4 Luego él se fue hacia el desierto, y caminó durante un día, hasta que finalmente se sentó bajo una retama.19.4 La retama es el arbusto de mayor tamaño en las regiones desérticas de Palestina y Arabia; ofrece una sombra muy apreciada por los viajeros (cf. Job 30.4; Sal 120.4). Era tal su deseo de morirse, que dijo: «¡Basta ya, Señor! ¡Quítame la vida, pues yo no soy mejor que mis padres!»19.4 Cf. Nm 11.14; Job 7.15; Jon 4.3,8; Tb 3.6.
5 Y se acostó allí, bajo la retama, y se quedó dormido. Pero un ángel llegó, y tocándolo le dijo: «Levántate y come.»
6 Elías miró a su alrededor, y vio que cerca de su cabecera había una torta cocida sobre las brasas y una jarra de agua. Entonces se levantó, y comió y bebió; después se volvió a acostar. 7 Pero el ángel del Señor vino por segunda vez, y tocándolo le dijo: «Levántate y come, porque si no el viaje sería demasiado largo para ti.»
8 Elías se levantó, y comió y bebió. Y aquella comida le dio fuerzas para caminar cuarenta días y cuarenta noches hasta llegar a Horeb, el monte de Dios.19.8 Horeb: más conocido como Sinaí. Véase Ex 3.1 n. Elías va hacia el monte de Dios, donde el Señor se había revelado a Moisés y había establecido alianza con Israel. Este retorno a los orígenes manifiesta su propósito de restaurar la fe de Israel en toda su pureza.