20 Hijo mío, presta atención a mis palabras; deja que tu oído se vuelva a mis dichos.
21 No deja que se aparten de tus ojos; mantenlos en lo profundo de tu corazón.
22 Porque ellos son vida para el que los recibe, y fortaleza para toda su carne.
20 Hijo mío, presta atención a mis palabras; deja que tu oído se vuelva a mis dichos.
21 No deja que se aparten de tus ojos; mantenlos en lo profundo de tu corazón.
22 Porque ellos son vida para el que los recibe, y fortaleza para toda su carne.
20 Hijo mío, está atento a mis palabras;
Inclina tu oído a mis razones.
21 No se aparten de tus ojos;
Guárdalas en medio de tu corazón;
22 Porque son vida a los que las hallan,
Y medicina a todo su cuerpo.
20 Hijo mío, presta atención a lo que te digo.
Escucha atentamente mis palabras.
21 No las pierdas de vista.
Déjalas llegar hasta lo profundo de tu corazón,
22 pues traen vida a quienes las encuentran
y dan salud a todo el cuerpo.
20 Hijo mío, atiende a mis consejos;
escucha atentamente lo que digo.
21 No pierdas de vista mis palabras;
guárdalas muy dentro de tu corazón.
22 Ellas dan vida a quienes las hallan;
son la salud de todo el cuerpo.
20 Atiende a mis palabras, hijo mío;
préstales atención.4.20 Véase Pr 1.8 n.
21 Jamás las pierdas de vista,
¡grábatelas en la mente!4.21 ¡Grábatelas en tu mente!: Lit. ¡guárdalas en medio de tu corazón! Acerca del corazón como órgano del que proceden los pensamientos y las decisiones, véase Sal 12.2(3) n.
22 Ellas dan vida y salud
a todo el que las halla.
20 Hijo mío, presta atención a mis palabras;
Inclina tu oído a mis razones.
21 Que no se aparten de tus ojos;
Guárdalas en medio de tu corazón.
22 Porque son vida para los que las hallan,
Y salud para todo su cuerpo.
20 Hijo mío, presta atención a mis palabras,
inclina tu oído a mis razones;
21 que no se aparten de tus ojos,
guárdalas en medio de tu corazón.
22 Porque son vida para los que las hallan,
y salud para todo su cuerpo.
20 Hijo mío, presta atención a mis palabras;
inclina tu oído para escuchar mis razones.
21 No las pierdas de vista;
guárdalas en lo más profundo de tu corazón.
22 Ellas son vida para quienes las hallan;
son la medicina para todo su cuerpo.
20 »Querido jovencito,
escucha bien lo que te digo.
21 Grábate bien mis enseñanzas,
y no te apartes de ellas,
22 pues son una fuente de vida
para quienes las encuentran;
son el remedio para una vida mejor.
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