10 Y cuando Daniel supo que el decreto había sido firmado, se fue a su casa, abrió las ventanas de su dormitorio, el cual estaba orientado hacia Jerusalén, y se arrodilló para orar y alabar a Dios. Esto lo hacía tres veces al día, tal como siempre lo había hecho.6.10(11) Nótese la manera de orar de los judíos que se encontraban lejos de Jerusalén: tres veces al día, puestos de rodillas y con la mirada vuelta hacia el templo de Sión (cf. 1 R 8.44,48). La primera de estas oraciones se hacía temprano en la mañana, cuando se ofrecía el sacrificio matutino; la segunda, hacia las tres de la tarde, hora en que se ofrecía el sacrificio vespertino; y la tercera, al atardecer, cuando empezaba a caer el sol. Véase Sal 5.7(8) n. Cf. también Sal 55.17(18).
16 Entonces el rey ordenó que trajeran a Daniel y lo echaran al foso de los leones. Pero antes que se cumpliera la sentencia, el rey le dijo a Daniel:
—¡Que tu Dios, a quien sirves con tanta fidelidad, te salve!
22 Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones6.22(23) Heb 11.33. para que no me hicieran ningún daño, pues Dios sabe que soy inocente y que no he hecho nada malo contra Su Majestad.
23 Entonces el rey se alegró mucho y ordenó que sacaran del foso a Daniel. Cuando lo sacaron, no le encontraron ninguna herida, porque tuvo confianza en su Dios.
27 Él es el salvador y el libertador;
el que hace señales maravillosas
en el cielo y en la tierra.
Él ha salvado a Daniel
de las garras de los leones.»