La parábola de la viuda y el juez
1 Jesús les contó una parábola para enseñarles que debían orar siempre, sin desanimarse.18.1 Cf. Lc 11.5-8; ambas parábolas muestran el interés especial de Lc en el tema de la oración (Lc 3.21 n.). En cuanto a orar siempre, cf. Lc 21.36.2 Les dijo: «Había en un pueblo un juez que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. 3 En el mismo pueblo había también una viuda que tenía un pleito y que fue al juez a pedirle justicia18.3,6 La viuda pedía justicia, es decir, que se atendiera su caso como era debido; el juez es llamado malo (o injusto) por no haber querido atenderla. contra su adversario. 4 Durante mucho tiempo el juez no quiso atenderla, pero después pensó: "Aunque ni temo a Dios ni respeto a los hombres, 5 sin embargo, como esta viuda no deja de molestarme, la voy a defender, para que no siga viniendo y acabe con mi paciencia."»18.5 Acabe con mi paciencia: otra posible traducción: me desacredite.
6 Y el Señor añadió: «Esto es lo que dijo el juez malo. 7 Pues bien, ¿acaso Dios no defenderá también a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Los hará esperar?18.7 Cf. Eclo 35.17-19.Día y noche? ¿Los hará esperar?: otra posible traducción: día y noche, mientras tenga paciencia con ellos?8 Les digo que los defenderá sin demora. Pero cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará todavía fe en la tierra?»