10 Entonces ella oró y lloró al Señor con mucha amargura,
11 y le hizo una promesa. Le dijo:
«Señor de los ejércitos, si te dignas mirar la tristeza de esta sierva tuya, y te acuerdas de mí y me das un hijo varón, yo te lo dedicaré, Señor, para toda su vida. Yo te prometo que jamás la navaja rozará su cabeza.»Nm 6.5.
12 Y mientras ella oraba largamente delante del Señor, Elí la observaba mover los labios.
13 Y es que Ana le hablaba al Señor desde lo más profundo de su ser, y sus labios se movían pero no se oía su voz, así que Elí creyó que estaba ebria.
14 Entonces le dijo:
«¿Hasta cuándo vas a estar ebria? Digiere ya tu vino.»
15 Pero Ana le respondió:
«No, señor mío; no estoy ebria. No he bebido vino ni sidra. Lo que pasa es que estoy muy desanimada, y vine a desahogarme delante del Señor.
16 No pienses que tu sierva es una mujer perversa. Es tan grande mi angustia y mi tristeza, que hasta ahora he estado hablando.»
17 Elí le respondió:
«Vete en paz, y que el Dios de Israel te conceda lo que le has pedido.»
18 Y ella respondió:
«Espero que veas con buenos ojos a esta sierva tuya.»
Y Ana se fue de allí, y comió, y dejó de estar triste.
19 Por la mañana, adoraron delante del Señor y regresaron todos a su casa en Ramá. Allí, Elcana tuvo relaciones con Ana, y el Señor se acordó de lo que ella le había pedido.
20 Ana quedó embarazada y, cuando se cumplió el tiempo, dio a luz un hijo, al que le puso por nombre Samuel, pues dijo: «Yo se lo pedí al Señor.»