1 Después de esto, oí las fuertes voces de una gran multitud que decía en el cielo:
«¡Aleluya!
La salvación, la gloria y el poder
son de nuestro Dios,19.1 Ap 7.9-10. ¡Aleluya!: Esta aclamación litúrgica hebrea, que aparece en los Salmos (cf. Sal 104.35, etc.), equivale a «Alabado sea el Señor», y se conservó en otras lenguas como expresión de gozosa alabanza a Dios.
2 porque él juzga rectamente y con verdad;
pues ha condenado a la gran prostituta
que con su prostitución corrompió al mundo;
ha vengado en ella
la muerte de los siervos de Dios.»Dt 32.43.
3 Luego volvieron a decir:
«¡Aleluya!
El humo de ella nunca dejará de subir.»19.3 Ap 14.11; cf. Is 34.10.