24 Jesús dijo:
—Dios me ha enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.15.24 Cf. Mt 10.5-6.
25 Pero la mujer fue a arrodillarse delante de él, diciendo:
—¡Señor, ayúdame!
26 Jesús le contestó:
—No está bien quitarles el pan a los hijos y dárselo a los perros.15.26 Los judíos llamaban «perros» a los no judíos; Jesús parece emplear aquí el término con sutil ironía, en vista de la actitud de los discípulos (v. 23), pero no como rechazo total de la súplica de la mujer, que se anima a seguir insistiendo (v. 27), y a la que finalmente le concede lo que pide (v. 28).
27 Ella le dijo:
—Sí, Señor; pero hasta los perros comen las migajas que caen de la mesa de sus amos.
28 Entonces le dijo Jesús:
—¡Mujer, qué grande es tu fe! Hágase como quieres.
Y desde ese mismo momento su hija quedó sana.