ¡Cálmate!

El viento se calmó y todo quedó completamente tranquilo.

¿Por qué tienen tanto miedo? dijo a sus discípulos. ¿Todavíano tienen fe?

Ellos estaban espantados y se decían unos a otros:

¿Quién es este que hasta el viento y el mar le obedecen?

Cuando ya se hizo tarde, se le acercaron sus discípulos y le dijeron:

Este es un lugar apartado y ya es muy tarde. Despide a la gente, para que vayan a los campos y pueblos cercanos y se compren algo de comer.

Denles ustedes mismos de comer contestó Jesús.

¡Eso costaría más de seis meses de trabajo! objetaron. ¿Quieres que vayamos y gastemos todo ese dinero en pan para darles de comer?

¿Cuántos panes tienen ustedes? preguntó. Vayan a ver.

Después de averiguarlo, le dijeron:

Cinco, y dos pescados.

Entonces les mandó que hicieran que la gente se sentara por grupos sobre la hierba verde. Así que ellos se acomodaron en grupos de cien y de cincuenta. Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados y, mirando al cielo, los bendijo. Luego partió los panes y se los dio a los discípulos para que se los repartieran a la gente. También repartió los dos pescados entre todos. Comieron hasta quedar satisfechos y los discípulos recogieron doce canastas llenas de pedazos de pan y de pescado. Los que comieron fueron cinco mil.

Jesús camina sobre el agua

6:45-51 Mt 14:22-32; Jn 6:15-21

6:53-56 Mt 14:34-36

En la madrugada, vio que los discípulos hacían grandes esfuerzos para remar, pues tenían el viento en contra. Se acercó a ellos caminando sobre el lago e iba a pasarlos de largo. Los discípulos, al verlo caminar sobre el agua, creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, llenos de miedo por lo que veían. Pero él habló enseguida con ellos y les dijo: «¡Cálmense! Soy yo. No tengan miedo».

Subió entonces a la barca con ellos, y el viento se calmó. Estaban sumamente asombrados

Jesús alimenta a los cuatro mil

En aquellos días se reunió de nuevo mucha gente. Como no tenían nada que comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:

Siento compasión de esta gente porque ya llevan tres días conmigo y no tienen nada que comer.Si los despido a sus casas sin haber comido, se van a desmayar por el camino, porque algunos de ellos han venido de lejos.

Los discípulos objetaron:

¿Dónde se va a conseguir suficiente pan en este lugar despoblado para darles de comer?

¿Cuántos panes tienen? les preguntó Jesús.

Siete respondieron ellos.

Luego Jesús mandó que la gente se sentara en el suelo. Tomó los siete panes, dio gracias, los partió y se los fue dando a sus discípulos para que los repartieran a la gente. Así lo hicieron. Tenían además unos cuantos pescaditos. Dio gracias por ellos también y les dijo a los discípulos que los repartieran. La gente comió hasta quedar satisfecha. Después los discípulos recogieron siete cestas de pedazos que sobraron. Los que comieron eran unos cuatro mil. Tan pronto como los despidió,

Al día siguiente, cuando salían de Betania, Jesús tuvo hambre. Viendo a lo lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si hallaba algún fruto. Cuando llegó a ella solo encontró hojas, porque no era tiempo de higos. «¡Nadie vuelva jamás a comer fruto de ti!», le dijo a la higuera. Y lo oyeron sus discípulos.

Por la mañana, al pasar junto a la higuera, vieron que se había secado de raíz. Pedro, acordándose, le dijo a Jesús:

¡Rabí, mira, se ha secado la higuera que maldijiste!

Tengan fe en Dios respondió Jesús. Les aseguroque, si alguno dice a esta montaña: "Quítate de ahí y tírate al mar", creyendo, sin abrigar la menor duda en el corazón de que lo que dice sucederá, lo obtendrá.Por eso les digo: crean que ya han recibido todo lo que estén pidiendo en oración y lo obtendrán.Y, cuando estén orando, si tienen algo contra alguien, perdónenlo, para que también su Padre que está en el cielo perdone a ustedes sus ofensas.

El llamamiento de los primeros discípulos

Un día estaba Jesús a orillas del lago de Genesaret y la gente lo apretujaba para escuchar el mensaje de Dios. Entonces vio dos barcas que los pescadores habían dejado en la playa mientras lavaban las redes. Subió a una de las barcas, que pertenecía a Simón, y le pidió que la alejara un poco de la playa. Luego se sentó, y enseñaba a la gente desde la barca.

