13 Y encontré que es más provechosa la sabiduría que la necedad, así como es más provechosa la luz que la oscuridad.
14 El sabio usa bien los ojos, pero el necio anda a oscuras.2.14 Eclesiastés pone muy bien de relieve las limitaciones de la sabiduría humana (véase Ec 1.18 n., y cf. 8.16-17), pero no por eso la desprecia o la considera desprovista de valor. Al contrario, afirma que ella da al sabio una fuerza superior a las armas de guerra (9.18), hace que él tenga los ojos bien abiertos (2.14), da brillo a su rostro, suaviza la dureza de su semblante (8.1) y le atrae el aprecio de los demás (10.12). Pero también reconoce que el sabio, si es pobre, no suele ser escuchado (9.16), y recomienda buscar la sabiduría con la debida moderación (7.16; cf. 12.11-12). Sin embargo, me di cuenta de que a todos les espera lo mismo,2.14 El hecho de que el sabio y el necio tengan un mismo fin se interpreta de manera distinta aquí y en Sal 49.10(11). Lo que para el salmista era motivo de consuelo resulta decepcionante para el Eclesiastés. Cf. Ec 9.10.15 y me dije: «Lo que le espera al necio también me espera a mí, así que de nada me sirve tanta sabiduría. ¡Hasta eso es vana ilusión! 16 Porque nunca nadie se acordará ni del sabio ni del necio; con el correr del tiempo todo se olvida, y sabios y necios mueren por igual.»