Parábola del buen samaritano
25 Un maestro de la ley fue a hablar con Jesús,10.25-28 Cf. Mt 19.16,19 y paralelos; cf. también Mt 22.34-40; Mc 12.28-34. y para ponerlo a prueba le preguntó:
—Maestro, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?
29 Pero el maestro de la ley, queriendo justificar su pregunta, dijo a Jesús:
—¿Y quién es mi prójimo?10.29 Según Lv 19.18,33-34, el deber de amar al prójimo se extendía a los israelitas y a los extranjeros establecidos en Israel.
36 Pues bien, ¿cuál de esos tres te parece que se hizo prójimo10.36 Jesús insinúa que el samaritano no se detuvo a preguntarse si el otro era su prójimo (según la opinión común no lo era), sino que se hizo prójimo del necesitado, dándole su ayuda. del hombre asaltado por los bandidos?
37 El maestro de la ley contestó:
—El que tuvo compasión de él.10.37 Es irónico ver cómo el maestro de la ley, impedido por sus tradiciones para considerar como «prójimo» a uno de Samaria, no se digna contestar directamente con las palabras «el samaritano», pero tampoco puede evadir la respuesta obvia.
Jesús le dijo:
—Pues ve y haz tú lo mismo.