Cuando acabó de hablar, le dijo a Simón:

Lleva la barca hacia aguas más profundas y echen allí las redes para pescar.

Maestro, hemos estado trabajando duro toda la noche y no hemos pescado nada le contestó Simón. Pero, como me lo mandas, echaré las redes.

Así lo hicieron y recogieron una cantidad tan grande de peces que las redes se les rompían. Entonces llamaron por señas a sus compañeros de la otra barca para que los ayudaran. Ellos se acercaron y llenaron tanto las dos barcas que comenzaron a hundirse.

Al ver esto, Simón Pedro cayó de rodillas delante de Jesús y le dijo:

¡Apártate de , Señor; soy un pecador!

Es que él y todos sus compañeros estaban asombrados ante la pesca que habían hecho, como también lo estaban Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran socios de Simón.

No temas, desde ahora serás pescador de hombres le dijo Jesús a Simón.

Así que llevaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Jesús sana a un enfermo de la piel

5:12-14 Mt 8:2-4; Mr 1:40-44

Un día subió Jesús con sus discípulos a una barca.

Crucemos al otro lado del lago les dijo.

Así que partieron, y, mientras navegaban, él se durmió. Entonces se desató una tormenta sobre el lago, de modo que la barca comenzó a inundarse y corrían gran peligro.

Los discípulos fueron a despertarlo.

¡Maestro, Maestro, nos vamos a ahogar! gritaron.

Él se levantó y reprendió al viento y a las olas; la tormenta se apaciguó y todo quedó tranquilo.

¿Dónde está la fe de ustedes? les preguntó a sus discípulos.

Con temor y asombro ellos se decían unos a otros: «¿Quién es este que manda aun a los vientos y al agua, y le obedecen?».

La liberación de un endemoniado

8:26-37 Mt 8:28-34

8:26-39 Mr 5:1-20

Un día subió Jesús con sus discípulos a una barca.

Crucemos al otro lado del lago les dijo.

Así que partieron, y, mientras navegaban, él se durmió. Entonces se desató una tormenta sobre el lago, de modo que la barca comenzó a inundarse y corrían gran peligro.

Los discípulos fueron a despertarlo.

¡Maestro, Maestro, nos vamos a ahogar! gritaron.

Él se levantó y reprendió al viento y a las olas; la tormenta se apaciguó y todo quedó tranquilo.

¿Dónde está la fe de ustedes? les preguntó a sus discípulos.

Con temor y asombro ellos se decían unos a otros: «¿Quién es este que manda aun a los vientos y al agua, y le obedecen?».

La liberación de un endemoniado

8:26-37 Mt 8:28-34

8:26-39 Mr 5:1-20

Navegaron hasta la región de los gerasenos, que está al otro lado del lago, frente a Galilea.

Al atardecer se le acercaron los doce y le dijeron:

Despide a la gente, para que vaya a buscar alojamiento y comida en los campos y pueblos cercanos, pues donde estamos no hay nada.

Denles ustedes mismos de comer les dijo Jesús.

No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a menos que vayamos a comprar comida para toda esta gente objetaron ellos, porque había allí unos cinco mil hombres.

Pero Jesús dijo a sus discípulos:

Hagan que se sienten en grupos como de cincuenta cada uno.

Así lo hicieron los discípulos y se sentaron todos. Entonces Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados y, mirando al cielo, los bendijo. Luego los partió y se los dio a los discípulos para que se los repartieran a la gente. Todos comieron hasta quedar satisfechos y de los pedazos que sobraron se recogieron doce canastas.

La confesión de Pedro

9:18-20 Mt 16:13-16; Mr 8:27-29

9:22-27 Mt 16:21-28; Mr 8:319:1

Jesús cambia el agua en vino

Al tercer día se celebró una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús se encontraba allí. También habían sido invitados a la boda Jesús y sus discípulos. Cuando el vino se acabó, la madre de Jesús le dijo:

Ya no tienen vino.

Mujer, ¿eso qué tiene que ver conmigo? respondió Jesús. Todavía no ha llegado mi hora.

Su madre dijo a los sirvientes:

Hagan lo que él les ordene.

Había allí seis tinajas de piedra, de las que usan los judíos en sus ceremonias de purificación. En cada una cabían unos cien litros.

