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Daniel 6

10 10 (11) Y cuando Daniel supo que el decreto había sido firmado, se fue a su casa, abrió las ventanas de su dormitorio, el cual estaba orientado hacia Jerusalén, y se arrodilló para orar y alabar a Dios. Esto lo hacía tres veces al día, tal como siempre lo había hecho.6.10(11) Nótese la manera de orar de los judíos que se encontraban lejos de Jerusalén: tres veces al día, puestos de rodillas y con la mirada vuelta hacia el templo de Sión (cf. 1 R 8.44,48). La primera de estas oraciones se hacía temprano en la mañana, cuando se ofrecía el sacrificio matutino; la segunda, hacia las tres de la tarde, hora en que se ofrecía el sacrificio vespertino; y la tercera, al atardecer, cuando empezaba a caer el sol. Véase Sal 5.7(8) n. Cf. también Sal 55.17(18).

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