3 Moisés fue y le contó al pueblo todo lo que el Señor había dicho y ordenado, y todos a una voz contestaron:
—¡Haremos todo lo que el Señor ha ordenado!24.3 El compromiso de fidelidad al Señor, por parte del pueblo, es esencial para la celebración de la alianza (Ex 19.8; Dt 5.27). En este v., el pueblo responde al anuncio hecho por Moisés de viva voz; en el v. 7, a la lectura del libro de la alianza.
4 Entonces Moisés escribió todo lo que el Señor había dicho, y al día siguiente, muy temprano, se levantó y construyó un altar al pie del monte, y colocó doce piedras sagradas, una por cada tribu de Israel.24.4 En el rito de celebración de la alianza, el altar representa al Señor. Las piedras son, simbólicamente, testigos y recuerdo o memorial del pacto allí celebrado. Cf. Gn 31.44-53; Jos 4.7; 24.27.5 Luego mandó a unos jóvenes israelitas que mataran toros y los ofrecieran al Señor como holocaustos y sacrificios de reconciliación. 6 Moisés tomó la mitad de la sangre y la echó en unos tazones, y la otra mitad la roció sobre el altar. 7 Después tomó el libro de la alianza y se lo leyó al pueblo, y ellos dijeron:
—Pondremos toda nuestra atención en hacer lo que el Señor ha ordenado.
8 Entonces Moisés tomó la sangre y, rociándola sobre la gente, dijo:
—Esta es la sangre que confirma la alianza que el Señor ha hecho con ustedes, sobre la base de todas estas palabras.24.8 Cf. Mt 26.28; Mc 14.24; Lc 22.20; 1 Co 11.25; Heb 9.19-20; 10.29. La sangre rociada por partes iguales sobre el altar y sobre el pueblo (Ex 24.6,8) establece un vínculo indisoluble y una comunidad de vida entre el Señor y su pueblo. De este modo, la alianza queda solemnemente establecida.