Jesús dijo a los sirvientes:

Llenen de agua las tinajas.

Y los sirvientes las llenaron hasta el borde.

Ahora saquen un poco y llévenlo al encargado del banquete les dijo Jesús.

Así lo hicieron. El encargado del banquete probó el agua convertida en vino sin saber de dónde había salido, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua. Entonces llamó aparte al novio y le dijo:

Todos sirven primero el mejor vino y, cuando los invitados ya han bebido mucho, entonces sirven el más barato; pero has guardado el mejor vino hasta ahora.

Esta primera señal milagrosa la hizo Jesús en Caná de Galilea. Así reveló su gloria, y sus discípulos creyeron en él.

Esto lo dijo solo para ponerlo a prueba, porque él ya sabía lo que iba a hacer.

Ni con el salario de más de seis meses de trabajo podríamos comprar suficiente pan para darle un pedazo a cada uno respondió Felipe.

Otro de sus discípulos, Andrés, que era hermano de Simón Pedro, le dijo:

Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?

Hagan que se sienten todos ordenó Jesús.

En ese lugar había mucha hierba, así que se sentaron. Los varones adultos eran como cinco mil. Jesús tomó entonces los panes, dio gracias y distribuyó a los que estaban sentados todo lo que quisieron. Lo mismo hizo con los pescados.

Una vez que quedaron satisfechos, dijo a sus discípulos:

Recojan los pedazos que sobraron, para que no se desperdicie nada.

Así que recogieron los pedazos que habían sobrado de los cinco panes de cebada, y llenaron doce canastas.

Habrían remado unos cinco o seis kilómetros cuando vieron que Jesús se acercaba a la barca, caminando sobre el agua, y se asustaron. Pero él les dijo: «Soy yo. No tengan miedo».Así que se dispusieron a recibirlo a bordo, y enseguida la barca llegó a la playa, el lugar al que se dirigían.

Jesús y la pesca milagrosa

Después de esto Jesús se apareció de nuevo a sus discípulos, junto al lago de Tiberíades. Sucedió de esta manera: estaban juntos Simón Pedro, Tomás, al que apodaban el Gemelo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos.

Me voy a pescar dijo Simón Pedro.

Nos vamos contigo contestaron ellos.

Salieron, pues, de allí y se embarcaron, pero esa noche no pescaron nada.

Al despuntar el alba, Jesús se hizo presente en la orilla, pero los discípulos no se dieron cuenta de que era él.

Muchachos, ¿tienen algo de comer? les preguntó Jesús.

No respondieron ellos.

Entonces Jesús dijo:

Tiren la red a la derecha de la barca y pescarán algo.

Así lo hicieron, y era tal la cantidad de pescados que ya no podían sacar la red.

¡Es el Señor! dijo a Pedro el discípulo a quien Jesús amaba.

Tan pronto como Simón Pedro le oyó decir: «Es el Señor», se puso la ropa, pues estaba semidesnudo, y se tiró al agua. Los otros discípulos lo siguieron en la barca, arrastrando la red llena de pescados, pues estaban a escasos cien metros de la playa. Al desembarcar, vieron unas brasas con un pescado encima y un pan.

Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar les dijo Jesús.

Simón Pedro subió a bordo y arrastró hasta la playa la red, la cual estaba llena de pescados de buen tamaño. Eran ciento cincuenta y tres, pero a pesar de ser tantos la red no se rompió.

Libertações

Jesus expulsou demônios com autoridade. Os espíritos impuros não resistiam à sua palavra e saíam imediatamente.

Al entrar Jesús en Capernaúm, se acercó a él un centurión pidiendo ayuda:

Señor, mi siervo está postrado en casa con parálisis y sufre terriblemente.

Iré a sanarlo respondió Jesús.

El centurión contestó:

Señor, no merezco que entres bajo mi techo. Pero basta con que digas una sola palabra y mi siervo quedará sano. Porque yo mismo soy un hombre sujeto a órdenes superiores y, además, tengo soldados bajo mi autoridad. Le digo a uno: "Ve", y va; y al otro: "Ven", y viene. Le digo a mi siervo: "Haz esto", y lo hace.

Al oír esto, Jesús se asombró y dijo a quienes lo seguían:

Les aseguro que no he encontrado en Israel a nadie que tenga tanta fe.Les digo que muchos vendrán del oriente y del occidente, y participarán en el banquete con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos.Pero a los súbditos del reino se les echará afuera, a la oscuridad, donde habrá llanto y crujir de dientes.

