18 Huyan, pues, de la prostitución. Cualquier otro pecado que una persona comete, no afecta a su cuerpo; pero el que se entrega a la prostitución, peca contra su propio cuerpo. 19 ¿No saben ustedes que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que Dios les ha dado, y que el Espíritu Santo vive en ustedes?6.19 Templo del Espíritu Santo: Véase 1 Co 3.16 n.; cf. 2 Co 6.16. Ustedes no son sus propios dueños, 20 porque Dios los ha comprado.6.20 Dios los ha comprado: 1 Co 7.23; Ap 5.9; véase Ro 3.24 nota. Por eso deben honrar a Dios en el cuerpo.