30 Al día siguiente, Moisés dijo a la gente:
—Ustedes han cometido un gran pecado. Ahora voy a tener que subir a donde está el Señor, a ver si consigo que los perdone.
31 Y así Moisés volvió a donde estaba el Señor, y le dijo:
—Realmente el pueblo cometió un gran pecado al hacerse un dios de oro. 32 Yo te ruego que los perdones; pero si no los perdonas, ¡borra mi nombre del libro que has escrito!32.31-32 Véase 32.9-14 n. El libro que has escrito: alusión a la costumbre de anotar en un registro los nombres de los ciudadanos de una ciudad o de un país (Ez 13.9; cf. 2 S 24.2-9; Jer 22.30). De acuerdo con esta analogía, aquí se atribuye a Dios un libro en el que están escritos los nombres de las personas vivas. Ser borrado de ese libro era lo mismo que morir; de ahí el nombre de libro de la vida (Sal 69.28[29]; Ap 3.5). Véanse Sal 56.8(9) nota; 139.16 n.
33 Pero el Señor le contestó:
—Solo borraré de mi libro al que peque contra mí. 34 Así que, anda, lleva al pueblo al lugar que te dije. Mi ángel te guiará.32.34 Mi ángel te guiará: Aquí vuelve a repetirse la promesa de Ex 23.20. Pero el pecado del pueblo y la ruptura del pacto (cf. v. 19) han modificado radicalmente la relación del Señor con Israel (cf. v. 10). Por eso, el ángel o mensajero ya no será el signo de la presencia especial del Señor entre los israelitas (cf. Ex 33.3), sino que pondrá una cierta distancia entre ambos. Una presencia del Señor demasiado cercana terminaría, en efecto, por destruir al pueblo pecador (Ex 33.5). Y cuando llegue el día del castigo, yo los castigaré por su pecado.