Luego Jesús le dijo al centurión:

¡Ve! Que todo suceda tal como has creído.

Y en esa misma hora aquel siervo quedó sano.

Jesús sana a muchos enfermos

8:14-16 Mr 1:29-34; Lc 4:38-41

Cuando Jesús llegó al otro lado, a la región de los gadarenos, dos endemoniados salieron a su encuentro de entre los sepulcros. Eran tan violentos que nadie se atrevía a pasar por aquel camino. De pronto, gritaron a Jesús:

¿Por qué te entrometes, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí a atormentarnos antes del tiempo señalado?

A cierta distancia de ellos estaba alimentándose una manada de muchos cerdos. Los demonios le rogaron a Jesús:

Si nos expulsas, mándanos a la manada de cerdos.

Vayan les dijo.

Así que salieron de los hombres y entraron en los cerdos; entonces toda la manada se precipitó al lago por el despeñadero y murió en el agua. Los que cuidaban los cerdos salieron huyendo al pueblo y avisaron de todo, incluso de lo que había sucedido a los endemoniados. Entonces todos los del pueblo fueron al encuentro de Jesús. Y, cuando lo vieron, le suplicaron que se alejara de esa región.

Mientras ellos salían, le llevaron un mudo endemoniado. Así que Jesús expulsó al demonio y el que había estado mudo habló. La gente quedó asombrada y decía: «Jamás se ha visto nada igual en Israel».

Después de eso llevaron ante Jesús un endemoniado que estaba ciego y mudo. Entonces él lo sanó, y pudo ver y hablar.

Partiendo de allí, Jesús se retiró a la región de Tiro y Sidón. De esa región salió a su encuentro una mujer cananea gritando:

¡Señor, Hijo de David, ten compasión de ! Mi hija sufre terriblemente por estar endemoniada.

Jesús no le respondió ni una palabra. Así que sus discípulos se acercaron a él y le rogaron:

Despídela, porque viene detrás de nosotros gritando.

No fui enviado sino a las ovejas perdidas del pueblo de Israel contestó Jesús.

La mujer se acercó y, arrodillándose delante de él, le suplicó:

¡Señor, ayúdame!

Él le respondió:

No está bien quitarles el pan a los hijos y echárselo a los perros.

, Señor respondió la mujer, pero hasta los perros comen las migajas que caen de la mesa de sus amos.

¡Mujer, qué grande es tu fe! contestó Jesús. Que se cumpla lo que quieres.

Y desde ese mismo momento quedó sana su hija.

Jesús alimenta a cuatro mil

15:29-31 Mr 7:31-37

15:32-39 Mr 8:1-10

Cuando llegaron a la multitud, un hombre se acercó a Jesús y se arrodilló delante de él. Y dijo:

Señor, ten compasión de mi hijo. Le dan ataques y sufre terriblemente. Muchas veces cae en el fuego o en el agua. Se lo traje a tus discípulos, pero no pudieron sanarlo.

¡Ah, generación incrédula y malvada! respondió Jesús. ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganme acá al muchacho.

Jesús reprendió al demonio, el cual salió del muchacho, y este quedó sano desde aquel momento.

De repente, en la sinagoga, un hombre que estaba poseído por un espíritu maligno gritó:

¿Por qué te entrometes, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo quién eres : ¡el Santo de Dios!

¡Cállate! lo reprendió Jesús. ¡Sal de ese hombre!

Entonces el espíritu maligno sacudió al hombre violentamente y salió de él dando un alarido.

La liberación de un endemoniado

Cruzaron el lago hasta llegar a la región de los gerasenos.Tan pronto como desembarcó Jesús, un hombre poseído por un espíritu maligno salió a su encuentro de entre los sepulcros. Este hombre vivía en los sepulcros y ya nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas. Muchas veces lo habían atado con cadenas y grilletes, pero él los destrozaba, y nadie tenía fuerza para dominarlo. Noche y día andaba por los sepulcros y por las colinas, gritando y golpeándose con piedras.

Cuando vio a Jesús desde lejos, corrió y se postró delante de él.

¿Por qué te entrometes, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? gritó con fuerza. ¡Te ruego por Dios que no me atormentes!

Es que Jesús le había dicho: «¡Sal de este hombre, espíritu maligno!».

