33 Cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, lo crucificaron allí, lo mismo que a los criminales, uno a la derecha de Jesús y otro a su izquierda.
46 En ese momento Jesús clamó a gran voz, y dijo: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.»Sal 31.5. Y después de haber dicho esto, expiró.