1 El ángel me mostró un río limpio, de agua de vida.22.1 Ez 47.1; Zac 14.8; cf. Gn 2.10; Sal 46.4 (5). Cf. también Jn 4.10,14. En la visión de Ezequiel, el río salía del templo; aquí, sale del trono de Dios y del Cordero (véase Ap 21.22 n.). Véase Jn 7.37-38 nota. Era claro como el cristal, y salía del trono de Dios y del Cordero. 2 En medio de la calle principal de la ciudad y a cada lado del río, crecía el árbol de la vida,22.2 El árbol de la vida: Gn 2.9; Ap 2.7. que da fruto cada mes, es decir, doce veces al año; y las hojas del árbol sirven para sanar a las naciones.Ez 47.12.3 Ya no habrá allí nada puesto bajo maldición.22.3 Gn 3.17,22-24. A causa de la maldición del Génesis, al hombre se le había prohibido el acceso al árbol de la vida; en la nueva Jerusalén desaparece la maldición y nuevamente hay acceso a aquél. Cf. Zac 14.11 (gr.); Ro 8.20-21. El trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad, y sus siervos lo adorarán. 4 Lo verán cara a cara,Sal 17.15;Mt 5.8;1~Jn 3.2. y llevarán su nombre en la frente.22.4 Ap 7.3; nótese el contraste con Ap 13.16.5 Allí no habrá noche, y los que allí vivan no necesitarán luz de lámpara ni luz del sol, porque Dios el Señor les dará su luz,22.5 Is 60.19-20; Zac 14.7; Ap 21.23. y ellos reinarán por todos los siglos.Dn 7.18.
Epílogo22.6-21 El libro termina con una serie de declaraciones y exhortaciones sin conexión entre sí, algunas dichas por el ángel (vv. 6,9-11) y otras por Jesús mismo (vv. 7,12-13,16,20), y entrelazadas con observaciones del autor.