La pregunta sobre la resurrección
23 Aquel mismo día, algunos saduceos fueron a ver a Jesús. Alegaban que no hay resurrección de los muertos,22.23 Los fariseos creían en la resurrección de los muertos, pero no así los saduceos (véase Introducción al NT [27-28]). Éstos se apegaban sólo al Pentateuco, del cual, precisamente, Jesús cita un texto en su respuesta (v. 32). Cf. Hch 4.1-2; 23.8. así que le presentaron este caso:
24 —Maestro, Moisés dijo que si alguien muere sin dejar hijos, su hermano deberá tomar por esposa a la viuda, para darle hijos al hermano que murió.22.24 Se refiere a la «ley del levirato», por la cual, si un hombre moría sin dejar hijos, su hermano o pariente más cercano debía casarse con la viuda y tener con ella descendencia, que sería contada como si fuera del difunto. Cf. Dt 25.5-10.25 Pues bien, aquí, entre nosotros, había una vez siete hermanos. El primero se casó, y murió. Como no tuvo hijos, dejó su viuda al segundo hermano. 26 Lo mismo le pasó al segundo, y después al tercero, y así hasta el séptimo hermano. 27 Después de todos murió también la mujer. 28 Pues bien, en la resurrección, ¿de cuál de los siete hermanos será esposa esta mujer, si todos estuvieron casados con ella?
29 Jesús les contestó:
—¡Qué equivocados están, por no conocer las Escrituras ni el poder de Dios! 30 Cuando los muertos resuciten, los hombres y las mujeres no se casarán, pues serán como los ángeles que están en el cielo. 31 Y en cuanto a que los muertos resucitan, ¿no han leído ustedes que Dios mismo dijo: 32 "Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob"? ¡Y él no es Dios de muertos, sino de vivos!22.31-32 Jesús cita Ex 3.6, interpretándolo en el sentido de que el Dios viviente no puede ser Dios de muertos y, por tanto, si él es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, éstos deben de estar todavía «vivos» y han de resucitar.
33 Al oír esto, la gente se quedó admirada de las enseñanzas de Jesús.