La parábola del padre que recobra a su hijo
11 Jesús contó esto también: «Un hombre tenía dos hijos, 12 y el más joven le dijo a su padre: "Padre, dame la parte de la herencia que me toca." Entonces el padre repartió los bienes entre ellos.15.12 Según la ley mosaica (Dt 21.17), al hijo mayor le correspondía doble parte de la herencia. Aunque los bienes normalmente se repartían después de muerto el padre, en casos especiales éste podía hacer el reparto en vida. Cf. Lc 12.13 n.13 Pocos días después el hijo menor vendió su parte de la propiedad, y con ese dinero15.13 Vendió... dinero: La expresión griega puede traducirse literalmente por lo juntó todo, pero en contextos comerciales significa lo convirtió en efectivo. se fue lejos, a otro país, donde todo lo derrochó llevando una vida desenfrenada. 14 Pero cuando ya se lo había gastado todo, hubo una gran escasez de comida en aquel país, y él comenzó a pasar hambre. 15 Fue a pedir trabajo a un hombre del lugar, que lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. 16 Y tenía ganas de llenarse con las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.15.15-16 Puesto que los cerdos eran animales impuros para los judíos (Lv 11.7-8; Dt 14.8), puede suponerse que el patrón no era judío. El cuidar cerdos era el trabajo más despreciable que un judío pudiera imaginar; más degradante aún sería compartir con ellos la comida (v. 16). Algarrobas: fruto, en forma de vaina, del algarrobo, árbol común en Palestina; estas vainas servían de alimento a los animales, y la gente sin recursos también las comía en casos de necesidad.17 Al fin se puso a pensar: "¡Cuántos trabajadores en la casa de mi padre tienen comida de sobra, mientras yo aquí me muero de hambre! 18 Regresaré a casa de mi padre, y le diré: Padre mío, he pecado contra Dios y contra ti; 19 ya no merezco llamarme tu hijo; trátame como a uno de tus trabajadores." 20 Así que se puso en camino y regresó a la casa de su padre.
»Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió compasión de él. Corrió a su encuentro, y lo recibió con abrazos y besos. 21 El hijo le dijo: "Padre mío, he pecado contra Dios y contra ti; ya no merezco llamarme tu hijo." 22 Pero el padre ordenó a sus criados: "Saquen pronto la mejor ropa y vístanlo; pónganle también un anillo en el dedo y sandalias en los pies.15.22 El padre le restituye los símbolos de su categoría de hijo: el anillo, signo de autoridad, y las sandalias, signo de hombre libre (los esclavos andaban descalzos).23 Traigan el becerro más gordo y mátenlo. ¡Vamos a celebrar esto con un banquete! 24 Porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a vivir; se había perdido y lo hemos encontrado." Comenzaron la fiesta.
25 »Entre tanto, el hijo mayor15.25-32 Al concluir la parábola con la actitud del hijo mayor, Jesús pone de relieve la actitud de los fariseos y maestros de la ley, a la cual responde con estas parábolas (véase 15.1-7 n.). estaba en el campo. Cuando regresó y llegó cerca de la casa, oyó la música y el baile. 26 Entonces llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba. 27 El criado le dijo: "Es que su hermano ha vuelto; y su padre ha mandado matar el becerro más gordo, porque lo recobró sano y salvo." 28 Pero tanto se enojó el hermano mayor, que no quería entrar, así que su padre tuvo que salir a rogarle que lo hiciera. 29 Le dijo a su padre: "Tú sabes cuántos años te he servido, sin desobedecerte nunca, y jamás me has dado ni siquiera un cabrito para tener una comida con mis amigos. 30 En cambio, ahora llega este hijo tuyo, que ha malgastado tu dinero con prostitutas, y matas para él el becerro más gordo."
31 »El padre le contestó: "Hijo mío, tú siempre estás conmigo, y todo lo que tengo es tuyo. 32 Pero había que celebrar esto con un banquete y alegrarnos, porque tu hermano, que estaba muerto, ha vuelto a vivir; se había perdido y lo hemos encontrado."»15.32 Alegrarnos... perdido... encontrado: los mismos términos de los vv. 6 y 9, pero dirigidos ahora al hijo mayor y aplicados, con fina ironía, a los mismos dirigentes religiosos que se jactaban de haberse conservado fieles a la ley de Dios (cf. v. 31).