5 pues me viene a la memoria la fe sincera que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madreHch 16.1. Eunice, y estoy seguro de que habita en ti también.
6 Por eso te aconsejo que avives el fuego del don de Dios, que por la imposición de mis manos está en ti.
7 Porque no nos ha dado Dios un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.