¿Cómo te llamas? le preguntó Jesús.

Me llamo Legión respondió, porque somos muchos.

Y con insistencia le suplicaba a Jesús que no los expulsara de aquella región.

En una colina estaba alimentándose una manada de muchos cerdos. Entonces los demonios le rogaron a Jesús:

Mándanos a los cerdos; déjanos entrar en ellos.

Así que él les dio permiso. Cuando los espíritus malignos salieron del hombre, entraron en los cerdos, que eran unos dos mil; entonces la manada se precipitó al lago por el despeñadero y allí se ahogó.

Los que cuidaban los cerdos salieron huyendo y avisaron en el pueblo y por los campos, y la gente fue a ver lo que había pasado.

Ustedes, en cambio, enseñan que un hijo puede decirle a su padre o a su madre: "Cualquier ayuda que pudiera haberte dado es corbán" (es decir, ofrenda dedicada a Dios).Y, en ese caso, ustedes ya no le permiten hacer nada por su padre ni por su madre.Así, por la tradición que se transmiten entre ustedes, anulan la palabra de Dios. Y hacen muchas cosas parecidas.

De nuevo Jesús llamó a la multitud y dijo:

Escúchenme todos y entiendan:nada de lo que viene de afuera puede contaminar a una persona. Más bien, lo que sale de la persona es lo que la contamina.

Jesús partió de allí y fue a la región de Tiro. Entró en una casa y no quería que nadie lo supiera, pero no pudo pasar inadvertido. De hecho, muy pronto se enteró de su llegada una mujer que tenía una pequeña hija poseída por un espíritu maligno, así que fue y se arrojó a sus pies. Esta mujer era griega, sirofenicia de nacimiento, y le rogaba que expulsara al demonio que tenía su hija.

Deja que primero se sacien los hijos respondió Jesús, porque no está bien quitarles el pan a los hijos y echárselo a los perros.

, Señor respondió la mujer, pero hasta los perros comen debajo de la mesa las migajas que dejan los hijos.

Jesús le dijo:

Por haberme respondido así, puedes irte tranquila; el demonio ha salido de tu hija.

Cuando ella llegó a su casa, encontró a la niña acostada en la cama. El demonio ya había salido de ella.

Jesús sana a un sordomudo

7:31-37 Mt 15:29-31

Maestro respondió un hombre de entre la multitud, te he traído a mi hijo, pues está poseído por un espíritu que le ha quitado el habla. Cada vez que se apodera de él, lo derriba. Echa espumarajos, cruje los dientes y se queda rígido. Pedí a tus discípulos que lo expulsaran, pero no lo lograron.

¡Ah, generación incrédula! respondió Jesús. ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganme al muchacho.

Así que se lo llevaron. Tan pronto como vio a Jesús, el espíritu sacudió de tal modo al muchacho que este cayó al suelo y comenzó a revolcarse echando espumarajos.

¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto? le preguntó Jesús al padre.

Desde que era niño contestó. Muchas veces lo ha echado al fuego y al agua para matarlo. Si puedes hacer algo, ten compasión de nosotros y ayúdanos.

Jesús dijo:

¿Cómo que si puedo? Para el que cree, todo es posible.

¡, creo! exclamó de inmediato el padre del muchacho. ¡Ayúdame en mi falta de fe!

Al ver Jesús que se agolpaba mucha gente, reprendió al espíritu maligno.

Espíritu sordo y mudo dijo, te mando que salgas y que jamás vuelvas a entrar en él.

El espíritu, dando un alarido y sacudiendo violentamente al muchacho, salió de él. Este quedó como muerto, tanto que muchos decían: «Ya se murió». Pero Jesús lo tomó de la mano y lo levantó, y el muchacho se puso de pie.

Cuando Jesús salió de la sinagoga, fue a casa de Simón, cuya suegra estaba enferma con una fiebre muy alta. Le pidieron a Jesús que la ayudara, así que se inclinó sobre ella y reprendió a la fiebre, y esta se le quitó. Ella se levantó enseguida y comenzó a servirles.

Al desembarcar Jesús, un endemoniado que venía del pueblo salió a su encuentro. Hacía mucho tiempo que este hombre no se vestía; tampoco vivía en una casa, sino en los sepulcros. Cuando vio a Jesús, dio un grito y se arrojó a sus pies. Entonces exclamó con fuerza:

¿Por qué te entrometes, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? ¡Te ruego que no me atormentes!

