David, rey de Israel y Judá
1 Más tarde, todas las tribus de Israel fueron a Hebrón para hablar con David, y le dijeron: «Nosotros somos de tu misma sangre,5.1 De tu misma sangre: Lit. nosotros somos tu hueso y tu carne. Esta expresión sugiere la idea de una solidaridad muy estrecha, como la que une a los miembros de una misma familia, de una misma tribu o de un mismo pueblo. Cf. Gn 2.23; Jue 9.2-3.2 y en realidad, aunque Saúl era nuestro rey, tú eras el que verdaderamente dirigía a Israel en sus campañas. Además, el Señor te ha prometido5.2 La mención de las promesas divinas en favor de David aparece reiteradamente en los libros de Samuel (1 S 13.13-14; 25.30; 2 S 3.9,18; 7.17-29). que tú serás quien dirija y gobierne a Israel.»
3 De esta manera, todos los ancianos de Israel5.3 Ancianos de Israel: Véase 1 S 8.4 n. fueron y hablaron con el rey David en Hebrón, y él hizo un pacto con ellos,5.3 Hizo un pacto con ellos: En virtud de este pacto, David, que ya había sido proclamado rey de Judá (véase 2 S 2.4 nota), pasaba a ser también rey de Israel. El acuerdo implicaba obviamente determinadas obligaciones de una y otra parte, además del compromiso de observarlas fielmente. poniendo al Señor por testigo. Entonces ellos consagraron5.3 Consagraron: Lit. ungieron. Véanse 1 S 10.1 nota; 2 S 1.14 n. a David como rey de Israel.