5 Pero el Señor bajó a ver la ciudad y la torre que los hombres estaban construyendo, 6 y pensó: «Ellos son un solo pueblo y hablan un solo idioma; por eso han comenzado este trabajo, y ahora por nada del mundo van a dejar de hacerlo. 7 Es mejor que bajemos a confundir su idioma, para que no se entiendan entre ellos.»
8 Así fue como el Señor los dispersó por toda la tierra, y ellos dejaron de construir la ciudad. 9 En ese lugar el Señor confundió el idioma de todos los habitantes de la tierra, y de allí los dispersó por todo el mundo. Por eso la ciudad se llamó Babel.11.9 Babel: es decir, Babilonia. La tradición babilónica atribuía al nombre de esta ciudad el significado de Puerta de Dios o Puerta de los dioses. El relato bíblico, no sin ironía, lo asocia, en cambio, con el verbo hebreo balal, que significa confundir. Según Hch 2.8-11, con el derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés comienza la reunificación de la humanidad dispersada en Babel.