Eficacia del sacrificio de Cristo
11 Pero Cristo ya vino, y ahora él es el Sumo sacerdote de los bienes definitivos. El santuario donde él actúa como sacerdote es mejor y más perfecto, y no ha sido hecho por los hombres; es decir, no es de esta creación. 12 Cristo ha entrado en el santuario, ya no para ofrecer la sangre de chivos y becerros, sino su propia sangre; ha entrado una sola vez y para siempre, y ha obtenido para nosotros la liberación eterna. 13 Es verdad que la sangre de los toros y chivos,Lv 16.15-16. y las cenizas de la becerra que se quema en el altar, las cuales son rociadas sobre los que están impuros,Nm 19.9,17-19. tienen poder para consagrarlos y purificarlos por fuera. 14 Pero si esto es así, ¡cuánto más poder tendrá la sangre de Cristo! Pues por medio del Espíritu eterno, Cristo se ofreció a sí mismo a Dios como sacrificio sin mancha,9.14 Sin mancha: Nm 28.3; 1 P 1.18-19. y su sangre limpia9.14 Su sangre limpia: 1 Jn 1.7; Ap 1.5; 7.14. nuestra conciencia de las obras que llevan a la muerte, para que podamos servir al Dios viviente.