33 Pero un hombre de Samaria que viajaba por el mismo camino, al verlo, sintió compasión.10.33 Con fina ironía, Jesús pone a un samaritano (véase 9.52-53 n.), a quien los judíos consideraban extranjero y, prácticamente, pagano, como ejemplo de alguien que cumplió con el mandamiento de amar al prójimo.34 Se acercó a él, le curó las heridas con aceite y vino,10.34 Aceite de oliva y vino eran remedios caseros comunes. y le puso vendas. Luego lo subió en su propia cabalgadura, lo llevó a un alojamiento y lo cuidó. 35 Al día siguiente, el samaritano sacó el equivalente al salario de dos días,10.35 El equivalente al salario de dos días: Lit. dos denarios. Véase Tabla de pesas, monedas y medidas. se lo dio al dueño del alojamiento y le dijo: "Cuide a este hombre, y si gasta usted algo más, yo se lo pagaré cuando vuelva." 36 Pues bien, ¿cuál de esos tres te parece que se hizo prójimo10.36 Jesús insinúa que el samaritano no se detuvo a preguntarse si el otro era su prójimo (según la opinión común no lo era), sino que se hizo prójimo del necesitado, dándole su ayuda. del hombre asaltado por los bandidos?
37 El maestro de la ley contestó:
—El que tuvo compasión de él.10.37 Es irónico ver cómo el maestro de la ley, impedido por sus tradiciones para considerar como «prójimo» a uno de Samaria, no se digna contestar directamente con las palabras «el samaritano», pero tampoco puede evadir la respuesta obvia.
Jesús le dijo:
—Pues ve y haz tú lo mismo.