La libertad cristiana
1 Cristo nos dio libertad para que seamos libres. Por lo tanto, manténganse ustedes firmes en esa libertad y no se sometan otra vez al yugo de la esclavitud.5.1 Cf. Jn 8.32-36. Yugo: figura de la sujeción (Hch 15.10; véase Mt 11.28-30 n.).
2 Escúchenme. Yo, Pablo, les digo que si ustedes se someten al rito de la circuncisión, Cristo no les servirá de nada. 3 Quiero repetirle a cualquier hombre que se circuncida, que está obligado a cumplir toda la ley.5.2-4 Aceptar la circuncisión (véase Índice temático) como requisito para la salvación (véase Gl 1.6-9 n.) llevaba lógicamente a aceptar todas las obligaciones de la ley, lo cual dejaba sin valor la fe en Cristo y era un menosprecio de la generosidad o gracia de Dios (Gl 2.21).4 Ustedes, los que quieren ser reconocidos como justos por cumplir la ley, se han apartado de Cristo; han rechazado la generosidad de Dios. 5 Pero nosotros, por medio del Espíritu tenemos la esperanza de alcanzar la justicia basados en la fe.5.5 Cf. Gl 2.16.6 Porque gracias a Cristo Jesús, ya no cuenta para nada estar o no circuncidados.5.6 1 Co 7.19; Gl 6.15. Lo que cuenta es la fe, una fe activa por medio del amor.5.6 La fe, según Pablo, no es sólo una serie de conocimientos o un simple sentimiento, sino que, además de ser obediencia (Ro 1.5; 6.16), es activa por medio del amor. Véase también Stg 2.14 n.