5 Los habitantes de la ciudad, grandes y pequeños, creyeron en Dios, proclamaron ayuno y se pusieron ropas ásperas en señal de dolor.3.5 Sobre esta actitud de los ninivitas, cf. Mt 12.41; Lc 11.32.6 Cuando la noticia llegó al rey de Nínive, también él se levantó de su trono, se quitó sus vestiduras reales, se puso ropas ásperas y se sentó en el suelo.3.5-6 La repentina conversión de todos los ninivitas contrasta con la actitud de Israel, que muchas veces se había obstinado en su rebeldía a pesar de los insistentes llamados de los profetas. Cf. Is 1.2-3; Jer 36.20-26; Ez 3.4-7.7 Luego, el rey y sus ministros dieron a conocer por toda la ciudad el siguiente decreto: «Que nadie tome ningún alimento. Que tampoco se dé de comer ni de beber al ganado y a los rebaños. 8 Al contrario, vístanse todos con ropas ásperas en señal de dolor, y clamen a Dios con todas sus fuerzas. Deje cada uno su mala conducta y la violencia que ha estado cometiendo hasta ahora;3.7-8 La conversión incluye el ayuno, la penitencia, la oración a Dios y el cambio de conducta. Cf. Jer 25.5; 26.3; 36.7.9 tal vez Dios cambie de parecer y se calme su ira, y así no moriremos.»
10 Dios vio lo que hacía la gente de Nínive y cómo dejaba su mala conducta, y decidió no hacerles el daño que les había anunciado.3.10 Nótese la relación de este v. con la enseñanza contenida en Jer 18.7-8; 26.3: si Dios advierte una señal de arrepentimiento en la ciudad sobre la que pesa una amenaza de castigo, le concede generosamente su perdón (cf. también Ex 32.14; 2 S 24.16; Am 7.3,6).