6 Dicho esto, los gobernadores y los sátrapas se presentaron juntos ante el rey, y le dijeron:
«¡Que viva para siempre Su Majestad, el rey Darío!
7 Todos los gobernadores, magistrados, sátrapas, príncipes y capitanes del reino han acordado por unanimidad pedir a Su Majestad que promulgue un edicto real, y que lo confirme, ordenando que cualquiera que en los treinta días siguientes demande el favor de cualquier dios o persona que no sea Su Majestad, sea lanzado a la cueva de los leones.
8 Tenga a bien Su Majestad confirmar este edicto, y firmarlo, para que conforme a la ley de Media y de Persia, no pueda ser anulado.»
9 El rey firmó el edicto y la prohibición.