27 Estando ya por terminar los siete días, unos judíos de la provincia de Asia vieron a Pablo en el templo y alborotaron a la gente. Se lanzaron contra Pablo, 28 gritando: «¡Israelitas, ayúdennos! Este es el hombre que anda por todas partes enseñando a la gente cosas que van contra nuestro pueblo, contra la ley de Moisés y contra este templo. Además, ahora ha metido en el templo a unos griegos,21.28 Los no judíos tenían acceso al atrio exterior del templo, pero había una barrera con letreros en griego y latín para advertirles que no podían entrar al templo mismo, so pena de muerte. Respecto a la acusación de enseñar contra el templo, cf. las acusaciones contra Esteban (Hch 6.11-14) y contra Jesús mismo (Mt 26.61; Mc 14.58). profanando este Lugar santo.»
29 Decían esto porque antes lo habían visto en la ciudad con Trófimo21.29 Trófimo: Hch 20.4. de Éfeso, y pensaban que Pablo lo había llevado al templo.
30 Toda la ciudad se alborotó, y la gente llegó corriendo. Agarraron a Pablo y lo arrastraron fuera del templo, cerrando inmediatamente las puertas. 31 Estaban a punto de matarlo, cuando al comandante del batallón romano21.31 Se trata de Claudio Lisias (Hch 23.26), comandante del batallón romano, acuartelado en la Fortaleza Antonia, la cual se comunicaba por gradas directamente con el área del templo (v. 35). le llegó la noticia de que toda la ciudad de Jerusalén se había alborotado. 32 El comandante reunió a sus soldados y oficiales, y fue corriendo a donde estaba la gente. Cuando vieron al comandante y a los soldados, dejaron de golpear a Pablo.