1 ¡Jerusalén, quítate tu ropa de luto y aflicción,
y vístete de gala con el esplendor eterno que Dios te da!
2 Vístete la túnica de la victoria de Dios,
y ponte en la cabeza la corona de gloria del Eterno.5.1-2 Is 52.1; 61.10; Ap 21.2.
3 Dios mostrará en toda la tierra tu esplendor,
4 pues el nombre eterno que Dios te dará es:
«Paz en la justicia y gloria en el servicio a Dios.»5.4 Is 1.26. El nuevo nombre de Jerusalén expresa la nueva realidad que Dios va a crear: la paz será el fruto de la justicia y la verdadera gloria estará fundada en los valores religiosos.
5 ¡Levántate, Jerusalén, colócate en lugar alto,
mira hacia el oriente y verás
cómo vienen tus hijos de oriente y occidente,
reunidos por orden del Dios santo,
alegres al ver que Dios se acordó de ellos!5.5 Cf. Is 43.5; 60.4; Bar 4.37.
6 Cuando se alejaron de ti, iban a pie,
llevados por sus enemigos;
pero Dios te los traerá gloriosamente,
como reyes en su trono.5.6 Cf. Is 49.22; 60.4; 66.20.
7 Dios ha ordenado que se aplanen
los altos montes y las colinas eternas,
que las cañadas se rellenen
y la tierra quede plana,
para que Israel pase por ellos tranquilamente,
guiado por la gloria de Dios.Is 40.4-5;Lc 3.4-6.
8 Los bosques y todos los árboles olorosos
darán sombra a Israel por orden de Dios,
9 porque él guiará a Israel con alegría,
a la luz de su gloria,
y le mostrará su amor y su justicia.