39 »¡Vean ahora que yo soy único!
No hay otro dios fuera de mí.
Yo doy la muerte y devuelvo la vida,
causo heridas y doy sanidad.
Nadie puede librarse de mi mano.
40 Alzo la mano al cielo y solemnemente juro:
tan cierto como que vivo para siempre,
41 cuando afile mi espada reluciente
y en el día del juicio la tome en mis manos,
me vengaré de mis adversarios;
¡les daré su merecido a los que me odian!
42 Mis flechas se embriagarán de sangre
y mi espada se hartará de carne:
sangre de heridos y de cautivos,
cabezas de líderes enemigos».