Es que Jesús le había ordenado al espíritu maligno que saliera del hombre. Se había apoderado de él muchas veces y, aunque le sujetaban los pies y las manos con cadenas y lo mantenían bajo custodia, rompía las cadenas y el demonio lo arrastraba a lugares solitarios.

¿Cómo te llamas? le preguntó Jesús.

Legión respondió, ya que habían entrado en él muchos demonios.

Y estos le suplicaban a Jesús que no los mandara al abismo. En una colina estaba alimentándose una manada de muchos cerdos. Entonces los demonios rogaron a Jesús que los dejara entrar en ellos. Así que él les dio permiso. Cuando los demonios salieron del hombre, entraron en los cerdos; entonces la manada se precipitó al lago por el despeñadero y se ahogó.

Al ver lo sucedido, los que cuidaban los cerdos huyeron y avisaron en el pueblo y por los campos, por lo que la gente salió a ver lo que había pasado. Llegaron adonde estaba Jesús y encontraron, sentado a sus pies, al hombre de quien habían salido los demonios. Cuando lo vieron vestido y en su sano juicio, tuvieron miedo.

Además, les aseguro que algunos de los aquí presentes no sufrirán la muerte sin antes haber visto el reino de Dios.

La transfiguración

9:28-36 Mt 17:1-8; Mr 9:2-8

Unos ocho días después de decir esto, Jesús, acompañado de Pedro, Juan y Santiago, subió a una montaña a orar. Mientras oraba, su rostro se transformó y su ropa se volvió blanca y radiante. Y aparecieron dos personajes Moisés y Elíasque conversaban con Jesús. Tenían un aspecto glorioso, y hablaban de la partida de Jesús, que él iba a cumplir en Jerusalén.

Pedro y sus compañeros estaban rendidos de sueño, pero, cuando se despabilaron, vieron su gloria y a los dos personajes que estaban con él. Mientras estos se apartaban de Jesús, Pedro, sin saber lo que estaba diciendo, propuso:

Maestro, ¡qué bien que estemos aquí! Podemos levantar tres albergues: uno para ti, otro para Moisés y otro para Elías.

Y un hombre de entre la multitud exclamó:

Maestro, te ruego que atiendas a mi hijo, pues es el único que tengo. Resulta que un espíritu se posesiona de él y de repente el muchacho se pone a gritar; también lo sacude con violencia y hace que eche espumarajos. Cuando lo atormenta, a duras penas lo suelta. Ya les rogué a tus discípulos que lo expulsaran, pero no pudieron.

¡Ah, generación incrédula y malvada! respondió Jesús. ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes y soportarlos? Trae acá a tu hijo.

Estaba acercándose el muchacho cuando el demonio lo derribó con una convulsión. Pero Jesús reprendió al espíritu maligno, sanó al muchacho y se lo devolvió al padre. Y todos se quedaron asombrados de la grandeza de Dios.

En medio de tanta admiración por todo lo que hacía, Jesús dijo a sus discípulos:

En otra ocasión Jesús expulsaba de un hombre a un demonio que lo había dejado mudo. Cuando salió el demonio, el mudo habló, y la gente quedó asombrada.

Y uno de ellos hirió al siervo del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha.

¡Déjenlos! ordenó Jesús.

Entonces le tocó la oreja al hombre y lo sanó.

Cuando se fueron los enviados, Jesús comenzó a hablarle a la multitud acerca de Juan: «¿Qué salieron a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento?Si no, ¿qué salieron a ver? ¿A un hombre vestido con ropa fina? Claro que no, pues los que se visten ostentosamente y llevan una vida de lujo están en los palacios reales.Entonces, ¿qué salieron a ver? ¿A un profeta? , les digo, y más que profeta.Este es de quien está escrito:

»"Yo estoy por enviar a mi mensajero delante de ti,

el cual preparará tu camino".

Les digo que entre los mortales no ha habido nadie más grande que Juan; sin embargo, el más pequeño en el reino de Dios es más grande que él».

Al oír esto, todo el pueblo, y hasta los recaudadores de impuestos, reconocieron que el camino de Dios era justo y fueron bautizados con el bautismo de Juan. Pero los fariseos y los expertos en la Ley no se hicieron bautizar por Juan, rechazando así el propósito de Dios respecto a ellos.

Seja o primeiro